Brujería
Naturaleza e historia

Padre Jordi Rivero

Es difícil distinguir claramente entre brujería, hechicería y magia… Estas prácticas utilizan medios ocultos (fuera de la revelación dada por Dios) para producir efectos mas allá de los poderes naturales del hombre. La brujería se adapta a los tiempos modernos y abunda aun en los libros populares para niños.

Nos escriben: “La brujería no es mala. En ella realmente no hay dioses o demonios ya que esos son solo conceptos de la religión católica aplicados a la brujería. Además, la brujería no tiene nada que ver con el satanismo. Cuando se confunde con este es generalmente por dos razones:

1 El satanismo utiliza, aunque invertido, el pentagrama de la brujería, para sacrificios humanos y de animales. En la brujería este pentagrama solo significa el equilibrio entre el agua, el fuego, la tierra, el aire y el espíritu del ser humano.
2 En la antigüedad se llamaron brujas o brujos a todos aquellos que renegaban de la fe Católica.

Simplemente son creencias de cada quien y respeto su opinión.

RESPUESTA:
Padre Jordi Rivero

Es una grave mal intentar imponer la fe. Los católicos, como todos, han sido culpables de ese mal. El Papa hizo bien en pedir perdón por ello. Pero en la actualidad se cae con frecuencia en el extremo opuesto: el relativismo. Se quiere pensar que nada es bueno ni malo sino que todo depende de la opinión de cada cual. Esta posición evita discusiones pero evita también la posibilidad de crecer en el conocimiento de la verdad. ¿Es lo mismo creer en Dios que no creer?, ¿La verdad, importa?

Si no creen en el diablo como lo conoce la revelación cristiana no por eso dejan los brujos de recurrir a el. La brujería implica un pacto o por lo menos una búsqueda de la intervención de esos espíritus. El ser brujo o bruja se obtiene por vínculos satánicos en los que se entra por una “dedicación”, muchas veces dentro de la familia.

El rechazo a la brujería no comienza con la Iglesia Católica. Como podrá ver en este artículo, la condena ya existía en el Antiguo Testamento. También el Imperio Romano penalizaba ciertas actividades de la brujería con la pena de muerte.

La brujería implica la creencia en una realidad invisible a la que el practicante queda atado. Las Sagradas Escrituras y los Padres enseñan que se trata de una entidad diabólica (Dt 18,12). Con frecuencia he orado por personas que han sido víctimas de “trabajos” de brujería.

¿Por qué se recurre a la brujería?

La ayuda que ofrece la brujería se busca por diferentes razones. Las principales son: Para hacer daño a quien se odia; para atraerse la pasión amorosa de alguien; para invocar a los muertos; para suscitar calamidades o impotencia contra enemigos, rivales u opresores reales o imaginarios; para resolver un problema el cual se ha convertido en obsesión y ya no importa por que medio se resuelve.

Prácticas de los Brujos

La brujería data desde los tiempos de la antigua Mesopotamia y Egipto. Así lo demuestra la Biblia como también otros antiguos escritos como el Código de Hammurabi (2000 a.C.).

No todos los brujos siguen las mismas prácticas, pero las siguientes son muy comunes entre ellos en la era cristiana. El brujo hace un pacto con el demonio, adjura a Cristo y los Sacramentos, tienen ritos diabólicos en los que hacen una parodia de la Santa Misa o de los oficios de la Iglesia y adoran al Príncipe de las Tinieblas y participan en aquelarres (reuniones de brujos donde hacen sus maledicencias). La brujería está relacionada con el satanismo.

Tanto en la brujería como en la magia se encuentran estos elementos:

1-La realización de rituales o de gestos simbólicos.
2- El uso de sustancias y objetos materiales que tienen significado simbólico.
3- Pronunciamiento de un hechizo .
4- Una condición prescrita del que efectúa el rito.

La brujería consta de rituales para hacer sus hechizos (ejercer un maleficio o atadura sobre alguien), algunos de los cuales requieren hierbas particulares. También hay palabras de conjuro o hechizo que pueden ser escritas para obtener un mayor poder. Quién realiza el rito debe desear su propósito con todas sus fuerzas para obtener mayores efectos y algunas veces debe ayunar por 24 horas antes de realizar el rito para purificar el cuerpo.

¿Es real el poder de la brujería?

Puede ser real, pero en muchos casos puede ser también sugestión de la mente, es decir pura mentira. En ambos casos está actuando el demonio, príncipe de la mentira.

La Biblia, la enseñanza de los Padres de la Iglesia y la tradición no dejan lugar a dudas sobre el hecho que los seres humanos tienen la libertad para pactar con el diablo el cual tiene influencia en la tierra y en las actividades humanas. Por otro lado algunos Padres como San Jerónimo, pensaban que en muchos casos la brujería es sugestión de la mente.

La Biblia condena la brujería y la hechicería, no como falsas o fraudulentas, sino por ser una abominación: “A la hechicera no la dejarás con vida” (Exodo 22,18; Ver también Deuteronomio 18,11-12). La narrativa de la visita del rey Saúl a la hechicera de Endor (I Reyes 28) demuestra que su evocación de Samuel fue real y tuvo efecto. En Levítico 20,27 se lee: “El hombre o la mujer en que haya espíritu de nigromante o adivino, morirá sin remedio: los lapidarán. Caerá su sangre sobre ellos”. Está claro que en estos casos se trata de un espíritu adivino.

El Pueblo de Israel, en muchas ocasiones, se tornó a la práctica de la adivinación y a la consulta de brujos, yendo así en contra de los mandatos de Dios. (Ez 13:18-19; 2 Cron 33:6; Jer 27:9…).

El Antiguo Testamento muestra claramente como los Israelitas y sus vecinos paganos estaban conscientes de la brujería y la magia. En el libro de Éxodo 7:11 leemos que el Faraón: “llamó a todos los sabios y adivinos. Y ellos también, los magos de Egipto, hicieron las mismas cosas (que Moisés) por medio de sus artes secretas”.

El Primer Mandamiento condena la brujería, la magia y todo tipo de adivinación: “Yo Soy el señor tu Dios…no tendrás dioses extraños delante de mi” (Ex 20:2-3).

El Nuevo Testamento igualmente condena la brujería como una realidad perversa: (Gálatas 5,20; 13,6; Apocalipsis 21,8; 22,15). El mago Simón era practicante de la magia pero estaba envidioso de los Apóstoles cuando vio a la gente recibir el Espíritu Santo a través de la imposición de las manos. Ofreció dinero a los Apóstoles para que le enseñaran como hacer esto y Pedro le contestó: “…tú corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete , pues, de esa tu maldad…” (Hechos 8:9-22).

La brujería opera con poder satánico (dado por Satanás). Se trata de los poderes que oprimen a los hombres y que Jesucristo confrontó hasta morir y resucitar para librarnos de ellos. Su victoria no nos evita la lucha contra el maligno sino que nos da la fuerza para vencerlo si tenemos fe.

Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Efesios 6:12

Debemos evitar tanto el exagerar como el minimizar el poder de Satanás. En una guerra es esencial conocer las fuerzas contrarias y saber como vencerlas. Satanás tiene poder para tentar y asediar a los fieles, pero su poder no es comparable al de Dios Todopoderoso. Satanás puede causar persecuciones y hasta el martirio de los fieles. La victoria de los santos no está en vivir sin pruebas sino en vencerlas manteniéndose fieles a Dios.

El demonio existe y entra en relación con aquellos que lo buscan. Como recompensa a quién le ofrece culto, el demonio otorga poderes preternaturales para obtener poder, fama, dinero, influencia, es decir las cosas que desea la carne. Por medio de la brujería se puede llegar a lograr el éxito en el mundo profesional ya sea como artista, profesional, militar, político, etc. Estas personas pueden parecer muy atractivas y tener un gran don de ganarse a la gente hasta el punto de atraer grandes multitudes y convertirse en dioses para sus admiradores los cuales son capaces de hacer hasta lo irrazonable por sus ellos. Los poderes del mal pueden cegar las mentes y fanatizarlas portentosamente. La brujería no es mera superstición. El demonio ciertamente arrastra hacia su reino del mal a los que se involucran en ella y a sus aduladores. Si no hay arrepentimiento y conversión, el final será el infierno.

Qué hacer contra las brujerías

Al enterarse de que alguien le está haciendo un “trabajo” de brujería, muchas personas tienen miedo. Esto es lo que el quiere ya que por el miedo puede dominarnos. Debemos recordar que el demonio nada puede contra los que son fieles a Dios. Nuestro Padre Celestial es Todopoderoso y nos ama. El demonio sólo puede con aquellos que no confían en Dios y por falta de fe están espiritualmente débiles o muertos. Son como pollitos que se han alejado de la protección de la gallina y se exponen al gavilán. Por eso Jesús nos dice:

¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! Mateo 23:37

Quién está amenazado por brujerías que recurra al Señor por protección y no tema. Debe poner en Dios toda su confianza y practicar su fe, no por miedo a la brujería sino por convicción: acercarse a los sacramentos, la oración personal y pedir a los hermanos que oren por él. La gracia del Señor jamás faltará a quién la busque.

Jamás debemos ir a otro brujo para “defendernos”. Eso sería caer en la trampa del demonio haciendo lo que él quiere: que desconfiemos de Dios para que recurramos a él.

Muchas veces las personas recurren a la brujería en momentos de desesperación, cuando creen que es el último recurso que les queda. En esos momento vulnerables alguien les ofrece la brujería como una solución fácil. Como católicos jamás recurrimos a ningún medio espiritual fuera de Dios. Cuando pedimos la intercesión de los santos, por ejemplo, no buscamos una vía alterna sino que buscamos su ayuda tan solo y precisamente para mantenernos fieles al Señor como ellos lo hicieron. Hay dos familias: la de Dios y la del demonio. Cada uno recurre a los miembros de la suya. Pidamos a Dios que prefiramos morir antes de buscar algo del demonio.

Fantasías en torno a la brujería

Aunque es cierto que en la brujería hay acción diabólica, la gente ignorante y supersticiosa ha creado muchísimas fábulas y supersticiones: Brujas que vuelan sobre una escoba, encantaciones que transforman a la víctima en un sapo… Estas fantasías no son causadas por la religión, sino al contrario, ocurren por faltar la auténtica fe.

En el trabajo “De ecclesiasticis disciplinis” atribuido a Regino de Prum (906 d.C.), en la sección 364, critica a “ciertas mujeres” que “seducidas por ilusiones y fantasmas de demonios, creen y abiertamente profesan que en plena noche ellas viajan sobre ciertas bestias junto con la diosa pagana Diana y una cantidad innumerable de mujeres, y que en estas horas de silencio vuelan sobre vastas expansiones de terreno y la obedecen como señora…” Regio se lamenta que ellas llevan a esas fantasías y por lo tanto al paganismo a mucha gente (innumera multitudo). Concluye que es “el deber de los sacerdotes enseñar a la gente que estas cosas son absolutamente falsas… implantadas por el maligno”

Falsas acusaciones y crueldades contra presuntos brujos y brujas.

Lamentablemente no siempre se siguió el consejo de Regino de Prum. La brujería se convirtió en escape para culpar de cualquier cosa, hasta desastres naturales y epidemias. Pero existieron otras razones, entre ellas el poder y el interés de crear causa contra enemigos. El resultado fue la persecución y “caza de brujas” en el que se enjuiciaron y condenaron a muerte injustamente a muchas personas, casi siempre las más indefensas. Quizás el caso más famoso es el de Santa Juana de Arco quién, acusada de bruja, murió quemada. Nos sirve para elucidar los intereses de poder, venganza y maldad que daban lugar a las persecuciones de brujas.

La persecución de las brujas comienza con el poder secular. El Imperio Romano, en el siglo III, castigaba con la pena de la hoguera a los que causaran la muerte de alguien con sus encantamientos (Julius Paulus, “Sent.”, V, 23, 17). En el siglo IV, la legislación eclesiástica quiso atenuar la severidad del estado.

El Concilio de Elvira (306), Canon 6, rehusó el Viáticum a aquellos que matasen con una encantación (per maleficium) y añade que la razón por tal crimen no podía efectuarse “sin idolatría”; ya que el culto al demonio es idolatría. El canon xxiv del Concilio de Ancyra (314) impone cinco años de penitencia a los que consulten magos. Penas similares fueron establecidas por el concilio oriental en Trullo (692).

En los primeros trece siglos de la era cristiana no se dieron por lo general las crueles persecuciones y cazas de hechiceros que aparecieron más tarde. Mientras el estado permitía la tortura contra los hechiceros, el Papa Nicolás I (d.C. 866) la prohibió. Una ordenanza similar aparece en los Decretos Pseudo-Isidoros. Pero la Iglesia no pudo eliminar la tortura y otros abusos que están arraigados en el corazón del hombre. Llevar el nombre de cristiano no es suficiente para comportarse como tal.

En muchas ocasiones el clero habló con autoridad para evitar las acusaciones fanáticas y abusivas. Entre ellos San Agobardo, arzobispo de Lyon (m. 841) quien escribió “Contra insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruis” (contra las necias creencias de la gente sobre el granizo y el rayo) (P.L., CIV, 147). El Papa Gregorio VII en 1080 escribió al Rey Harold de Denmark prohibiendo que las brujas sean sentenciadas a muerte .

La Inquisición

En la segunda mitad del siglo XIII, la recién instituída Inquisición Papal comenzó a ocuparse con cargos de hechicería. Alejandro IV, ordenó (1258) que los inquisidores deben limitar su intervenciones a casos con alguna clara presunción de creencias heréticas (manifeste haeresim saparent). Pero como la brujería, con sus prácticas diabólicas, está muy ligada a la herejía, la persecución de brujas no se evitó.

En Toulouse, cede de la herejía de los Cátaros, fue donde en 1275 se dio el primer caso conocido de una bruja llevada a la hoguera por la sentencia jurídica de un inquisitor (Hugues de Baniol (Cauzons, “La Magic”, II, 217). La mujer, “confesó” haber dado a luz un monstruo, resultado de su relación carnal con espíritus malignos y haberlo alimentado con carne de infantes la cual procuraba en expediciones nocturnas. La posibilidad de relaciones carnales entre seres humanos y demonios era aceptado por algunos grandes teólogos como Santo Tomas y San Buenaventura, sin embargo, en la Iglesia prevalecía el sentir contrario. Un testigo poco amistoso a la Iglesia, Riezler (Hexenprozesse en Bayern, p. 32) reconoce que “entre los representantes oficiales de la Iglesia, esta tendencia más saludable prevaleció hasta los umbrales de la epidemia del juicio de brujas, o sea, hasta avanzado el siglo XVI”. En el Sínodo Provincial de Salzburg de 1569 (Dalham, “Concillia Salisburgensia”, p. 372), hay una fuerte tendencia a prevenir la imposición de la pena de muerte en acusaciones de brujería, insistiendo que estas son ilusiones diabólicas.

Pero no hay duda de que en el siglo XIV algunas constituciones papales de Juan XXII y Benedicto XII (cf. Hansen, “Quellen und Untersuchungen”, pp. 2-15) estimularon mucho el enjuiciamiento por brujería y otras prácticas mágicas por parte de los inquisitores, especialmente en el sur de Francia. En un juicio a gran escala en Toulouse en 1334, de 63 personas acusadas de ofensas de este tipo, 8 fueron entregadas al poder secular para ser quemadas. El resto fueron a prisión de por vida o con largas sentencias. Dos de las condenadas, ambas mujeres mayores, después de ser torturadas, confesaron haber asistido a un aquelarre de brujas, haber allí adorado al demonio y ser culpable de indecencias con él y otras personas presentes y haber comido carne de infantes. (Hansen, “Zauberwahn”, 315; y “Quellen und Untersuchungen”, 451). En 1324 Petronilla de Midia fue quemada en Irlanda por recomendación de Richard, Obispo de Ossory. Durante este período, las cortes seculares acusaban y enjuiciaban por brujería con igual o mayor severidad que los tribunales eclesiásticos. Se usaba la tortura y la hoguera.

No se conoce que enjuiciamientos de este tipo se llevaron a cabo en Alemania por inquisitores papales durante los siglos XIII y XIV. Alrededor del año 1400 encontramos muchos enjuiciamientos de brujas en Berne, Suiza por manos de Pedro de Gruyères, que, a pesar de lo que dice Riezler, era sin lugar a dudas un juez secular (Hansen, “Quellen, etc.”, 91 n.). También jueces seculares en Valais (1428-1434) mataron 200 brujas y en Briancon en 1437 más de 150. Las víctimas de los inquisitores, ej. en Heidelberg en 1447; o Savoya en 1462, parecen no haber sido tan numerosas.

Algunos escritores han pensado que la Bula, “Summis desiderantes affectibus”, del Papa Inocencio VIII (1484) fué responsable por la fiebre contra las brujas. Esto no es cierto ya que las campañas anti-brujas preceden a esta Bula la cual no contiene nada nuevo. Su efecto fue más bien el de ratificar el poder ya conferido a los inquisitores Enrique Institoris y Santiago Sprenger, para tratar con crímenes de brujería y herejía y pedir al Obispo de Strasburg que apoye a los inquisitores. Esta Bula Papal, sin embargo, no pronuncia ninguna decisión dogmática. Quizás el libro “Malleus Maleficarum” (el martillo de las brujas), publicado unos dos años después por los mismos inquisitores, fue el que más incitó al enjuiciamiento de brujas. Pero los enjuiciamientos de brujas en los siglos XVI y XVII fueron en su mayoría hechos por el poder secular.

La Reforma Protestante ante la caza de brujas.

Lutero y Calvino y sus seguidores acentuaron la creencia popular en el poder del demonio en la brujería y otras prácticas mágicas. Lutero, basado en su interpretación del mandamiento Bíblico, abogó por la exterminación de las brujas. “La Historia del Pueblo Alemán” de Janssen, argumenta con muchas pruebas (capítulos IV y V, del último volumen -vol. XVI de la edición inglesa), que una gran responsabilidad por la caza de brujas recae en los Reformadores.

El código penal conocido como “Carolina” (1532), decretó que la hechicería debe ser tratada como una ofensa criminal en el imperio Alemán y si causó daño a alguna persona, la bruja debía ser quemada. Hubo mayor actividad de cacería de brujas en los distritos Protestantes de Alemania que en las provincias católicas. Ejemplos de ello son Osnabruck y Wolfenbuttenl. En Osnabruck, en 1583, 121 personas fueron quemadas en tres meses. En Wolfenbuttenl, en 1593 hasta diez brujas fueron quemadas en un día. No fue hasta el 1563 que se le hizo una resistencia eficaz a la persecución por medio de un protestante de Cleues, Juan Weyer. Se le unieron las protestas de Ewich y Witekind.

En el debate sobre las brujas habían católicos y protestantes en ambos lados. Quizás la protesta más efectiva contra la caza de brujas fue la del jesuita Friedrich von Spee, quién en 1631 publicó “Cautio criminalis”.

La persecución ocurrió en muchos países

La persecución de brujas se extendió por muchos países. En el siglo XVI habían enjuiciamientos por tribunales seculares en Roma. En Inglaterra y Escocia también hubo persecuciones pero no hay cifras precisas sobre las ejecuciones. Howell, escribiendo en 1648, dice que en el período de dos años hubo casi 300 brujas procesadas y la mayoría ejecutadas en Essex y Suffolk solamente.

El Papa Gregorio XV, en su constitución “omnipotentis” (1623), recomendó un procedimiento más clemente y en 1657 una Instrucción de la Inquisición amonestó con eficacia la crueldad de las persecuciones. Al final del siglo XVII la persecución comenzó a reducirse en casi en todo el mundo y al principio de XVIII prácticamente cesaron. El último juicio por brujería en Alemania fue en 1749 en Wurzburg, pero en Suiza una niña fue ejecutada como bruja en el Cantón Protestante de Glarus en 1783.

En los Estados Unidos, Cotton Mather, en su “Maravillas del Mundo Invisible” (1693), cuenta que 19 ejecuciones de brujas ocurrieron en Nueva Inglaterra. En la actualidad Estados Unidos celebra Halloween el 31 de octubre (la víspera del día de todos los santos) en que se recuerdan las historias de brujas de una forma fantasiosa. Se acostumbra a disfrazarse, preferiblemente de brujas, duendes, monstruos o cualquier cosa que de miedo, se reviven los cuentos de brujas. En el ambiente materialista de la actualidad se hace de todo ello una broma, pero en el fondo opera también un deseo pagano de llenar un vacío espiritual.

No hay pruebas para las alegaciones de que algunas mujeres fueron enjuiciadas formalmente en México a finales del siglo XIX (ver Stimmen aus Maria-Laach, XXXII, 1887, p. 378).

En un gran número de enjuiciamientos, las confesiones de haber participado en toda clase de horrores satánicos, fueron hechas espontáneamente y aparentemente sin amenaza o miedo de tortura. Además el pleno reconocimiento de culpa parece constantemente haber sido confirmado justo antes de la ejecución, cuando el acusado no tenía nada que ganar o perder con la confesión. Esto puede atribuirse en muchos casos a razones psicológicas.

Conclusión

Los males que sufre la humanidad son fruto de su apertura al demonio por el pecado. Una forma extrema de esa relación es la brujería. Se llega a pactar con él y buscar su intervención. La enseñanza de la Biblia, los Padres de la Iglesia y la tradición concuerdan en que la brujería es real y digna de condenación. Jesucristo vino para vencer y atar al demonio. Con frecuencia se enfrentó directamente con él para reprimir su actividad sobre sus víctimas. El tiempo entre la primera y segunda venida del Señor son de gran batalla espiritual que envuelve a todos.

Por muchos siglos y en muchas naciones la ignorancia, la crueldad y falta de justos procesos judiciales llevaron a terribles persecuciones, falsas acusaciones y la matanza de muchos acusados de brujería. Hechos injustificados y deplorables.

En la actualidad hemos caído en el extremo opuesto: se niega la realidad de la actividad satánica y por ende la brujería.

Como cristianos debemos seguir el camino de Jesucristo quién rechaza el pecado pero ama al pecador. La enseñanza de Jesús en el caso de la mujer sorprendida en adulterio se aplica también a la brujería como a cualquier pecado. El camino de Jesús no es la condenación al estilo de los que se proponían apedrearla. Tampoco es el la actitud de los que hoy pretenden que no existe el pecado. Eso sería abandonarla sumida en su desgracia. El camino de Jesús es el amor que defiende de la crueldad y llama a una vida nueva, libre de pecado. El mal no se vence matando sino ayudando con amor y verdad a salir del pecado. El Señor nos enseña a amar a nuestros enemigos. El amor de Dios es más fuerte que la maldición de todos los brujos del mundo. Una gota de su Preciosa Sangre tiene poder para disipar el más enfurecido ataque diabólico.

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El fraude de Kinsey y sus consecuencias para la sociedad

Por Raquel M. Chaviano, Magaly Llaguno y Adolfo J. Castañeda

Aviso: La información de este artículo contiene temas delicados sobre la sexualidad humana no aptos para menores de edad ni para personas moralmente vulnerables a los mismos.

Introducción

Durante mucho tiempo se ha sabido que los niños, durante el desarrollo de su sexualidad, pasan a través de lo que comúnmente se conoce como el período de la “latencia”. Éste es un período que acontece antes de la adolescencia y se caracteriza por una falta de interés en los asuntos relacionados con la sexualidad. Este período, reconocido por los psicólogos y otros expertos en el desarrollo de los niños, es importante porque permite que los niños presten atención y aprendan fácilmente muchas materias útiles para ellos, tales como matemáticas, lenguage, geografía, música, etc.

Sin embargo, si en esta etapa se les diera instrucción sexualmente explícita, se provocaría una desviación errónea de su atención. El desarrollo normal sufriría enormemente desviando la curiosidad normal y sana que el niño, y más tarde el adolescente, siente hacia estas materias tan importantes, hacia los asuntos sexuales1.

Precisamente en los últimos 30 ó 40 años, ha surgido una nueva creencia en nuestra sociedad. Se trata de una ideología que enseña que los niños son seres “sexuales desde el nacimiento”, y puesto que tienen la capacidad sexual desde su nacimiento, exponerlos a los temas sexuales a la más temprana edad, es “normal” y “beneficioso”. El resultado de este tipo de razonamiento es que en muchos distritos escolares de los EE.UU., se han implementado programas completos de “educación” sexual desde el pre-kindergarten hasta el duodécimo grado.

Es importante aclarar que, según la ciencia contemporánea, la sexualidad es una dimensión básica que caracteriza a la persona humana en su totalidad. Es decir, en el sexo radican las características que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual, lo cual juega un papel muy importante en su evolución individual y en su integración en la sociedad.

No hay nada que objetar en afirmar que todos los seres humanos son seres sexuados desde el nacimiento. Sin embargo, esto no es lo que lo que quieren decir los que proponen actualmente la “educación” sexual en las escuelas. Lo que ellos quieren decir con dicha afirmación es que los niños tienen “derecho” a tener relaciones sexuales e, inclusive, que estas relaciones, aún con adultos, son “beneficiosas” para ellos.

Los modernos “educadores sexuales” utilizan frases como éstas para encubrir sus verdaderas intenciones: la de incitar a la juventud a las relaciones sexuales fuera del matrimonio y aún a relaciones sexuales contra la naturaleza (como por ejemplo, el homosexualismo).

Dicho sea de paso, todos los seres humanos son seres sexuados (en el sentido que hemos explicado y no en el sentido en que lo entienden los proponentes de la nueva ideología sexual), desde la concepción (que es cuando comienza la vida del ser humano), y no simplemente desde el nacimiento, como erróneamente enseñan los que abogan por dicha ideología.

Muchos se llenarán de asombro y preocupación, al comprobar que lo que ha servido como base para los programas de “educación” sexual en las escuelas públicas (y hasta en muchas escuelas católicas), tuvo sus raíces en experimentos científicos fraudulentos y depravados, y en actividades inmorales y hasta crueles por parte de los investigadores.

Les sorprenderá saber que el primero de estos “investigadores” fue Alfred C. Kinsey, seguido por sus colaboradores y colegas, Wardell B. Pomeroy, Clyde E. Martin y Paul Gebhard. Sin lugar a dudas, sus investigaciones y estudios moldearon las actitudes y creencias en lo que concierne a la sexualidad humana, y pasaron a formar parte de los actuales programas de “educación” sexual, no sólo en los países “desarrollados”, sino también en los del tercer mundo.

¿Qué credenciales tenía Kinsey para establecer pautas con respecto a la sexualidad humana?

Hace 50 años Kinsey era un famoso experto en taxonomía (clasificación de plantas y animales según su relación natural), en la Universidad de Indiana en los EE.UU. Después fue coordinador de los nuevos cursos sobre el matrimonio, establecidos en dicha universidad, y se dedicaba a “aconsejar” a los estudiantes sobre temas sexuales. Así comenzó a recopilar documentación y acabó por cambiar los conceptos de lo que la sociedad consideraba normal en cuanto a las prácticas sexuales, a pesar de que tenía un conocimiento mínimo de la sexualidad o de la psicología.

Kinsey consideraba las relaciones sexuales entre animales, un “modelo” para el comportamiento sexual humano. La única diferencia que veía era que los animales actúan sin inhibiciones, sólo por instinto. Sin embargo, la sociedad les impone ciertas normas a los seres humanos que, según Kinsey, injustamente inhiben y hasta prohiben el “comportamiento sexual natural.” Según el Informe Kinsey sobre los Hombres (publicado en 1948), “el llevar a cabo todo tipo de actividad sexual es liberarse del condicionamiento cultural que la sociedad impone, y que lleva a hacer distinciones entre lo que está bien o mal, lo que es lícito o ilícito, normal o anormal, aceptable o inaceptable en nuestra sociedad”2.

Kinsey no tomaba en cuenta que las normas morales sobre la sexualidad se fundan en la naturaleza humana, es decir, en aquello que conduce al ser humano a su verdadero bien, algo que una reflexión serena y objetiva puede descubrir. Por lo tanto, la moral en materia de sexualidad (como en cualquiera otra dimensión de la vida humana), no es simplemente el producto de la vida social, sino que es una realidad inscrita en el ser mismo del hombre.

Permisivismo total

El concepto más famoso de Kinsey, el cual está siendo utilizado más ampliamente, es el de los “desahogos sexuales”. Según Kinsey existen seis tipos de éstos con respecto al hombre: la masturbación, las emisiones nocturnas, las caricias heterosexuales, las relaciones heterosexuales, las relaciones homosexuales y las relaciones con los animales de otras especies3.

También según Kinsey, todos los “desahogos sexuales” son igualmente “aceptables” y “normales”. Kinsey opinaba que el concepto de la bisexualidad es el más “balanceado” de todas las orientaciones, puesto que incluye tanto las actividades heterosexuales como las homosexuales.

En las propias palabras de Kinsey: “Hablando en términos biológicos, no existe en mi opinión ninguna relación sexual que yo considere anormal”4. El problema según él, es que la sociedad está condicionada a través de normas tradicionales, para creer que la actividad heterosexual en el matrimonio es la única correcta y sana de las expresiones sexuales. Kinsey opinaba que todas las relaciones o formas de expresarse sexualmente son sanas, y que si una de ellas fuera anormal o inferior a las otras, ésta sería la relación sexual entre personas de distintos sexos5.

Obviamente Kinsey rechazaba la verdad de que la sexualidad tiene una doble finalidad: la expresión del amor conyugal entre un hombre y una mujer, así como la transmisión de la vida. Al separar la sexualidad de estos valores, terminó reduciéndola a una mera interacción física para obtener placer o para “desahogar tensión”. Esta empobrecida visión de la sexualidad termina empobreciendo y despersonalizando al propio ser humano, cuya felicidad radica en el amor, el cual, en el caso del matrimonio, es capaz de darse a sí mismo engendrando nuevas vidas.

Promoción de la pedofilia

De todos los conceptos desarrollados por Kinsey, el más preocupante es el que justifica las relaciones sexuales con niños (pedofilia). Kinsey opinaba que los niños están predispuestos a la actividad sexual desde el momento en que nacen, y que las actividades sexuales entre niños y adultos están incluídas entre los “desahogos sexuales”. Sin embargo, según él, la sociedad las cataloga como “tabú” por haber sido condicionada por las normas, cuando en realidad se trata de un comportamiento sexual “normal” que debe ser practicado. Según Kinsey, si estas relaciones sexuales se llevan a cabo en circunstancias “apropiadas”, es decir, si el adulto genuinamente siente afecto por el niño como lo sentiría un padre u otro pariente, dichas relaciones podrían ser una experiencia “sana” para el niño. Los resultados son desfavorables, según Kinsey, sólo cuando las autoridades públicas o los padres le han hecho creer al niño que este comportamiento es inmoral o incorrecto6.

Kinsey, sus colegas y los que han sido influenciados por su ideología sexual, caen en el error de pensar que las normas morales sobre la sexualidad son imposiciones arbitrarias que sólo logran frustrar la “libre” expresión de la inclinación sexual. Pero los mandamientos de Dios con respecto a la sexualidad, como todos los demás mandamientos, existen precisamente para ordenar el ejercicio de este maravilloso don de Dios hacia el verdadero bien de la persona humana. La recta razón y la experiencia han demostrado que las relaciones sexuales fuera del matrimonio, indisoluble y abierto a la vida, entre un hombre y una mujer, sólo llevan a la frustración y a un sin número de problemas tales como las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos fuera del matrimonio, los matrimonios y las familias destruídas, los niños traumatizados y a lo peor de todo: a la separación de Dios, si es que no hay un sincero arrepentimiento.

Por otro lado, la ideología de Kinsey olvida la más elemental psicología, al no caer en la cuenta de que el niño y el adolescente necesitan madurar afectivamente antes de estar listos para después entregarse a sí mismos total, responsable y amorosamente en el matrimonio.

Las investigaciones de Kinsey sobre la sexualidad humana fueron manipuladas para que los resultados pudieran reafirmar su ideología, aunque no tenían una verdadera base científica.

¿Qué le motivó a actuar así? Según Paul Robinson, uno de sus biógrafos, Kinsey se dedicó en su trabajo, a “socavar las normas tradicionales de la sexualidad”7. Quizás el motivo por el cual Kinsey quería cambiar las normas sexuales de la sociedad, era su aversión a los principios judeo-cristianos en los cuales ésta se basa. “Kinsey conocía bien la tradición judeo-cristiana y estaba indignado por lo que ésta le había hecho a nuestra cultura”, dijo Pomeroy (8). Kinsey tenía su propio plan de acción inmoral y esperaba utilizar sus “investigaciones” como la base “científica” para “cambiar los valores morales tradicionales de la sociedad”9.

Las investigaciones de Kinsey consistieron de dos partes principales: 1- usó datos de las “historias sexuales” de cerca de 18,000 personas y 2- dirigió experimentos sexuales en varios cientos de niños de dos meses a casi 15 años de edad.

La información que se obtuvo no sólo fue manipulada, sino que los entrevistados, en el caso del primer tipo de “investigación”, no representaban a la sociedad porque fueron deliberadamente escogidos (algunos se brindaron), precisamente por ser depravados. Aunque Kinsey decía que quería documentar y mostrar lo que la sociedad estaba haciendo con respecto a la sexualidad, sólo se concentró en un segmento de ésta: los depravados. Un gran número de los “entrevistados” eran criminales culpables de agresiones sexuales, pedófilos (que abusaban sexualmente de los niños) y exibicionistas. Alrededor del 25% de ellos eran ex-reclusos o presidiarios, la mayoría de los cuales se inclinaban hacia los actos sexuales ilícitos. Kinsey y sus investigadores observaron y tomaron notas sobre varios “experimentos” filmados, que mostraban diferentes tipos de comportamientos sexuales aberrantes, especialmente de actos sexuales entre hombres homosexuales10.

Las investigaciones llevadas a cabo con varios cientos de niños consistieron en actos sexuales perpetrados por un grupo de nueve personas. Algunas de ellas fueron “entrenadas”. El Informe Kinsey sobre los Hombres, afirma que los niños reaccionaron a las manipulaciones sexuales por parte de los nueve adultos de diversas maneras: se retorcían, gritaban horriblemente, tenían violentas convulsiones, grandes temblores y/o experimentaban horribles dolores11. Todo esto se llevó a cabo supuestamente para “demostrar” que los niños son seres sexuales que pueden “disfrutar” del placer sexual igual que cualquier adulto, y que podrían beneficiarse de las relaciones sexuales.

No existe documentación alguna sobre quiénes eran los niños o de dónde provinieron. Sin embargo, a pesar de que los experimentos eran fradulentos y carecían de verdadera validez científica, los conceptos de Kinsey hicieron su aparición después en los cursos de “educación” sexual.

John Bancroft, que actualmente dirige el Instituto Kinsey, ha dicho que “un practicante de la pedofilia mayor de edad (que tuvo relaciones sexuales con cientos de hombres, mujeres, niños y animales), fue la fuente de los datos sexuales de Kinsey con respecto a los niños”12. Sin embargo, Judith Reisman, co-autora del libro Kinsey, Sex and Fraud, se ha mostrado escéptica en relación a la declaración de Bancroft. Reisman ha afirmado que “si usted alega que fue solamente uno [el de los datos sexuales] y esa persona ya ha muerto, entonces usted se encuentra en una posición de mayor ventaja que la de admitir que fueron varios hombres y que algunos de ellos todavía no han muerto”13.

La Dra. Reisman recientemente pidió que el Congreso de los EE.UU. llevara a cabo una investigación acerca del Informe Kinsey. La Dra. Reisman cree que ya es hora de que la comunidad científica norteamericana “reexamine el grupo de investigadores de Kinsey y lo denuncie como una fuente de fraudes y mentiras”14 La Dra. Reisman cree que el público americano debe estar al tanto de la fraudulenta labor realizada por el grupo de Kinsey, ya que se cita a éste ampliamente como una fuente “autorizada” sobre el comportamiento sexual humano.

Los amargos frutos de las “investigaciones” de Kinsey

Existen abundantes evidencias de la relación entre las ideas de Kinsey, los programas educativos y ciertas organizaciones, de las cuales la mayor es la Federación Internacional de Planificación de la Familia o IPPF.

Opinamos que los objetivos educativos de la IPPF en lo que concierne a la “educación” sexual, tuvieron su origen en Kinsey.

Por ejemplo, la publicación de la IPPF de este hemisferio, Sexualidad Humana y Relaciones Personales, afirma que no existe un solo modelo de comportamiento sexual, sino que por el contrario, hay muchos tipos diferentes y todos son “aceptables” y “respetables”15. Es obvio que la IPPF utiliza varias afirmaciones de Kinsey y de Wardell Pomeroy (su colega), para justificar su “enseñanza” de que todos los diversos tipos de actividades sexuales son válidos, incluyendo el homosexualismo16. El libro de la IPPF, La Enseñanza de la Sexualidad Humana en las Escuelas, alega que no debe exponerse a los jóvenes a actitudes negativas hacia la homosexualidad para que puedan desarrollarse “libremente” y ser “normales”17. Añade dicho libro que debe haber una integración más positiva de la sexualidad en el ser humano, libre de preconceptos morales y tabúes religiosos18.

Es alarmante saber que a través de sus filiales en los países hispanos, la IPPF ejerce influencia en los programas de “educación” sexual.

Aclaremos que si bien es cierto que se deben respetar a las personas que sufren de inclinaciones homosexuales, no por ello se debe dejar de señalar que los actos homosexuales no constituyen un ejercicio normal de la sexualidad, además de que perjudican al ser humano y a la sociedad19.

También es importante aclarar que la integración positiva de la sexualidad en el ser humano es algo necesario y laudable. Pero dicha integración no se logra por medio de programas de “educación” sexual que incitan a la promiscuidad burlando la moral sexual. Al contrario, dichos programas destruyen el desarrollo armónico y psicosexual del niño y del joven, exponiéndolos prematura e inmoralmente a esta delicada dimensión de la persona humana. La integración sexual se logra por medio del ejercicio de la castidad, que es aquella virtud a través de la cual la persona humana coloca su sexualidad al servicio del amor auténtico y de la transmisión responsable de la vida (es decir, el uso de sólo los medios naturales para espaciar o evitar indefinidamente los nacimientos cuando existen motivos serios para hacerlo)20. Este uso correcto de la sexualidad sólo puede darse en el matrimonio.

Más concretamente, la castidad implica para el soltero, la abstención total de todo tipo de acto deliberado que conlleve el placer sexual, y para el casado, el tener relaciones sexuales sólo con su cónyuge, relaciones que respeten la transmisión de la vida y que sean verdaderas expresiones del amor conyugal, amor para toda la vida. Un amor que sea menos que eso es indigno del ser humano.

La castidad hace posible que los jóvenes se posean a sí mismos, es decir, que tengan control de sí mismos, para luego poder darse a sí mismos en el matrimonio por medio del amor auténtico. La castidad, lejos de ser una represión arbitraria y malsana, es lo que proteje y hace madurar el amor verdadero. Cuando el joven soltero aprende a relacionarse castamente con los demás, a servirles desinteresadamente y a aprovechar el tiempo para prepararse para el futuro, entonces logra canalizar todas sus energías correctamente y se prepara para una vida matrimonial y familiar feliz.

Otras organizaciones que según parece adoptaron los conceptos de Kinsey son la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO); su Centro Regional de Educación Superior para Latinoamérica y el Caribe (CRESALC); la Paternidad Planificada (la filial de la IPPF en los EE.UU) y el Consejo de Información y Educación Sexual de los EE.UU. (SIECUS).

La publicación de la UNESCO, Guía Didáctica de Educación en Población para uso en el primer grado, incluye un rompecabezas que muestra un dibujo de un niño y de una niña desnudos y alega que los niños tienen “derecho” a conocer sus cuerpos. Proclama que “el miedo y la vergüenza…y los tabúes y prejuicios ¿de qué sirven?”21.

Obsérvese la astucia de los responsables de estas publicaciones. Utilizan términos de impacto negativo como “miedo”, “vergüenza” y “tabú” para crear la falsa impresión de que todo tipo de control del apetito sexual es malo, especialmente si dicho control es promovido por instituciones religiosas (como se verá más adelante).

Pero la prohibición de las relaciones sexuales fuera del matrimonio y de las relaciones homosexuales no es simplemente un tabú para crear miedo y vergüenza, sino para evitar aquello que daña la integridad y el bien de la persona humana. Más que de miedo y vergüenza, se trata del pudor que la naturaleza ha puesto en los niños para protegerlos de forma natural contra el uso equivocado y prematuro de la sexualidad. Este pudor debe ser cultivado también por los adultos para así rodear de respeto y cuidado este maravilloso y delicado don del Creador.

Por otro lado, el derecho de los niños a conocer su cuerpo no debe ser interpretado en la forma depravada que pretenden estos autores. Bajo la delicada y respetuosa guía de sus padres, y sobre todo con su ejemplo, el niño va aprendiendo a apreciar y a respetar su cuerpo sin caer en ninguno de los dos extremos: una vergüenza neurótica con respecto a su sexualidad, ni mucho menos aún, un concepto hedonista (es decir, sólo para el placer) de la misma.

Del 7mo al 9no grado, el curso de la Guía Didáctica de Educación en Población enseña que “las relaciones sexuales pueden ser experiencias constructivas y placenteras para ambos miembros de la pareja, si los dos se disponen a tenerlas de manera libre, consciente, informada y responsable”22.

El problema es que para estas organizaciones ser “responsable” equivale a utilizar anticonceptivos, especialmente preservativos, los cuales ni protegen de verdad contra los embarazos fuera del matrimonio ni contra las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el SIDA, además de que son dañinos para la salud, sobre todo en el caso de los adolescentes23. Obsérvese también que usan la palabra “pareja”, que puede incluir a personas del mismo sexo, y que rara vez se refiere al matrimonio.

CRESALC bajo la UNESCO y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP o UNFPA), co-patrocinó una publicación titulada Diez Hechos Ciertos y de Peso Acerca del Sexo, distribuída por la Asociación Guatemalteca de Educación Sexual (AGES). Este folleto, que es una traducción del original en inglés publicado por SIECUS, alega que las relaciones sexuales enriquecen la relación entre dos personas, sin importar quiénes sean (casados o no, del mismo sexo o no). Afirma: “Algunas personas escogen ser homosexuales o bisexuales (les gusta con los dos sexos); unos cuantos adultos escogen no tener ningún tipo de relaciones sexuales, lo cual también es adecuado. Nadie tiene derecho a condenar a una persona por sus preferencias sexuales”24.

En otras palabras, a los estudiantes se les enseña la aberrante idea de que cualquier clase de actividad sexual es aceptable y naturalmente enriquecedora. En última instancia, los niños aprenden que la heterosexualidad no es sino una de las muchas opciones que tienen a su disposición. De esta manera comienzan a establecer la falsa premisa de que la heterosexualidad no es normal y que puede ser abandonada fácilmente. Se trata de la creación de una sociedad “heterofóbica”, es decir, de una sociedad que le teme a la heterosexualidad. Éste era el objetivo que Kinsey tenía en mente a través de toda su “investigación”.

El término “heterofobia” todavía no se ha hecho común en la sociedad norteamericana, como sí ha ocurrido con el término “homofobia”. La homofobia significa el miedo infundado o el sentimiento de incomodidad que algunas personas o culturas sienten hacia los homosexuales.

Nos apresuramos a aclarar que si bien existen personas que experimentan un temor exagerado e irracional hacia las personas que padecen de inclinaciones homosexuales o que practican actos homosexuales, eso no debe confundirse con el sentimiento normal de aversión hacia este tipo de perversión (lo cual no justifica el rechazo de las personas que la practican, sino de la práctica en sí). Es injusto tildar de “homofóbico” a alguien que rechaza las relaciones homosexuales como una desviación, pero que al mismo tiempo respeta o desea ayudar a estas personas.

Una vez que todas las ideas de Kinsey sean aceptadas, la sociedad les tendrá miedo a los heterosexuales y éstos serán mal vistos, mientras que todas las desviaciones sexuales serán consideradas “normales”.

Lamentablemente, ya ciertos países latinoamericanos han comenzado a adoptar al menos parte de la ideología hedonista de Kinsey, en sus cursos de educación sexual, algunos de los cuales provienen de CRESALC (UNESCO) y/o la IPPF.

Las relaciones sexuales: ¿una diversión?

La Guía de UNESCO para sexto grado afirma: “Las relaciones sexuales sirven también para demostrar amor, para obtener placer y divertirse un poco, para desafiar autoridades y principios…”25 y en su Guía para séptimo, octavo y noveno grado, añade: “Adoptar patrones de comportamiento sexual sin reflexión….sin comparar diferentes puntos de vista, es renunciar a la capacidad de acción independiente que cada ser humano tiene.” El “facilitador” (maestro de estos cursos) entonces “explica por qué a las personas les agrada tener relaciones sexuales…”26

No hay nada malo en afirmar que el placer sexual es un componente importante de una relación sexual madura dentro del matrimonio. Pero dicho placer no es el objetivo más importante de las relaciones sexuales, sino la expresión del amor conyugal auténtico y de la transmisión responsable de la vida. Separar el placer sexual del amor conyugal y de la transmisión de la vida es convertirlo en un ídolo y, enventualmente, en un tirano, tanto del que lo busca de esa manera, como del que es degradado a la categoría de objeto sexual, en vez de ser respetado como persona.

Por otro lado, con la ambigua frase de que “adoptar patrones de comportamiento sexual sin reflexión es renunciar a la capacidad de acción independiente”, los autores crean la falsa impresión de que el valor supremo es la independencia y de que el aceptar las normas morales sobre la sexualidad es actuar sin pensar. Ambas afirmaciones son falsas. Los seres humanos somos interdependientes, nos realizamos como personas en la convivencia humana, la independencia absoluta ni es buena ni realista para el ser humano. (Otra cosa es la dependencia neurótica en otras personas o cosas, que tanto daño hace).

Por otro lado, cuando los niños van madurando intelectualmente tienen la oportunidad de reflexionar, bajo la guía de sus mayores, especialmente de sus padres, sobre las razones por las cuales se les han enseñado las normas morales sobre la sexualidad. De esa manera hacen suya de una forma madura y personal la verdad sobre el maravilloso don de la sexualidad. De manera que el aceptar las normas morales sobre la sexualidad no es actuar sin pensar, sino actuar con responsabilidad.

En el fondo lo que buscan estos autores es promover el relativismo moral, es decir, el echar fuera las normas morales objetivas que guían el uso correcto de la sexualidad, normas morales que son verdaderas independientemente de las opiniones personales.

Los principales promotores en los EE.UU. de los conceptos de Kinsey son la Paternidad Planificada y SIECUS, ya mencionados.

La Paternidad Planificada, que es la organización más poderosa y que fue fundada por Margaret Sanger, es un verdadero “modelo” de la ideología de Kinsey, quien simplemente siguió los pasos de Sanger. Sanger declaró falsamente que “el lecho matrimonial es la influencia sexual más degradante…una institución decadente, un desarrollo reaccionario del instinto sexual”27.

SIECUS, bajo el liderazgo de la Dra. Mary S. Calderone (quien fue directora del departamento médico de la Paternidad Planificada), también ha estado promoviendo los conceptos de Kinsey en sus programas de “educación” sexual para niños. Por ejemplo, promovió la aceptación de una amplia gama de tipos de comportamiento sexual, en su Informe SIECUS de enero de 198028.

Sin embargo, donde más claramente podemos ver la influencia de Kinsey es en la enseñanza de SIECUS con respecto a la sexualidad de los niños. En 1983 Mary Calderone escribió que “la capacidad sexual del niño debe ser desarrollada del mismo modo que su capacidad innata para caminar o hablar…”29

Es inconcebible que una profesional como la Dra. Calderone confunda la tendencia sexual, con la habilidad o capacidad de caminar y hablar. Lo que la persona humana necesita desarrollar no es su “capacidad” sexual, sino su capacidad de amar, bajo cuyo control y guía debe estar la sexualidad. Con esta mentalidad promovida por la Dra. Calderón, ¡no debe sorprendernos la forma en que la sociedad está ahora adoctrinando a los niños sobre la sexualidad a edades cada vez más tempranas!

El Informe sobre Salud Mental y Educación Sexual de la Paternidad Planificada (publicado en 1979), afirma que “ni las creencias religiosas, ni las normas de moral deben desviar al niño del propósito primordial de descubrirse a sí mismo, afirmar su yo, y su auto complacencia”30.

El prejuicio antirreligoso que caracteriza la ideología hedonista e inmoral de la Paternidad Planificada, es algo verdaderamente destructivo.

Obsérvese también cómo sutilmente esta organización promueve el egoísmo utilizando frases elegantes como “descubrirse a sí mismo” (léase: experimentar sexualmente con su cuerpo); “afirmar su yo” (léase: hacerse independiente de toda norma moral) y “su autocomplacencia” (léase: colocar el placer por encima de la responsabilidad y del amor auténtico).

Los niños, especialmente los adolescentes, están aprendiendo en cursos de “educación” sexual inspirados en Kinsey, que todas las relaciones sexuales son buenas en sí mismas y divertidas. Se les está enseñando que tienen el “derecho” a ellas y que es beneficioso llevar a cabo cualquier tipo de actividad sexual a temprana edad.

Muchos educadores en materia de sexualidad promueven, sin pensarlo, esta perniciosa y fracasada ideología. ¿Podemos entonces sorprendernos ante el hecho de que los índices de enfermedades venéreas, embarazos ilegítimos, abortos, SIDA, etc. continúan ascendiendo? Es obvio que se trata de una causa y su efecto, la sociedad está cosechando los frutos de este tipo de mentalidad hedonista.

Lo que resulta extremadamente difícil de creer es que nuestra sociedad parece estar a punto de aceptar la pedofilia como una “orientación sexual” más. En un artículo, la Dra. Joan A. Nelson, quien también conoce la ideología de Kinsey, escribe a favor de un “modelo” de relaciones sexuales entre adultos y niños, en el que dichas relaciones son consideradas “aceptables” y hasta esenciales para el desarrollo “saludable” del niño. Lo que la Dra. Nelson considera dañino es “la condenación por parte de la sociedad”, en vez de los efectos de estas grotescas e inmorales relaciones con niños31.

Por su parte, Wardell Pomeroy, colaborador de Kinsey, ha declarado: “…el incesto entre adultos y niños pequeños también podría ser una experiencia satisfactoria, las relaciones incestuosas pueden ser buenas y a menudo lo son”32. ¡Esto es exactamente lo que Kinsey opinaba!

Puesto que muchos sexólogos y las instituciones con las cuales ellos trabajan, han aceptado como un hecho las “necesidades sexuales” de los niños y organizaciones como la Asociación para el Amor entre Hombres y Niños (NAMBLA) están trabajando para legitimar las relaciones sexuales entre hombres y niños, podemos ver la posibilidad en el futuro, de que se acepte la pedofilia como una “orientación sexual” más, similar al homosexualismo. “Promueven [la idea de que] los niños son objetos de placer sexual, aconsejan cómo tener relaciones sexuales con niños sin ser arrestados, informan sobre los lugares alrededor del mundo donde hay prostitución infantil y dan una lista de clubes para los que practican la pedofilia…”33

Posiblemente en los EE.UU. y otros países “desarrollados” surgirán científicos, educadores en materias sexuales y editores que simpaticen con este movimiento y lo apoyen, como han apoyado el movimiento homosexual. Todo esto se lo debemos en gran parte a Kinsey, quien afirmaba (sin prueba alguna), que el 10% de la población es homosexual. “Las estadísticas de Kinsey acerca de la prevalencia de la homosexualidad en la sociedad ha sido errónea, lo que probablemente no sería una sorpresa para Kinsey – el conocía los prejuicios que estaba integrando en sus investigaciones”34.

“Hoy en día aproximadamente un 80% de las escuelas públicas enseñan un tipo de educación sexual basada en el dogma de SEICUS y de la Paternidad Planificada”35. Mary Calderone ha dicho que “lo que busca SEICUS…es ‘establecer la sexualidad como una entidad necesaria para la salud y dignificarla por medio de un enfoque abierto…en el mejor de los sentidos, lleva implícito el enseñar a las gentes hacer elecciones inteligentes y bien formadas ante toda una serie de opciones’”36.

Obsérvense de nuevo la serie de frases ambiguas y sutiles, para encubrir lo que verdaderamente se quiere decir. La sexualidad “como una entidad necesaria para la salud”, no es otra cosa que la promoción de los anticonceptivos y los preservativos con la falsa pretensión de “proteger” a la juventud de las “relaciones sexuales sin riesgo” de contraer SIDA u otras enfermedades de transmisión sexual y de los embarazos fuera del matrimonio. Sin embargo, los anticonceptivos y los preservativos sólo ofrecen una falsa seguridad, además de que incitan a una mayor promiscuidad y causan daños físicos y psíquicos en los usuarios. Además, los anticonceptivos hormonales son potencialmente abortivos37.

A la luz de estos datos, los verdaderos significados y objetivos del resto de los eufemismos utilizados por la Dra. Calderón quedan al descubierto: el proporcionarles información “abierta” sobre anticonceptivos, preservativos (y quizás también sobre el aborto) a los jóvenes para que tengan “opciones inteligentes y bien formadas”. De más está decir que los promotores de la “educación” sexual de SEICUS y compañía, nunca le dicen la verdad a la juventud sobre estos métodos.

En su “Declaración de Principios” de mayo de 1974, SEICUS reafirmó su concepto de “educación” sexual con respecto a la homosexualidad: “Toda persona tiene el derecho a relacionarse con los demás sin importar el género, y a tener relaciones sexuales satisfactorias, que al mismo tiempo no constituyan una forma de explotación”38. Lo de “no constituyan una forma de explotación” es un intento elegante pero inútil de justificar lo que es inmoral y dañino para el ser humano.

En un reciente número de la revista Health Action, una publicación auspiciada en parte por el Proyecto de Salud Sexual de la IPPF (IPPF’s Sexual Health Project), se afirma que la promoción de una mayor conciencia sobre la sexualidad implica el estar al tanto sobre cómo “otras culturas ven la sexualidad; el uso de diapositivas a colores que muestren el arte erótico de las distintas partes del mundo, para ayudar a los participantes a entender que no todas las personas tienen el mismo concepto sobre lo que es ‘normal’ con respecto a la sexualidad”; y “el entender la variedad que existe con respecto a la atracción sexual – la atracción entre los miembros del sexo opuesto (heterosexualidad) y entre los del mismo sexo (homosexualidad)”39.

Aquí vemos de nuevo la promoción del relativismo moral con respecto a la sexualidad. Es decir, promueven la idea de que no hay unas normas universales sobre lo que está bien y lo que está mal en materia sexual. De esta manera se niegan los constitutivos esenciales de la naturaleza humana, que son los mismos en cualquier cultura o sociedad, y se niegan también los comportamientos destructivos para el ser humano y la sociedad.

Un examen de muchos de los programas de “educación” sexual que se utilizan en las escuelas, mostrará que la mayoría de ellos tienen la influencia de Kinsey. Por ejemplo, Growing Healthy, un programa de “educación para la salud”, dirigido a niños desde el kindergarten hasta el séptimo grado en Nueva York, incluía una sección sobre la homosexualidad y la heterosexualidad. Este programa utilizaba los datos de Kinsey, cuya “investigación” había “sustentado” la afirmación de que el 10% de la población es homosexual40. “Probablemente alrededor de una de cada diez personas es homosexual. La mayor parte de la gente se encuentra en algún punto de un continuum entre el tener una orientación exclusivamente homosexual y el tener una orientación exclusivamente heterosexual”41, dice dicho programa, el cual recomienda otras publicaciones de similares contenidos para la “educación” sexual.

Una de esas otras publicaciones es Changing Bodies, Changing Lives publicada por Vintage Books. Esta publicación también cita a Kinsey diciendo que “un buen número de personas, alrededor del 10% [de la población], se sienten atraídas principalmente hacia los miembros de su propio sexo”42.

Lo que la mayoría de las personas no saben es que la cifra del 10% es falsa, ya que Kinsey empleó técnicas de investigación carentes de imparcialidad, para “demostrar” que muchos norteamericanos tenían este tipo de relaciones sexuales43.

En 1992, Joe Fernández, el canciller de las escuelas públicas de la Ciudad de Nueva York, despojó de su autoridad a los miembros de la junta escolar, para poder promover su propio plan de acción con respecto a la “educación” sexual. Este plan de acción enfatizaba principalmente los “aspectos positivos” de la homosexualidad e incluía a estudiantes de sólo nueve años de edad, que recibían instrucciones sobre la mecánica de las relaciones sexuales anales y orales.

Fernández también distribuyó más de 300,000 copias de un librito que les informaba a los adolescentes sobre su “derecho a tener relaciones sexuales”44. Esto demuestra el constante intento de mostrar que otros “estilos sexuales de vida” son “respetables” y que aún las actividades sexuales antinaturales constituyen un “derecho”.

Para SEICUS, la Paternidad Planificada, y otros programas de “educación” sexual que utilizaron a Kinsey como “modelo”, el problema se encuentra en la perspectiva judeocristiana sobre el matrimonio y la sexualidad. En otras palabras, consideran anormal la creencia de que la expresión sexual es adecuada solamente en el matrimonio heterosexual, y que la culpa es una enfermedad de la cual es necesario curarse.

Changing Bodies, Changing Lives, por ejemplo, afirma que “los sentimientos de culpabilidad pueden surgir porque se nos ha enseñado que ciertos actos y sentimientos sexuales son malos” y “nosotros los que escribimos este libro creemos que muchas de las actitudes moralistas de la sociedad acerca de la sexualidad, pueden hacer que las personas se sientan culpables sin necesidad, con respecto a sentimientos y actividades que constituyen una parte normal del ser humano”45.

Estos autores deliberadamente mezclan la culpa neurótica, producto de una enseñanza defectuosa o negativa sobre la sexualidad, con la culpa moral (sana y necesaria) que surge de una enseñanza correcta sobre el uso de la sexualidad sólo dentro del matrimonio heterosexual, abierto a la vida y como expresión del amor conyugal auténtico. De esta forma buscan desacreditar las normas morales sobre la sexualidad.

Algunos materiales de la Paternidad Planificada enseñan que “las relaciones sexuales son divertidas y gozosas, y [que] el cortejo es divertido y gozoso, y los hay de todas clases y estilos, y todos ellos están bien. Haz lo que da placer, goza con lo que es placentero, y pide lo que da placer. No te prives a tí mismo del gozo por causa de ciertas ideas anticuadas acerca de lo que es normal o bueno. ¡Simplemente comúnicate y pásala bien!”46

Nótese que no dicen ni palabra sobre el hecho de que el placer y el gozo sexual existen para ser experimentados sólo dentro de las relaciones conyugales (matrimoniales), que respetan la vida y que expresan el verdadero amor. En última instancia, estos autores consideran la sexualidad un simple medio de diversión y de autogratificación sin límite alguno. Colocan al placer sexual por encima del amor conyugal y de la vida, y no al servicio de éstos.

El resultado es que se les da a los niños y adolescentes total libertad con respecto a las actividades sexuales, tales como las relaciones sexuales prematrimoniales y homosexuales, así como la masturbación.

El Dr. Alan Guttmacher, del Instituto de Investigación Guttmacher de la Paternidad Planificada y dirigente de esta organización, afirmó en la obra colectiva Participación de la escuela en la educación sexual: “No le puedo decir a la juventud si las relaciones sexuales prematrimoniales son buenas o malas. Siento que esta influencia puede ser tanto destructiva como constructiva”47.

Otro folleto de la Paternidad Planificada para adolescentes, afirma que: “Las relaciones sexuales son demasiado importantes como para estar quitándoles su valor con los sentimientos. Si te sientes excitado sexualmente, por favor, admítelo. Si el sentimiento y la tensión te molestan, puedes masturbarte. La masturbación no puede hacerte daño y hará que te sientas más relajado”48.

La publicación de Ruth Bell tiene una observación similar: “La masturbación es algo que haces contigo mismo, es una manera de procurarte placer a tí mismo, de amarte y de ser más cariñoso contigo mismo. También te ayuda a conocer las reacciones sexuales de tu cuerpo”49.

Un reciente informe de la IPPF alega que la masturbación mutua supuestamente equivale a “las relaciones sexuales sin riesgo” y que “pese a la reticencia por parte de los adultos de abordar el tema, es necesario que los jóvenes obtengan los conocimientos acerca de este tipo de actividades”50.

Esta empobrecida y hedonista visión de la sexualidad no toma en cuenta el daño que la masturbación causa en el desarrollo psicosexual del adolescente, encerrándolo en sí mismo y socavando su capacidad de autoentrega y de apertura a la transmisión de la vida el día que asuma la responsabilidad de un compromiso matrimonial.

La IPPF y sus filiales (incluyendo otras organizaciones que promueven el control de la población), consideran que “la adolescencia puede llegar a abarcar a jóvenes de 10-19 años”51. Creen que estos mismos adolescentes tienen “los mismos derechos que otros clientes en el campo de la salud y la sexualidad: el derecho a elegir si desean tener una vida sexualmente activa o no; a la información; a la anticoncepción; al aborto sin condiciones de riesgo y a la protección contra las enfermedades; a la confidencialidad…”52

Además de no decir la verdad sobre el daño y fracaso de los anticonceptivos, estos “educadores sexuales” ocultan la verdad sobre el daño que el aborto (legal o ilegal) le causa a la mujer, además de que es mortal para el bebé no nacido53.

Con este tipo de ideología, se puede evidentemente anticipar un aumento de la actividad sexual entre los adolescentes de nuestra sociedad. No nos debe sorprender entonces el aumento del número de casos de SIDA y de otras enfermedades de transmisión sexual, así como del índice de los embarazos fuera del matrimonio. La respuesta a esta problemática por parte de todos los “educadores” sexuales, es simplemente bombardear a la juventud con el mal llamado “beneficio” de la anticoncepción.

En este sentido es significativo observar que “en 1963 el propio Dr. Alan Guttmacher, que había promovido con urgencia el que se les proporcionara a los adolescentes información sobre los anticonceptivos, admitió que dicha información aumentaría las relaciones sexuales entre los adolescentes”54.

A la “educación” sexual muchas veces se le echa fuego por medio de la apariencia de la “educación” sobre el SIDA, así como por medio de un “intento” frenético por disminuir el índice de los embarazos de las adolescentes. La misma “Declaración de Principios” de SEICUS, que mencionamos anteriormente, insiste en que “los servicios de anticonceptivos deben de estar disponibles para todos, incluyendo los menores de edad, quienes deben de gozar de los mismos “derechos” que las demás personas tienen, de obtener libre e independientemente atención médica con respecto a los métodos anticonceptivos”55.

A los niños se les da información que promueve la anticoncepción y se les proporcionan anticonceptivos, así como fármacos y dispositivos abortivos a través de clínicas en las escuelas. Sin embargo, uno de los principales informes de la propia Paternidad Planificada había dado a conocer anteriormente, que las clínicas de “salud” en los colegios han fracasado en su intento de disminuir la tasa de embarazos en las escuelas56. Esto demuestra precisamente que aún ante programas que no han tenido éxito, la Paternidad Planificada, SEICUS y otras organizaciones, continúan promoviendo su plan de acción.

Además de esto, los “educadores” sexuales, por regla general no le informan a la juventud de los muchos daños de los anticonceptivos, de los riesgos físicos y psicológicos del aborto (legal o ilegal), de que éste destruye la vida humana no nacer, ni tampoco les dicen el alto porcentaje de falla de los preservativos. El resultado final es la creación de un círculo vicioso en el cual el riesgo que se corre es muy grande y se corrompe a niños, adolescentes y jóvenes.

Conclusión

Los valores cristianos tradicionales que antes prevalecían indudablemente están siendo atacados. “El actual conflicto consiste en la oposición de dos conceptos sobre la naturaleza de la sexualidad humana en la sociedad civilizada, y si las creencias judeo-cristianas tradicionales acerca de la sexualidad son represivas y malas para la salud”57.

Alfred C. Kinsey ha abierto una brecha de abuso y engaño dentro del estudio de la sexualidad humana y la educación sexual, nosotros somos testigos de la continua expansión de esta brecha. La influencia de Kinsey en nuestra sociedad contemporánea a través de organizaciones como la Paternidad Planificada es obvia.

Todos los sectores de la sociedad deben darse cuenta de la importancia de la acción informada contra los programas de “educación” sexual que se inspiran en la ideología de Kinsey y Margaret Sanger, para poder proteger a las futuras generaciones. Debemos estar conscientes de que el instigador original de los estilos de vida hedonistas no es otro que Satanás, el Padre de la Mentira, que busca la perdición de las almas.

Jesuscristo nos advirtió: “…al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar.” (Mateo 18:6) Todos y cada uno de nosotros tenemos el deber de servir a Nuestro Señor en la preservación de las verdades sagradas que nos traen la verdadera liberación.

Magaly Llaguno es la directora ejecutiva de Vida Humana Internacional (VHI). Raquel Chaviano es abogado y ha colaborado con VHI. Adolfo J. Castañeda es el coordonador auxiliar de VHI.

Notas: 1. Melvin Anchell, M.D., What’s Wrong With Sex Education?, (St. Louis: Central Bureau of Catholic Cent. Verein of America, 1993), 16-17. 2. Reisman, Judith A. y Eichel, Edward W. Kinsey, Sex and Fraud: The Indoctrination of a People, (Lafayette, Louisiana: Lochinvar-Huntington House Publication, 1990), 6, 678. 3. Kinsey, Alfred C., Pomeroy, Wardell P., Martin, Clyde E. Sexual Behavior in the Human Male, (Philadelphia: W.B. Saunders Company, 1948), 193. 4. Pomeroy,. Wardell B. Dr. Kinsey and the Institute for Sex Research, (New York: Harper and Row, 1972), 77. 5. Reisman y Eichel, 45. 6. Ibid., 3 y 130. 7. Ibid. 7, citado de The Modernization of Sex by Paul Robinson (New York: Harper & Row, 1976). 8. Pomeroy, 123. 9. Reisman y Eichel, 8. 10. Ibid., 17 y 49. 11. Kinsey, Pomeroy y Martin, 160-161. 12. “Kinsey Official Says One Man Molested Children in Study”, Family Issues Alert, Focus on the Family (Sept. 27, 1995). 13. Ibid. 14. American Family Association (May, 1994), 10. 15. Sexualidad Humana Y Relaciones Personales, International Planned Parenthood Federation, (New York,1983), 54. 16. Ibid., 252-253, 257. 17. The Teaching of Human Sexuality in the Schools, International Planned Parenthood Federation, (New York, 1985), 113. 18. Sexualidad Humana y Relaciones Personales, 34. 19. Para una información más completa, detallada y bien documentada sobre el problema del homosexualismo, véase nuestro informe Lo que usted debe saber sobre el homosexualismo. 20. Para más información sobre los métodos contemporáneos de planificación natural de la familia, véase nuestro folleto Métodos naturales de planificación de la familia. 21. República Dominicana Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos. Guía Didáctica de Educación en Población para el Primer Grado. CRESALC-UNESCO,(Caracas: Servicio Regional de Información Sobre Educación en Población, 1985), 10. 22. Ibid., Guía Didáctica de Educación en Población para Séptimo – Noveno Grado (1987), 27. 23. Para más información sobre el fracaso de la promoción del preservativo, véase nuestro informe Los preservativos y las campañas anti SIDA. Para más información sobre los daños de los anticonceptivos, véase nuestro folleto Hablemos sobre los anticonceptivos. Ambas fuentes están totalmente documentadas. 24. Ten Heavy Facts About Sex, Asociación Guatemalteca de Educación Sexual (AGES) y CRESAL (New York: The Institute for Family Research and Education, 1979), 9. 25. Guía Didáctica de Educación en Población para el Sexto Grado (Caracas: 1986), 104. 26. Ibid., Guía Didática de Educación en Población para el Séptimo-Noveno Grados (Caracas: 1987), 6,84. 27. Marshall, Robert y Donovan, Charles, Blessed are the Barren, 7, citado de The Women Rebel and the Rise of the Birth Control Movement in the United States por Margaret Sanger (New York: State Úniversity at Stonybrook, 1976). 28. Reisman y Eichel, 123. 29. SIECUS Report (May-July 1983), 9, citado en Reisman and Eichel, 128. 30. Planned Parenthood Sex Education and Mental Health Report, 1979, citado en Clowes, Brian Ph.D., Pro-Life Activists Encyclopedia. 31. Nelson, Joan A., Ed.D., artículo titulado “Intergenerational Sexual Contact: A Continuum Model of Participants and Experience”. Journal of Sex Education and Therapy (1989), 15(1):3-12, citado en Reisman and Eichel, 207. 32. Wardell B. Pomeroy, “A New Look at Incest,” Forum Magazine, (Noviembre 1976), 84-89,citado en Clowes, Brian Ph.D., Pro-Life Activists Encyclopedia, 67-8. 33. “Who publishes those pro-gay kids’ books?” Lambda Report, (Febrero 1993), 2. 34. Reisman y Eichel, 12. 35. Melvin Anchell, Sex Education- A Tragicomedy, National Stopp News, (June-July 1992), 4. 36. Sexualidad Humana y Relaciones Personales, International Planned Parenthood Federation, (New York, 1983) 145. 37. Véase de nuevo nuestro folleto Hablemos sobre los anticonceptivos. 38. “SEICUS Position Statements”, SEICUS Report, vol. 2, no.5 (May 1974), citado por Marshall y Donovan, Blessed Are The Barren, 78. 39. “Getting the Message”, Health Action, IPPF and AHRTAG, no.10 (Sept.-Nov. 1994), 8. 40. Reisman and Eichel, 184. 41. Robert H. Knight, Dr. Kinsey and the Children…, p. 5. 42. Ruth Bell, Changing Bodies, Changing Lives (New York: Vintage Books, 1988), 115. 43. Reisman and Eichel, 184. 44. Don Feder, “New York chancellor suspends school board, pushes perverse sex for school children,” AFA Journal (February 1992). 45. Ruth Bell, 78. 46. Sheri Tepper, The Great Orgasm Robbery (Denver: Rocky Mountain Planned Parenthood, 1977), citado por George Grant, Grand Illusions (Nashville: Wolgemuth & Hyatt Publishers Inc., 1988), 109. 47. Sexualidad Humana y Relaciones Personales, 145-146. 48. Sheri Tepper, The Perils of Puberty (Denver: Rocky Mountain Planned Parenthood, 1974) citado por George Grant, Grand Illusions, 108. 49. Ruth Bell, 81. 50. Un Informe de la IPPF sobre necesidades de la gente joven en materia de salud sexual y reproductiva, IPPF (1994), 27. 51. “Comprender a los adolescentes”, International Planned Parenthood Federation (Londres: IPPF, 1994), 5. 52. Ibid., 6. 53. Para una información más completa sobre el aborto, consúltese nuestro folleto Lo que usted debe saber sobre el aborto (totalmente documentado). 54. David Gardner, “Speakers Discuss Modern Day Sex”, Knickerbocker News, New York, (diciembre 6, 1963), 3B, citado por Marshall y Donovan, Blessed Are the Barren, 32. 55. Ibid., 78. 56. “School-based Clinics Fail”, Living World, Vol. 6:2, 30. 57. Reisman y Eichel, 123.

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Fracaso escolar, abuso en las aulas, comportamientos incívicos. Son historias de las que oímos hablar con cierta frecuencia. Los medios nos cuentan que a los jóvenes les gusta beber en la calle, que detienen trenes sólo para hacer pintadas, que son dados al vandalismo o que realizan actos de delincuencia organizada. Pero además de cuestionarnos si la alarma social se corresponde íntegramente con la realidad o es a menudo amplificada, quizá deberíamos preguntarnos si el problema no reside en que nuestra sociedad promueve actitudes que terminan dificultando la educación de las próximas generaciones adultas. Quizá no estemos enviando los mensajes adecuados, quizá haya algo en lo que estemos fallando.

Algunos de los factores erróneos, partirían, para María Rosa Buxarrais, profesora de Pedagogía de la Universidad de Barcelona, de un olvido en los planes educacionales, ya que “hay una ausencia constatada de formación ética de los estudiantes. Se les forma poco como personas, como futuros ciudadanos/as que van a ejercer una tarea profesional en ámbitos relacionados con seres humanos.” En consecuencia, se habría apostado demasiado por ofrecer un cuerpo de conocimientos extenso y muy poco por intentar conseguir que el estudiante adquiera capacidades éticas.

También lo cree así Enrique Gervilla, Catedrático de Teoría de la Educación de la Universidad de Granada, para quien “se aprecia un acentuado marco profesional y las materias encaminadas a la formación son mínimas. En el nuevo sistema europeo esperamos que tal situación cambie y se preste más atención a las tres dimensiones de la educación, ser, saber y saber hacer”.

Según Concepción Naval, Vicerrectora de Educación Académica de la Universidad de Navarra, y coeditora de Educación y ciudadanía en una sociedad democrática (Ed. Encuentro), “desde la educación contemporánea se ha puesto mucho -excesivamente- el acento en el fomento de la autonomía personal, en la suscitación del sentido crítico, lo cual es una necesidad educativa, pero ha habido un abuso que ha distorsionado el horizonte vital. Se han distanciado en exceso las actuaciones individuales de su repercusión en la vida del conjunto, perdiéndose conciencia de que toda decisión personal tiene implicaciones sociales y políticas”. El punto de llegada de esa excesiva insistencia sería una sociedad “que conduce a formar personas extremadamente individualistas, autosuficientes, y en su extremo egocéntricas”.

Claro que esas posturas quizá sean consecuencia de un entorno que privilegia lo material, que tiende a la distancia cínica y a la desconfianza respecto de todo lo que no sea práctico. Según María Rosa Buxarrais, “en una sociedad tan consumista como la nuestra prevalece la riqueza material sobre la espiritual, sobre la formación de la persona a nivel ético, y las generaciones jóvenes terminan contagiándose de valores como el consumismo, el individualismo, la competitividad, etc, de las generaciones adultas, porque éstas se olvidan de transmitir otros valores como el respeto, la solidaridad o la tolerancia.”. Para Buxarrais, no tenemos demasiado presente que “los adultos nos convertimos en modelos a imitar por nuestras generaciones jóvenes”.

Habría un tercer factor, directamente relacionado con el relativismo, asegura Concepción Naval, y que conllevaría numerosas consecuencias sobre los modos de vida, ya que promovería “un escaso sentido de compromiso y una ausencia del pensamiento a largo plazo. Vivimos en el corto plazo y eso afecta muy directamente al carácter de las personas, al modo en que nos relacionamos unos con otros”. Además, esa tendencia, que generaría “autosufuciciencia y superficialidad” tendría que ver con “la disolución de la noción de verdad sepultada por la búsqueda del consenso social. Se olvida que para que haya auténtico diálogo es necesario que haya opiniones formadas y razonadas, auténticas convicciones”.

Pero hay quien busca una clave de interpretación más amplia. Para Alfredo Rodríguez Sedano, profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra, el problema sería más grave que una simple serie de factores aislados, ya que habría una causa en la que se subsumirían las demás. No se trataría de curar un catarro sino de una enfermedad más preocupante, la ruptura de la estructura familiar. “El objetivo de la familia siempre ha sido es y será buscar la normalidad afectiva, que es el requisito clave para el desarrollo de la personalidad y de las facultades de cada persona, de su voluntad, sentimientos y emociones. O hay normalidad afectiva o no se sale adelante. Y como la familia, que es lo que la aseguraba, se está rompiendo…”

Posibles soluciones

Los problemas quedan, pues, identificados para los expertos. ¿También las soluciones? ¿Saben qué se debe hacer? ¿Hay una serie de medidas que podrían tomarse? Sí, si se trata de su formulación genérica.

Para Rodríguez Sedano, ya que la clave es el ámbito familiar, “no podemos considerar al ámbito educativo, y menos aún al Estado, como sustituto de la familia. El protagonismo que se ha dado al Estado es erróneo. Hay demasiados modelos educativos pero lo que importa es que la familia, – esa realidad que es una madre y padre- funcione”.

En opinión de Rosa María Buxarrais, uno de los principales remedios estaría en el restablecimiento de cierta autoridad: “es necesario poner límites a hijos y alumnos para que estos sepan qué hacer y qué esperar de la vida. Los límites son una muestra de la preocupación que tanto educadores como padres debemos explicitar a nuestros alumnos e hijos”.

Coincide Enrique Gervilla, pero insistiendo en un aspecto que a veces pasa inadvertido, que la autoridad proviene de cómo es percibido quien la ejerce: “Del autoritarismo hemos pasado a la ausencia casi total de autoridad. Ésta, sin embargo es imprescindible, no tanto como disciplina, cuanto como prestigio. Nuestra educación está falta de verdaderos maestros, de modelos de vida”.

Para Concepción Naval, la educación, para que sea efectiva, debe cumplir tres objetivos. En primer lugar, debe promover que las personas que sigan esa educación tengan, como consecuencia de ésta, “una forma de vida valiosa y deseable por sí misma, y no porque sea útil para otra cosa. La preocupación por el valor intrínseco de la educación es una medida certera contra ciertas tendencias actuales que llevan a ver en la tarea educativa una preparación para satisfacer demandas circunstanciales, pragmáticas, economicistas”. Además, debe promover que las personas no sólo adquieran habilidades operativas, sino que “comprendan los principios por los que actúan; que sean capaces de pensar”. Y, por último, “su conocimiento y comprensión no deben ser inertes: esto es, deben afectar a su visión del mundo y su sentido de la vida, potenciando activamente su actividad ordinaria”.

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