Enero

1. Por gracia de Dios estamos al comienzo de un nuevo año. Este año, cuyo final sólo Dios sabe si lo veremos, debe estar consagrado del todo a reparar por el pasado, a proponer para el futuro; y a procurar que vayan a la par los buenos propósitos y las obras santas.

2. Digámonos con el pleno convencimiento de que nos decimos la verdad: alma mía, comienza hoy a hacer el bien, que hasta ahora no has hecho nada. Movámonos siempre en la presencia de Dios. Dios me ve, digámonos con frecuencia; y, al verme, también me juzga. Actuemos de modo que no vea en nosotros más que el bien.

3. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy. Del bien de después están llenos los sepulcros…; y además, ¿quién nos dice que viviremos mañana? Escuchemos la voz de nuestra conciencia, la voz del profeta rey: “Si escucháis hoy la voz del Señor, no cerréis vuestros oídos”. Levantémonos y atesoremos, porque sólo el instante que pasa está en nuestras manos. No queramos alargar el tiempo entre un instante y otro, que eso no está en nuestras manos.

4. ¡Oh, qué precioso es el tiempo! Felices los que saben aprovecharlo, porque todos, en el día del juicio, tendremos que dar cuenta rigurosísima de ello al Juez supremo. ¡Oh, si todos llegasen a comprender el valor del tiempo! ¡Seguro que se esforzarían por usarlo de forma digna de encomio!

5. “Comencemos hoy, hermanos, a hacer el bien, que hasta ahora no hemos hecho nada”. Estas palabras que el seráfico Padre San Francisco, en su humildad, se aplicaba a sí mismo, hagámoslas nuestras al comienzo de este nuevo año. En verdad, nada hemos hecho hasta ahora; o, al menos, bien poco; los años se han ido sucediendo, comenzando y terminando, sin que nos preguntáramos cómo los hemos empleado; si no había nada que reparar, nada que añadir, nada que quitar en nuestra conducta. Hemos vivido a lo tonto, como si un día el Juez eterno no nos hubiese de llamar y pedirnos cuenta de nuestra conducta, de cómo hemos empleado nuestro tiempo.

Sin embargo, deberemos dar cuenta rigurosísima de cada minuto, de cada actuación de la gracia, de cada santa inspiración, de cada ocasión que se nos presentaba de hacer el bien. ¡La más pequeña transgresión de la santa ley de Dios será tenida en cuenta!

6. El amor no admite dilación y los Magos, nada más alcanzar su meta, no ahorran esfuerzos por dar a conocer y amar a Aquel que con el influjo de su gracia ha conquistado sus corazones; y los ha herido con aquel amor que busca expandirse, porque no cabe en las reducidas dimensiones del corazón y quiere comunicar lo que lo llena.

7. Es necesario cultivar con solidez estas dos virtudes: la dulzura con el prójimo y la santa humildad con Dios.

8. Dios os deja en esas tinieblas para su gloria; aquí está la gran oportunidad de vuestro progreso espiritual. Dios quiere que vuestras miserias sean el trono de su misericordia y vuestra incapacidad, la sede de su omnipotencia.

9. En una ocasión enseñé al padre un ramo bellísimo de majoleto en flor y, al mostrarle al padre aquellas flores blanquísimas tan bellas, exclamé. “¡Qué bellas!…”. “Sí, dijo el padre, pero más que las flores son bellos los frutos”. Y me hizo comprender que mucho más que los santos deseos son bellas las obras.

10. Que no la amedrenten las frecuentes insidias de esta bestia infernal: Jesús, que está siempre con usted y que luchará a su lado y por usted, no permitirá jamás que llegue a verse engañada y vencida.

11. No te detengas en la búsqueda de la verdad y en la conquista del sumo Bien.

Sé dócil a los impulsos de la gracia, secundando sus inspiraciones y sus llamadas. No te avergüences de Cristo y de su doctrina.

12. Cuando el alma sufre y teme ofender a Dios, no le ofende y está muy lejos de pecar.

13. El ser tentado es signo de que el alma es muy grata al Señor.

14. No se abandone jamás a sí misma. Ponga toda la confianza en solo Dios.

15. Siento cada vez más la imperiosa necesidad de entregarme con más confianza a la misericordia divina y de poner sólo en Dios toda mi esperanza.

16. Es terrible la justicia de Dios. Pero no olvidemos que también su misericordia es infinita.

17. Busquemos servir al Señor con todo el corazón y con toda la voluntad. Nos dará siempre mucho más de lo que merecemos.

18. Alaba sólo a Dios y no a los hombres, honra al Creador y no a la criatura.

Sé capaz de soportar las amarguras durante toda tu vida para poder participar de los sufrimientos de Cristo.

19. Sólo un general sabe cuándo y cómo deben actuar sus soldados. Ten paciencia; también a ti te llegará tu vez.

20. Apártate del mundo. Escúchame: uno se ahoga en alta mar, otro se ahoga en un vaso de agua. ¿Qué diferencia hay entre uno y otro? ¿No están muertos los dos?

21. ¡Piensa siempre que Dios lo ve todo!

22. En la vida espiritual cuanto más se corre menos se siente el cansancio; más bien será la paz, preludio del gozo eterno, la que se posesionará de nosotros y seremos felices y fuertes en la medida que, manteniéndonos en este esfuerzo y mortificándonos a nosotros mismos, hagamos que Cristo viva en nosotros.

23. No nos desanimemos nunca ante los designios de la divina providencia, que, uniendo los gozos a los sufrimientos y haciéndonos pasar en la vida, a cada uno y a las naciones, de las alegrías a las lágrimas, nos conduce a la consecución de nuestro fin último.

Veamos detrás de la mano del hombre que se manifiesta de ese modo, la mano de Dios que se oculta.

24. Si queremos recoger la cosecha, es necesario no sólo sembrar la semilla sino también echarla en buena tierra; y cuando esta semilla llegue a hacerse planta, hemos de estar muy atentos para vigilar que la cizaña no sofoque las tiernas plantitas.

25. En todos los acontecimientos humanos, aprended a reconocer y a adorar la voluntad de Dios.

26. En la vida espiritual, hay que ir siempre adelante y no retroceder jamás; de otro modo nos sucede como a la barca, que, si en vez de avanzar, se detiene, el viento la arrastra hacia atrás.

27. Recuerda que la madre, al principio, enseña a andar a su hijo sosteniéndolo, pero que éstos muy pronto deben caminar ellos solos; de igual modo, tú debes razonar con tu cabeza.

28. “Mientras tengas temor no pecarás”.

“Será así, padre, pero sufro mucho”.

“Se sufre mucho, es cierto, pero hay que confiar; existe el temor de Dios y el temor de Judas.

El miedo excesivo nos impide obrar con amor, y la excesiva confianza no nos deja ser conscientes y temer el peligro que debemos superar.

El primero debe dar la mano a la segunda, y deben caminar los dos juntos como dos hermanas. Hay que actuar siempre así, ya que, si nos percatamos de tener miedo o de temer demasiado, entonces debemos recurrir a la confianza; y, si confiamos en exceso, debemos, en cambio, tener un poco de temor, porque el amor tiende hacia el objeto amado, pero al avanzar es ciego, no ve, pero el santo temor le ofrece la luz”.

29. No se alcanza la salvación si no es atravesando el borrascoso mar que nos amenaza siempre con destruirnos. El Calvario es el monte de los santos, pero de allí se pasa a otro monte, que se llama Tabor.

30. Yo no deseo otra cosa que morir o amar a Dios: o la muerte o el amor; pues la vida sin este amor es peor que la muerte; para mí esa situación sería más insostenible que la actual.

31. No debo, pues, mi queridísima hija, dejar pasar el primer mes del año sin llevar a tu alma el saludo de mi alma y garantizarte cada día más el afecto que mi corazón siente por el tuyo, al que no dejo nunca de desear toda clase de bendiciones y de felicidad espiritual. Pero, mi buena hija, encomiendo vivamente a tus cuidados ese tu pobre corazón: intenta hacerlo cada día más grato a nuestro dulcísimo Salvador, y actuar de modo que este nuevo año sea más rico en buenas obras que el año pasado, ya que, en la medida que pasan los años y se acerca la eternidad, hay que redoblar el esfuerzo y elevar nuestro espíritu a Dios, sirviéndole con mayor diligencia en todo aquello a lo que nos obliga nuestra vocación y profesión cristiana.

en la santa humildad, el Señor lo irá comunicando a tu corazón.

Febrero

1. La oración es el desahogo de nuestro corazón en el de Dios… Cuando se hace bien, conmueve el corazón de Dios y le invita, siempre más, a acoger nuestras súplicas. Cuando nos ponemos a orar a Dios, busquemos desahogar todo nuestro espíritu. Nuestras súplicas le cautivan de tal modo que no puede menos de venir en nuestra ayuda.

2. Quiero ser solamente un pobre fraile que ora… Dios ve manchas hasta en los ángeles, ¡cuánto más en mí!

3. Ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y escuchará tu oración.

4. La oración es la mejor arma que tenemos; es una llave que abre el corazón de Dios.

Debes hablar a Jesús también con el corazón además de hacerlo con los labios; o, mejor, en algunas ocasiones debes hablarle únicamente con el corazón.

5. Con el estudio de los libros se busca a Dios; con la meditación se le encuentra.

6. Sed asiduos a la oración y a la meditación. Ya me habéis dicho que habéis comenzado a hacerlo. Oh Dios, ¡qué gran consuelo para un padre que os ama igual que a su propia alma! Continuad progresando siempre en el santo ejercicio del amor a Dios. Hilad cada día un poco: si es de noche, a la tenue luz de la lámpara y entre la impotencia y la esterilidad del espíritu; y si es de día, en el gozo y en la luz deslumbrante del alma.

7. Si puedes hablar al Señor en la oración, háblale, ofrécele tu alabanza; si no puedes hablar por ser inculta, no te disgustes; deténte en la habitación como los servidores en la corte, y hazle reverencia. El te verá, le gustará tu presencia, favorecerá tu silencio y en otro momento encontrarás consuelo cuando él te tome de la mano.

8. Este modo de estar en la presencia de Dios, únicamente para expresarle con nuestra voluntad que nos reconocemos siervos suyos, es muy santo, excelente, puro y de una grandísima perfección.

9. Cuando te encuentres cerca de Dios en la oración, háblale si puedes, y si no puedes, párate, hazte ver y no te busques otras preocupaciones.

10. Las oraciones, que tú me pides, no te faltan nunca, porque no puedo olvidarme de ti que me cuestas tantos sacrificios.

Te he dado a luz a la vida de Dios con el dolor más intenso del corazón. Estoy seguro de que en tus plegarias no te olvidarás del que lleva la cruz por todos.

11. El mejor consuelo es el que viene de la oración.

12. Salvar las almas orando siempre.

13. La oración debe ser insistente, ya que la insistencia pone de manifiesto la fe.

14. Las oraciones de los santos en el cielo y las de los justos en la tierra son perfume que no se perderá jamás.

15. Yo no me cansaré de orar a Jesús. Es verdad que mis oraciones son más dignas de castigo que de premio, porque he disgustado demasiado a Jesús con mis incontables pecados; pero, al final, Jesús se apiadará de mí.

16. Todas las oraciones son buenas, siempre que vayan acompañadas por la recta intención y la buena voluntad.

17. Reflexionad y tened siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y Madre nuestra.

En la medida en que crecían en ella los dones del cielo, ahondaba cada vez más en la humildad.

18. Como las abejas que sin titubear atraviesan una y otra vez las amplias extensiones de los campos, para alcanzar el bancal preferido; y después, fatigadas pero satisfechas y cargadas de polen, vuelven al panal para llevar a cabo allí en una acción fecunda y silenciosa la sabia transformación del néctar de las flores en néctar de vida: así vosotros, después de haberla acogido, guardad bien cerrada en vuestro corazón la palabra de Dios.

Volved a la colmena, es decir, meditadla con atención, deteneos en cada uno de los elementos, buscad su sentido profundo.

Ella se os manifestará entonces con todo su esplendor luminoso, adquirirá el poder de destruir vuestras naturales inclinaciones hacia lo material, tendrá el poder de transformarlas en ascensiones puras y sublimes del espíritu, y de unir vuestro corazón cada vez más estrechamente al Corazón divino de vuestro Señor.

19. El alma cristiana no deja pasar un solo día sin meditar la pasión de Jesucristo.

20. Para que se dé la imitación, es necesaria la meditación diaria y la reflexión frecuente sobre la vida de Jesús; de la meditación y de la reflexión brota la estima de sus obras; y de la estima, el deseo y el consuelo de la imitación.

21. Ten paciencia al perseverar en este santo ejercicio de la meditación y confórmate con comenzar dando pequeños pasos, hasta que tengas dos piernas para correr, y mejor, alas para volar; conténtate con obedecer, que nunca es algo sin importancia para un alma que ha elegido a Dios por su heredad; y resígnate a ser por el momento una pequeña abeja de la colmena que muy pronto se convertirá en una abeja grande, capaz de fabricar la miel.

Humíllate siempre y amorosamente ante Dios y ante los hombres, porque Dios habla verdaderamente al que se presenta ante él con un corazón humilde.

22. No puedo, pues, admitir y, como consecuencia, dispensarte de la meditación sólo porque te parezca que no sacas ningún provecho. El don sagrado de la oración, mi querida hija, lo tiene el Salvador en su mano derecha; y a medida que te vayas vaciando de ti misma, es decir, del amor al cuerpo y de tu propia voluntad, y te vayas enraizando en la santa humildad, el Señor lo irá comunicando a tu corazón.

23. La verdadera causa por la que no siempre consigues hacer bien tus meditaciones yo la descubro, y no me equivoco, está en esto: Te pones a meditar con cierto nerviosismo y con una gran ansiedad por encontrar algo que pueda hacer que tu espíritu permanezca contento y consolado; y esto es suficiente para que no encuentres nunca lo que buscas y no fijes tu mente en la verdad que meditas. Hija mía, has de saber que cuando uno busca con prisas y avidez un objeto perdido, lo tocará con las manos, lo verá cien veces con sus ojos, y nunca lo advertirá.

De esta vana e inútil ansiedad no te puede venir otra cosa que no sea un gran cansancio de espíritu y la incapacidad de la mente para detenerse en el objeto que tiene presente; y la consecuencia de esta situación es cierta frialdad y sin sentido del alma, sobre todo en la parte afectiva.

Para esta situación no conozco otro remedio fuera de éste: salir de esta ansiedad, porque ella es uno de los mayores engaños con los que la virtud auténtica y la sólida devoción pueden jamás tropezar; aparenta enfervorizarse en el bien obrar, pero no hace otra cosa que entibiarse, y nos hace correr para que tropecemos.

24. El que no medita puede hacer como el que no se mira nunca al espejo, que no se preocupa de salir arreglado. Puede estar sucio sin saberlo.

El que medita y piensa en Dios, que es el espejo de su alma, busca conocer sus defectos, intenta corregirlos, se reprime en sus impulsos y pone su conciencia a punto.

25. No sé ni compadecerte ni perdonarte el que con tanta facilidad dejes la comunión y también la santa meditación. Recuerda, hija mía, que no se llega a la salvación si no es por medio de la oración; y que no se vence en la batalla si no es por la oración. A ti te corresponde, pues, la elección.

26. En cuanto a lo que me dices que sientes cuando haces la meditación, has de saber que es un engaño del diablo. Estáte, pues, atenta y vigilante. No dejes jamás la meditación por este motivo; de otro modo, convéncete de que muy pronto serás vencida por completo.

27. Tú, mientras tanto, no te aflijas hasta el extremo de perder la paz interior. Ora con perseverancia, con confianza y con la mente tranquila y serena.

28. Rogad por los malos, rogad por los fervorosos, rogad por el Sumo Pontífice y por todas las necesidades espirituales y temporales de la santa Iglesia, nuestra tiernísima madre; y elevad una súplica especial por todos los que trabajan por la salvación de las almas y por la gloria del Padre celestial.

29. Después del amor a nuestro Señor, te recomiendo, hija, el amor a la Iglesia, su Esposa, a esta querida y dulce paloma, que es la única que puede poner los huevos y procrear los palominos y palominas del Esposo. Da gracias continuas a Dios por ser hija de la Iglesia, a ejemplo de tantas almas que nos han precedido en el feliz tránsito.

Ten gran compasión de todos los pastores, predicadores y guías de almas y contempla cómo están esparcidos por toda la faz de la tierra, porque no hay en el mundo provincia alguna donde no haya muchos. Ruega a Dios por ellos para que, salvándose a sí mismos, procuren fructíferamente la salvación de las almas.

Marzo

1. Padre, tú amas aquello que yo temo. – Respuesta: Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo deseo por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, ¿y qué mas quiero yo?

- Padre, ¿qué es el sufrimiento? – Respuesta: Expiación.

- Y para usted, ¿qué es? – Respuesta: Mi alimento diario, mi ¡delicia!

2. No queremos persuadirnos de que nuestra alma necesita el sufrimiento; de que la cruz debe ser nuestro pan de cada día.

Igual que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la cruz, para purificarse y separarse de las criaturas.

No queremos comprender que Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto más atrae a un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz.

3. En esta tierra cada uno tiene su cruz, pero debemos actuar de modo que no seamos el mal ladrón sino el buen ladrón.

4. El Señor no puede darme un cireneo. Debo hacer sólo la voluntad de Dios; y si le agrado, lo demás no cuenta.

5. En la vida Jesús no te pide que lleves con él su pesada cruz, pero sí un pequeño trozo de su cruz, trozo que se compendia en los dolores de los hombres.

6. En primer lugar quiero decirte que Jesús tiene necesidad de quien llore con él por la iniquidad de los hombres, y por este motivo me lleva por los caminos del sufrimiento, como me lo señalas en tu carta. Pero sea siempre bendito su amor, que sabe mezclar lo dulce con lo amargo y convertir en premio eterno las penas pasajeras de la vida.

7. No temas por nada. Al contrario, considérate muy afortunada por haber sido hecha digna y partícipe de los dolores del Hombre-Dios. No es abandono, por tanto, todo esto, sino amor y amor muy especial que Dios te va demostrando. No es castigo sino amor y amor delicadísimo. Bendice por todo esto al Señor y acepta beber el cáliz de Getsemaní.

8. Comprendo bien, hija mía, que tu Calvario te resulte cada día más doloroso. Pero piensa que Jesús ha llevado a cabo la obra de nuestra redención en el Calvario y que en el Calvario debe cumplirse la salvación de las almas redimidas.

9. Sé que sufres y que sufres mucho, pero ¿no son acaso éstas las alhajas del Esposo?

10. El Señor a veces te hace sentir el peso de la cruz.

Este peso te parece insoportable, y sin embargo tú lo llevas porque el Señor, en su amor y en su misericordia, te tiende la mano y te da la fuerza que necesitas.

11. Ciertas dulzuras interiores son cosas de niños. No son señal de perfección. No dulzuras sino sufrimiento es lo que se precisa. Las arideces, la desgana, la impotencia, éstos son los signos de un amor verdadero. El dolor es agradable. El destierro es bello porque se sufre y así podemos ofrecer algo a Dios. La ofrenda de nuestro dolor, de nuestros sufrimientos, es una gran cosa que no podemos hacer en el cielo.

12. Preferiría mil cruces e incluso me sería dulce y ligera toda cruz, si no tuviese esta prueba de sentirme siempre en la duda de si agrado o no al Señor en mis obras. Es doloroso vivir así… Me resigno, ¡pero la resignación, mi “fiat”, me parece tan frío, tan vacío…! ¡Qué misterio! Confío en Jesús.

13. Ama a Jesús; amalo mucho; pero precisamente por esto, ama cada vez más el sacrificio.

14. El corazón bueno es siempre fuerte; sufre pero oculta sus lágrimas, y se consuela sacrificándose por el prójimo y por Dios.

15. Quien comienza a amar debe estar dispuesto a sufrir.

16. El dolor ha sido amado con deleite por las almas grandes. Es el auxiliar de la creación después de la desgracia de la caída; es la palanca más potente para levantarlo; es el segundo brazo del amor infinito para nuestra regeneración.

17. No temas las adversidades, porque colocan al alma a los pies de la cruz y la cruz la coloca a las puertas del cielo, donde encontrará al que es el triunfador de la muerte, que la introducirá en los gozos eternos.

18. Si sufres aceptando con resignación su voluntad, tú no le ofendes sino que le amas. Y tu corazón quedará muy confortado si piensas que en la hora del dolor Jesús mismo sufre en ti y por ti. El no te abandonó cuando huiste de él; ¿por qué te va a abandonar ahora que, en el martirio que sufre tu alma, le das pruebas de amor?

19. Subamos con generosidad al Calvario por amor de aquél que se inmoló por nuestro amor; y seamos pacientes, seguros de que volaremos hacia el Tabor.

20. Manténte unida a Dios con fuerza y con constancia, consagrándole todos tus afectos, todos tus trabajos y a ti misma toda entera, esperando con paciencia el regreso del hermoso sol, cuando el Esposo quiera visitarte con la prueba de las arideces, de las desolaciones y de la noche del espíritu.

21. Sí, yo amo la cruz, la cruz sola; la amo porque la veo siempre detrás de Jesus.

22. Los verdaderos siervos de Dios han estimado siempre la adversidad, como más conforme al camino que recorrió nuestro Señor, que llevó a cabo la obra de nuestra salvación por la cruz y los desprecios.

23. El destino de las almas elegidas es el sufrir. El sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que conducen a la salvación, ha establecido para concedernos la gloria.

24. Ama siempre el sufrimiento, que, además de ser la obra de la sabiduría divina, nos revela con mayor claridad aún la obra de su amor.

25. Dejad que la naturaleza se queje ante el sufrimiento, porque, si excluimos el pecado, no hay nada más natural. Vuestra voluntad, con la ayuda divina, será siempre superior y, si no abandonáis la oración, el amor divino estará siempre en vuestro espíritu.

26. La vida es un Calvario; pero conviene subirlo alegremente. Las cruces son los collares del Esposo y yo estoy celoso de ellos. Mis sufrimientos son agradables. Sufro solamente cuando no sufro.

27. El Dios de los cristianos es el Dios de las transformaciones. Echáis en su seno el dolor y sacáis la paz; echáis desesperación y veréis surgir la esperanza.

28. Los angeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mio, mirad cómo os amo.

29. El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo.

30. Gozo inmensamente al saber que el Señor es siempre generoso en sus caricias a tu alma. Sé que sufres, pero el sufrimiento ¿no es la prueba cierta de que Dios te ama? Sé que sufres, pero ¿no es este sufrimiento el distintivo de toda alma que ha elegido por su porción y su heredad a Dios, y a un Dios crucificado? Sé que tu alma está siempre envuelta en las tinieblas de la prueba, pero que te baste saber, mi querida hija, que Jesús está contigo y en ti.

31. Acepta todo dolor e incomprensión que vienen de lo Alto. Así te perfeccionarás y te santificarás.

Abril

1. ¿No nos dice el Espíritu Santo que, cuando el alma se acerca a Dios, debe prepararse para la prueba? ¡Animo, pues! ¡Valor!, hija mía. Lucha con fortaleza y tendrás el premio reservado a las almas fuertes.

2. Hay que ser fuertes para llegar a ser grandes: éste es nuestro deber. La vida es una lucha de la que no podemos retirarnos; todo lo contrario, es necesario triunfar.

3. ¡Ay de los que no son honrados! No sólo pierden todo respeto humano sino que, además, no pueden ocupar ningún cargo civil… Por eso, seamos siempre honestos, desechando de nuestra mente todo mal pensamiento; y vivamos con el corazón orientado siempre hacia Dios, que nos ha creado y nos ha puesto en este mundo para conocerle, amarle y servirle en esta vida y después gozar de él eternamente en la otra.

4. Sé que el Señor permite al demonio estos asaltos porque su misericordia os hace agradables a sus ojos, y quiere que os asemejéis a él en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; pero os tenéis que defender alejándolo y despreciando en el nombre de Dios y de la santa obediencia sus malignas insinuaciones.

5. Fíjate bien: siempre que la tentación te desagrade, no tienes por qué temer, pues, ¿por qué te desagrada si no porque no querrías sentirla?

Estas tentaciones tan inoportunas nos vienen de la malicia del demonio, pero el desagrado y el sufrimiento que sentimos por ellas vienen de la misericordia de Dios, que, contra la voluntad de nuestro enemigo, aparta de su malicia la santa tribulación, y por medio de ella purifica el oro que quiere incorporar a sus tesoros.

Digo más: tus tentaciones son del demonio y del infierno, pero tus penas y sufrimientos son de Dios y del paraíso; las madres son de Babilonia, pero las hijas son de Jerusalén. Desprecia las tentaciones y abraza las tribulaciones.

No, no, hija mía, deja que sople el viento y no pienses que el sonido de las hojas sea el rumor de las armas.

6. No os esforcéis por vencer vuestras tentaciones porque este esfuerzo las fortalecería; despreciadlas y no os entretengáis en ellas. Imaginaos a Jesucristo crucificado entre vuestros brazos y sobre vuestro pecho y repetid muchas veces besando su costado: ¡Esta es mi esperanza, ésta es la fuente viva de mi felicidad! ¡Yo os agarraré estrechamente y no os dejaré hasta que me coloquéis en un lugar seguro!

7. Pon fin a estas aprensiones sin sentido. Recuerda que la culpa no está en el sentimiento sino en el consentir a tales sentimientos. Sólo la voluntad que actúa libremente es capaz del bien y del mal. Pero cuando la voluntad gime bajo la prueba del tentador y no quiere aquello que se le presenta, allí no sólo no hay culpa sino que hay virtud.

8. Que no te asusten las tentaciones; son la prueba a la que Dios somete al alma cuando la ve con las fuerzas necesarias para mantener el combate y para ir tejiendo con sus propias manos la corona de la gloria.

Hasta ahora tu vida ha sido de niña; ahora el Señor quiere tratarte como a adulta. Y porque las pruebas de la vida adulta son muy superiores a las de quien todavía es un niño, por eso al comienzo te encuentras desorganizada; pero la vida del alma adquirirá la calma y tú recobrarás la quietud. Ten paciencia por un poco más de tiempo; todo será para tu bien.

9. Las tentaciones contra la fe y la pureza son mercancía que ofrece el enemigo; pero no hay que tenerle miedo sino despreciarlo.

Mientras siga alborotando, es señal de que todavía no se ha apoderado de la voluntad.

Tú no te desasosiegues por lo que estás experimentando de parte de este ángel rebelde; que tu voluntad se mantenga siempre contraria a estas instigaciones, y vive tranquila que ahí no hay culpa sino complacencia de Dios y ganancia para tu alma.

10. A él debes recurrir en los asaltos del enemigo, en él debes poner tu esperanza, y de él debes esperar todo bien.

No te detengas voluntariamente en aquello que el enemigo te presenta.

Recuerda que vence el que huye; y tú, ante los primeros movimientos de aversión hacia aquellas personas, debes apartar el pensamiento y recurrir a Dios.

Dobla tu rodilla ante él y con grandísima humildad repite esta breve súplica: “Ten misericordia de mí, que soy una pobre enferma”.

Después levántate y con santa indiferencia continúa en tus asuntos.

11. Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del enemigo tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante.

12. Anímate y no temas las obscuras iras de Lucifer. Métete esto en la cabeza para siempre: es una buena señal que el enemigo alborote y ruja en torno a tu voluntad, porque esto demuestra que él no está dentro.

¡Animo!, mi queridísima hija. Pronuncio esta palabra con gran sentimiento y, en Jesús, te repito: ¡ánimo!; no hay que temer mientras podamos decir con decisión, aunque sea sin sentirlo: ¡Viva Jesús!

13. Ten por seguro que cuanto más grata es un alma a Dios más tiene que ser probada. Por eso, ¡valor! y ¡siempre adelante!

14. Comprendo que las tentaciones más que purificar el espíritu parece que lo manchan; pero escuchemos cuál es el lenguaje de los santos; y a este propósito, os baste saber lo que, entre otros, dice San Francisco de Sales: que las tentaciones son como el jabón, que, extendido sobre la tela, parece que la ensucia cuando en realidad la limpia.

15. Vuelvo a inculcaros una vez más la confianza; nada puede temer el alma que confía en su Señor y que pone en él su esperanza. El enemigo de nuestra salvación está siempre rondándonos para arrancarnos de nuestro corazón el ancla que debe conducirnos a la salvación, quiero afirmar la confianza en Dios nuestro Padre; agarremos con fuerza esta ancla y no permitamos nunca que nos abandone ni un solo instante, de otro modo todo estaría perdido.

16. Oh, ¡qué felicidad en las luchas del espíritu! Basta querer saber combatir siempre, para salir vencedor con toda seguridad.

17. Estáte atenta para no desanimarte nunca al verte rodeada de debilidades espirituales. Si Dios te deja caer en alguna debilidad, no es para abandonarte, sino sólo para afianzarte en la humildad y hacerte más atenta en el futuro.

18. Marchad con sencillez por el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu.

Tenéis que odiar vuestros defectos, pero con un odio tranquilo y no con el que inquieta y quita la paz.

19. La confesión, que es la purificación del alma, hay que hacerla a más tardar cada ocho días; yo no me puedo resignar a tener a las almas más de ocho días alejadas de la confesión.

20. El demonio tiene una única puerta para entrar en nuestro espíritu: la voluntad; no existen puertas secretas. Nada es pecado si no ha sido cometido por la voluntad. Cuando no entra en juego la voluntad, no se da el pecado, sino la debilidad humana.

21. El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Manténte, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará.

22. No abandonéis vuestra alma a la tentación, dice el Espíritu Santo, pues la alegría del corazón es la vida del alma y un tesoro inagotable de santidad; mientras que la tristeza es la muerte lenta del alma y no es útil para nada.

23. Nuestro enemigo, provocador de nuestros males, se hace fuerte con los débiles; pero con aquél que le hace frente con valentía resulta un cobarde.

24. Si conseguimos vencer la tentación, ésta produce el efecto que la lejía en la ropa sucia.

25. Sufriría mil veces la muerte antes que ofender al Señor deliberadamente.

26. No se debe volver ni con el pensamiento ni en la confesión a los pecados ya acusados en confesiones anteriores. Por nuestra contrición Jesús los ha perdonado en el tribunal de la penitencia. Allí él se ha encontrado ante nosotros como un acreedor de frente a un deudor insolvente. Con un gesto de infinita generosidad ha rasgado, ha destruido, las letras de cambio firmadas por nosotros al pecar, y que no habríamos podido pagar sin la ayuda de su clemencia divina. Volver sobre aquellas culpas, querer exhumarlas de nuevo con el solo fin de obtener una vez más el perdón, sólo por la duda de que no hayan sido verdaderamente y generosamente perdonadas, ¿no habría que considerarlo como un acto de desconfianza hacia la bondad de la que había dado prueba al destruir él mismo todo título de la deuda que contrajimos al pecar? Vuelve, si esto puede ser motivo de consuelo para tu alma, vuelve tu pensamiento a las ofensas infligidas a la justicia, a la sabiduría, a la infinita misericordia de Dios, pero sólo para derramar sobre ellas las lágrimas redentoras del arrepentimiento y del amor.

27. En el alboroto de las pasiones y de las situaciones difíciles nos sostenga en pie la grata esperanza de su inagotable misericordia. Corramos confiadamente al tribunal de la penitencia donde él con anhelo de padre nos espera en todo momento; y aún sabiendo que somos insolventes, no dudemos del perdón que se pronuncia solemnemente sobre nuestros errores. ¡Pongamos sobre ellos, como la ha puesto el Señor, una piedra sepulcral!

28. Las tinieblas que a veces obscurecen el cielo de vuestras almas son luz: por ellas os creéis en la obscuridad y tenéis la impresión de encontraros en medio de una zarza ardiente. En efecto, cuando la zarza arde, el aire se llena de nubes y el espíritu desorientado teme no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al alma: que oye, entiende, ama y tiembla.

¡No esperéis, pues, al Tabor para ver a Dios, cuando ya lo contemplasteis en el Sinaí.

29. Camina con alegría y con un corazón lo más sincero y abierto que puedas; y cuando no puedas mantener esta santa alegría, al menos no pierdas nunca el valor y la confianza en Dios.

30. Todas las pruebas a las que el Señor os somete y os someterá son señales de su divino amor y alhajas para el alma. Pasará, mis queridas hijas, el invierno y llegará la interminable primavera, tanto más rica de bellezas cuanto más duras fueron las tempestades.

Mayo

1. Quando se pasa ante una imagen de la Virgen hay que decir:

“Te saludo, María.

Saluda a Jesús

de mi parte”.

2. Escucha, Madrecita: yo te quiero mucho más que a todas las criaturas de la tierra y del cielo… después de Jesús, naturalmente…; pero te quiero mucho.

3. Madrecita hermosa, Madrecita querida, eres bella. Si no existiera la fe, los hombres te llamarían diosa. Tus ojos son más resplandecientes que el sol; eres bella, Madrecita; yo me glorío de ello, te amo, ¡ah!, ayúdame.

4. María sea la estrella que os ilumine la senda, os muestre el camino seguro para llegar al Padre del cielo; sea como el ancla a la que os debéis sujetar cada vez más estrechamente en el tiempo de la prueba.

5. María sea la razón única de tu existencia y te guíe al puerto seguro de la salvación eterna. Sea para ti dulce modelo e inspiradora en la virtud de la santa humildad.

6. Si Jesús se manifiesta, agradecédselo; y si se oculta, agradecédselo también; todo es broma de amor. La Virgen clemente y piadosa continúe alcanzándoos de la inefable bondad del Señor la fuerza para sobrellevar hasta el final tantas pruebas de amor como os concede. Yo os deseo que lleguéis a morir con Jesús en la cruz y que podáis exclamar en él dulcemente: “Se ha cumplido”.

7. Oh María, madre dulcísima de los sacerdotes, mediadora y dispensadora de todas las gracias: desde lo íntimo de mi corazón te ruego y te suplico encarecidamente que hoy, mañana y siempre des gracias a Jesús, el fruto bendito de tu vientre.

8. La humanidad quiere su parte. También María, la Madre de Jesús, sabía que, por medio de la muerte de su Hijo, se realizaba la redención del género humano, y sin embargo también ella ha llorado y sufrido; y ¡cuánto ha sufrido!

9. María convierta en gozo todos los dolores de tu vida.

10. No os entreguéis tan intensamente a la actividad de Marta que olvidéis el silencio y el abandono de María. La Virgen, que concilia tan perfectamente ambas cosas, os sirva de dulce modelo y de inspiración.

11. María hermosee y perfume continuamente tu alma con nuevas virtudes y te proteja con su amor maternal. Manténte cada vez más unida a la Madre del cielo, porque ella es el mar a través del cual se alcanzan las playas de los esplendores eternos en el reino de la aurora.

12. Trae a tu memoria lo que sucedía en el corazón de nuestra Madre del cielo al pie de la cruz. Es tan intenso su dolor que permanece petrificada ante su Hijo crucificado, pero no puedes decir que haya sido abandonada. Al contrario, ¿cuándo la amó más y mejor que cuando sufría y ni siquiera le era posible llorar?

13. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor por Jesús, crucificado por tu eterna salvación.

La Virgen Dolorosa te acompañará y te servirá de dulce inspiración.

14. Hijo, tú no sabes qué produce la obediencia. Mira: por un sí, por un solo sí, “fiat secundum verbum tuum”, por hacer la voluntad de Dios, María llega a ser Madre del Altísimo, confesándose su esclava, pero conservando la virginidad que tan grata era a Dios y a ella.

Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la salvación, la humanidad fue redimida.

Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios y digamos siempre sí al Señor.

15. Correspondamos también nosotros, que hemos sido regenerados en el santo bautismo, a la gracia de nuestra vocación a imitación de la Inmaculada, Madre nuestra. Apliquémonos incesantemente al estudio de Dios para conocerlo, servirlo y amarlo cada vez mejor.

16. Madre mía, infunde en mí aquel amor que ardía en tu corazón por él; en mí, que, cubierto de miserias, admiro en ti el misterio de tu inmaculada concepción y que ardientemente deseo que, por ese misterio, purifiques mi corazón para amar a mi Dios y a tu Dios, mi mente para elevarme hasta él y contemplarlo, adorarlo y servirlo en espíritu y verdad, el cuerpo para que sea su tabernáculo menos indigno de poseerlo cuando se digne venir a mí en la santa comunión.

17. Padre, hoy es la Dolorosa. Dígame una palabra. Respuesta: La Virgen Dolorosa nos quiere bien, nos ha dado a luz en el dolor y en el amor. No se aparte jamás de tu mente la Dolorosa y sus dolores queden grabados en tu corazón; y lo encienda de amor a ella y a su Hijo.

18. El alma bienaventurada de María, como paloma a la que se libera de los lazos, se separó de su santo cuerpo y voló al seno de su Amado.

19. Después de la ascensión de Jesucristo al cielo, María ardía continuamente en el más vivo deseo de reunirse con él. En ausencia de su divino Hijo, le parecía encontrarse en el más duro destierro.

Aquellos años en los que tuvo que estar separada de él, fueron para ella el más lento y doloroso martirio, martirio de amor que la consumía lentamente.

20. Jesús, que reinaba en el cielo con la humanidad santísima que había tomado en las entrañas de la Virgen, quiso que también su Madre, no sólo con el alma sino también con el cuerpo, se reuniera con él y compartiera plenamente su gloria.

Y esto era totalmente justo y merecido. Aquel cuerpo, que no fue ni por un sólo instante esclavo del demonio y del pecado, no debía serlo tampoco de la corrupción.

21. Procura conformarte siempre y en todo a la voluntad de Dios en todos los acontecimientos, y no tengas miedo. Esta conformidad es el camino seguro para llegar al cielo.

22. Yo deseo, y no lo ignoráis, morir o amar a Dios, es decir, la muerte o el amor, ya que la vida sin este amor es peor que la muerte. ¡Hijas mías, ayudadme! Yo muero y agonizo en cada momento.

Todo me parece un sueño y no sé dónde me muevo.

¡Dios mío!, ¿cuándo llegará la hora en que también yo pueda cantar: “éste es mi descanso, oh Dios, para siempre”?

23. Practica la penitencia de pensar con dolor en las ofensas hechas a Dios; la penitencia de ser constante en el bien, la penitencia de luchar contra tus defectos.

24. Confieso ante todo la gran desgracia que supone para mí el no saber expresar y sacar fuera este gran volcán siempre encendido que me abrasa y que Jesús ha metido dentro de este corazón tan pequeño. Todo se resume en esto: vivo devorado por el amor de Dios y por el amor del prójimo.

25. La ciencia, hijo mío, por muy grande que sea, es siempre algo muy pobre; y es menos que nada en comparación con el formidable misterio de la divinidad. Debes encontrar otros caminos. ¡Limpia tu corazón de toda pasión terrena, humíllate en el polvo y ora! De ese modo encontrarás con certeza a Dios, que te dará la serenidad y la paz en esta vida y la beatitud eterna en la otra.

26. ¿Has visto algún campo de trigo en plena madurez? Podrás observar que algunas espigas son altas y vigorosas; otras, en cambio, están dobladas hacia el suelo.

Prueba a coger las altas, las más vanidosas, y verás que están vacías; si, por el contrario, coges las que están más bajas, las más humildes, verás que están cargadas de granos.

De esto podrás concluir que la vanidad es algo vacío.

27. Nos conviene esforzarnos mucho para llegar a ser santos y servir intensamente a Dios y al prójimo.

28. Hagámonos santos; de este modo, después de haber vivido juntos en la tierra, estaremos juntos para siempre en el cielo.

29. ¡Oh Dios!, hazte sentir cada vez más en mi pobre corazón y realiza en mí la obra que has comenzado. Siento en lo íntimo una voz que me dice insistentemente: santifícate y santifica. Pues bien, queridísima mía, es esto lo que yo quiero, pero no sé por dónde comenzar. Ayúdame, pues; sé que Jesús te quiere muchísimo y lo mereces. Háblale, pues, de mí que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de san Francisco, que pueda servir de ejemplo a mis hermanos de modo que el fervor continúe siempre y crezca siempre más en mí de forma que haga de mí un perfecto capuchino.

30. Sé, pues, siempre fiel a Dios en el cumplimiento de las promesas que le has hecho y no te preocupes de las burlas de los ignorantes. Debes saber que los santos jamás se han preocupado del mundo y de los mundanos y han puesto bajos sus pies al mundo con sus máximas.

31. El campo de batalla entre Dios y Satanás es el alma humana. En ella se desarrolla en todos los momentos de la vida. Es necesario que el alma deje acceso libre al Señor y que sea fortalecida por él en todas partes con toda clase de armas; que sea iluminada por su luz para combatir las tinieblas del error; que sea revestida de Jesucristo, de su verdad y justicia, del escudo de la fe, de la palabra de Dios, para vencer a enemigos tan poderosos. Para ser revestidos de Jesucristo es necesario morir a sí mismos.

Octubre

1. Recorred con sencillez el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu. Odiad, sí, vuestros defectos pero con un odio tranquilo y no perturbador e inquieto. Es necesario tener paciencia con ellos y sacar ventaja de los mismos por un santo abajamiento. Cuando falta esta paciencia, mis buenas hijas, vuestras imperfecciones, en vez de disminuir, crecen cada vez más, porque no hay nada que nutra tanto nuestros defectos como la inquietud y la preocupación por quererlos alejar.

2. Guardaos de la ansiedad y de las inquietudes, porque no hay cosa que impida tanto el caminar hacia la perfección. Pon, hija mía, dulcemente tu corazón en las llagas de nuestro Señor, pero no a base de esfuerzos. Ten gran confianza en su misericordia y en su bondad. El no te abandonará jamás, pero no dejes por eso de abrazar estrechamente su santa cruz.

3. No te inquietes cuando no puedes meditar, no puedes comulgar o no puedes llegar a todas las prácticas de devoción. En esta situación, busca suplirlas de otro modo, manteniéndote unida a nuestro Señor con una voluntad amorosa, con las oraciones jaculatorias, con las comuniones espirituales.

4. Caminamos, pues, siempre, incluso cuando nuestro paso es lento; pues si nuestro afecto es bien intencionado y decidido, no podemos sino caminar bien. No, mis querídisimas hijas, no es necesario para el ejercicio de la virtud estar atentas siempre y en cada momento a todas las virtudes; esto, en verdad, embrollaría y enredaría demasiado vuestros pensamientos y afectos.

5. Expulsa de una vez por todas la perplejidad y las ansiedades y goza en paz de las dulcísimas penas del Amado.

6. Tu predicación sea la inmolación continua de ti misma, el ser en todas partes como una delicada aparición y como la sonrisa de Dios.

7. Siento que se me rompe el corazón en el pecho al conocer tus sufrimientos, y no sé qué haría para que te consueles. Pero, ¿por qué inquietarte tanto? ¿Por qué te turbas? ¡Fuera tanta inquietud, hija mía! Jamás te he visto tan regalada de tantas joyas por parte de Jesús como ahora. Jamás te he visto tan querida de Jesús como en este momento. Por tanto, ¿qué motivo tienes para temer, temblar y asustarte? Tu temor y temblor se parecen al de un niño que está en los brazos de su mamá. Por lo mismo, tu temor es tonto e inútil.

8. No tengo nada concreto que reprobar en ti, fuera de esa inquietud un tanto amarga que se da en ti y que no te deja gustar toda la dulzura de la cruz. Corrígete de esto y continúa haciendo lo que has hecho hasta ahora, porque vas bien.

9. Te ruego además que no te angusties por lo que voy sufriendo y sufriré; porque el sufrimiento, por muy grande que sea, comparado con el bien que nos espera, resulta agradable para el alma.

10. Mantén tu espíritu tranquilo y confíate por completo a Jesús cada vez más. Esfuérzate por identificarte siempre y en todo con la divina voluntad, tanto en las cosas favorables como en las adversas, y no te preocupes por el mañana.

11. No temas por tu espíritu: son bromas, predilecciones y pruebas del Esposo celestial, que quiere asemejarte a él. Jesús mira las disposiciones y los buenos deseos de tu alma, que son óptimos; y los acepta y premia; y no mira tu imposibilidad e incapacidad. Por tanto, manténte tranquila.

12. No te fatigues en cosas que producen inquietud, perturbaciones y afanes. Sólo una cosa es necesaria: elevar el espíritu y amar a Dios.

13. Te afanas, mi buena hija, por buscar al sumo Bien. Está en verdad dentro de ti y te tiene tendida sobre la desnuda cruz, alentando fuerza para que soportes ese martirio insostenible y amor para que ames amargamente al Amor. Por lo mismo, el temor a haberlo perdido y a haberle disgustado sin darte cuenta no tiene fundamento alguno, porque él está tan cercano y unido a ti. Tampoco tiene sentido el agobio por el porvenir, ya que la situación actual es una crucifixión de amor.

14. Pobres y desgraciadas las almas que se arrojan en el torbellino de las preocupaciones mundanas. Cuanto más aman el mundo más se multiplican sus pasiones, más se encienden sus deseos, más incapaces se sienten para sus proyectos; y de ahí las inquietudes, las impaciencias, los choques terribles que despedazan sus corazones, que no palpitan de caridad y de santo amor. Roguemos por estas almas desgraciadas, miserables. Que Jesús les perdone y las atraiga hacia sí con su infinita misericordia.

15. No se debe actuar con maneras violentas si no se quiere correr el riesgo de no conseguir nada. Es necesario revestirse de gran prudencia cristiana.

16. Hijas, acordaos de que yo soy tan enemigo de los deseos inútiles como de los deseos peligrosos y malos; porque, aunque sea bueno aquello que se desea, ese deseo es siempre defectuoso en relación a nosotros, sobre todo cuando anda mezclado con una preocupación excesiva, ya que Dios no exige este bien, sino algún otro en el que quiere que nos ejercitemos.

17. En cuanto a las pruebas espirituales a las que te va sometiendo la paternal bondad del Padre del cielo, te ruego que te resignes y que, en cuanto te sea posible, estés tranquila, fiándote de las aseveraciones de quien ocupa el lugar de Dios, te ama en él y te desea toda clase de bienes, y te habla en su nombre. Sufres, es verdad, pero con resignación; sufres, pero no temas, porque Dios está contigo y tú no le ofendes sino que le amas. Sufres, pero cree que Jesús mismo sufre en ti y por ti y contigo. Jesús no te abandonó cuando huías de él, mucho menos te abandonará de ahora en adelante cuando tú quieres amarlo.

18. No te debes confundir al intentar conocer si has consentido o no. Tu estudio y tu vigilancia estén orientadas a la rectitud de intención que debes tener al actuar y al combatir siempre, con valor y generosidad, las artes malignas del espíritu maligno.

19. Manténte siempre con alegría en paz con tu conciencia, dándote cuenta de que estás al servicio de un Padre infinitamente bueno, que, impulsado sólo por su ternura, desciende hasta su criatura para elevarla y transformarla en él, su Creador. Y huye de la tristeza, porque ésta entra en los corazones que están apegados a las cosas mundanas.

20. No hay que desanimarse; porque si existe en el alma el esfuerzo continuo por mejorar, al fin el Señor la premia, haciéndola florecer de golpe en todas las virtudes, como en un jardín florecido.

21. Procura no inquietar tu alma ante el triste espectáculo de la injusticia humana, que tiene también un valor en la economía de las cosas. Sobre esta injusticia verás un día el triunfo definitivo de la justicia de Dios.

22. El Sabio alaba a la mujer fuerte: “Sus dedos, dice, sostienen el huso” (Prov 31,19).

Con gusto os diré algunas cosas sobre estas palabras. Vuestra rueca es el cúmulo de vuestros deseos. Por eso, hilad todos los días un poco, tirad hilo a hilo de vuestros proyectos hasta su ejecución, y sin duda alguna los veréis cumplidos. Pero estad atentos para no apresuraros, porque enredaríais el hilo con nudos y embrollaríais vuestro huso.

Por tanto, caminad siempre; y aunque vayáis avanzando lentamente, haréis un gran viaje.

23. La ansiedad es una de las mayores trampas que la virtud auténtica y la devoción vigorosa pueden encontrar; aparenta enfervorizarse en el bien obrar, pero no lo hace sino para enfriarse, y no nos hace correr sino para que tropecemos, y por eso hay que estar alerta en todo momento, y de modo particular en la oración; y para conseguirlo mejor, será bueno acordarse de que las gracias y los gustos de la oración no son aguas de esta tierra sino del cielo; y que, por eso, todos nuestros esfuerzos no bastan para conseguirlos, y que, si es necesario prepararse con suma diligencia, ha de ser siempre con humildad y sosiego: hay que tener el corazón abierto hacia el cielo y esperar de allí el rocío celestial.

24. ¿Por qué os tiene que preocupar el que Jesús os quiera llevar a la patria celestial por los desiertos o por los campos, si por los primeros y por los segundos se llega del mismo modo a la eterna bienaventuranza? Alejad de vosotros toda preocupación excesiva que brota de las pruebas con las que el buen Dios quiere visitaros; y si esto no es posible, apartad el pensamiento y vivid resignados en todo al divino querer.

25. Tengamos bien esculpido en nuestra mente lo que dice el divino Maestro: en nuestra paciencia poseeremos nuestra alma.

26. No pierdas el ánimo si te toca trabajar mucho y recoger poco… Si pensases cuánto le cuesta a Jesús una sola alma, no te lamentarías por ello.

27. El espíritu de Dios es espíritu de paz, y hasta en las faltas más graves nos hace experimentar un arrepentimiento tranquilo, humilde, confiado, que depende precisamente de su misericordia. El espíritu del maligno, en cambio, excita, exaspera y nos hace experimentar, en el arrepentimiento mismo, una especie de ira contra nosotros mismos, siendo así que el primer acto de caridad debemos dirigirlo a nosotros mismos. Por tanto, si te turban algunos pensamientos, piensa que esta turbación no viene nunca de Dios, sino del diablo. Dios te regala la serenidad porque es espíritu de paz.

28. Si somos apacibles y pacientes, nos encontraremos no sólo a nosotros mismos sino también nuestra alma y con ella a Dios.

29. La lucha que se lleva a cabo antes de la obra buena que se pretende realizar, es como la antífona que precede al salmo solemne que se va a cantar.

30. El impulso para alcanzar la paz eterna es bueno y santo, pero es necesario moderarlo con la completa resignación al querer divino. Es mejor cumplir la voluntad de Dios en la tierra que gozar en el paraíso. “Sufrir y no morir” era el lema de Santa Teresa. Es dulce el purgatorio cuando se sufre por amor de Dios.

31. La paciencia es tanto más perfecta cuanto menos se mezcla con inquietudes y desasosiegos. Si el buen Dios quiere prolongar el tiempo de la prueba, no os lamentéis ni indaguéis el porqué. Tened siempre presente que los hijos de Israel tuvieron que caminar durante cuarenta años por el desierto antes de poner su pie en la tierra prometida.

Diciembre

1. No te importe perder, hijo mío, deja que publiquen lo que quieran. Temo el juicio de Dios y no el de los hombres. Que lo único que nos asuste sea el pecado, porque ofende a Dios y nos deshonra.

2. La bondad divina no sólo no rechaza a las almas arrepentidas, sino que va también en busca de las contumaces.

3. Cuando estéis en la abyección, haced como el martín pescador que construye su nido en los mástiles de las naves; es decir, levantaos de la tierra, elevaos con el pensamiento y con el corazón hacia Dios, que es el único que os puede consolar y daros fuerza para sobrellevar santamente la prueba.

4. Tu reino no está lejos y tú haces participar de tu triunfo en la tierra para después hacer partícipes de tu reino en el cielo. Haz que, al no poder dar cabida a la comunicación de tu amor, prediquemos con el ejemplo y con las obras tu divina realeza. Toma posesión de nuestros corazones en el tiempo para poseerlos en la eternidad. Que nunca nos retiremos de debajo de tu cetro, y ni la vida ni la muerte consigan separarnos de ti. Que nuestra vida sea una vida sacada de ti a grandes sorbos de amor para expandirla sobre la humanidad y que nos haga morir en cada momento para vivir sólo de ti y derramarte en nuestros corazones.

5. Hagamos el bien mientras disponemos del tiempo, y daremos gloria a nuestro Padre del cielo, nos santificaremos a nosotros mismos, y daremos buen ejemplo a los demás.

6. Cuando no consigas avanzar a grandes pasos por el camino que conduce a Dios, conténtate con dar pequeños pasos y espera pacientemente a tener piernas para correr, o mejor alas para volar. Confórmate, hija mía, con ser por el momento una pequeña abeja en la colmena, que muy pronto llegará a ser una gran abeja capaz de fabricar la miel.

7. Humillate amorosamente delante de Dios y de los hombres porque Dios habla a quien tiene las orejas bajas. Ama el silencio, porque en el mucho hablar hay siempre algo de culpa. Manténte en el retiro cuanto te sea posible, porque en el retiro el Señor habla al alma libremente y el alma está en mejor situación para escuchar su voz. Reduce tus visitas y sopórtalas cristianamente cuando te las hagan a ti.

8. Dios se le sirve únicamente cuando se le sirve como él quiere.

9. En resumen, no filosoféis sobre vuestros defectos y tampoco repliquéis; continuad vuestro camino sin rodeos. No. Dios no puede abandonaros cuando vosotros, por no perderlo, permanecéis firmes en vuestras decisiones. Que el mundo se destruya, que todo esté en tinieblas, en humo, en confusión…, pero Dios está con nosotros. ¿De qué, pues, vamos a tener miedo? Si Dios habita en las tinieblas y sobre el monte Sinaí, entre relámpagos y truenos, ¿no debemos estar contentos sabiendo que estamos cerca de él?

10. Agradece y besa dulcemente la mano de Dios que te pega; es siempre la mano de un padre que te pega porque te quiere bien.

11. El miedo es un mal peor que el mismo mal.

12. El dudar es el mayor insulto a la divinidad.

13. Es por medio de las pruebas que Dios une a sí a las almas que ama.

14. Quien se apega a la tierra queda apegado a ella. Es mejor despegarse poco a poco que hacerlo de golpe. Pensemos siempre en el cielo.

15. Tener miedo de perderte entre los brazos de la divina bondad es algo más extraño que el temor del niño estrechado entre los brazos de su madre.

16. ¡Animo!, mi querida hija; tienes que cultivar atentamente ese corazón bien formado y no ahorrar nada que le pueda ser útil para su felicidad. Y si es cierto que esto puede y debe hacerse en toda estación, es decir, en toda edad. La edad que tú tienes es la más apropiada.

17. En sus lecturas, hay poco que admirar y casi nada que edifique. Os es necesario del todo que, a esas lecturas, añada la de los libros santos (=Sagrada Escritura), tan recomendada por todos los santos padres. Y yo, a quien me apremia tanto su perfección, no puedo eximirle de estas lecturas espirituales. Conviene (si quiere obtener de tales lecturas tan inesperado fruto) que deponga sus prejuicios sobre el estilo y la forma con que se presentan estos libros. Esfuércese por cumplir esto y encomiéndelo al Señor. En todo esto se oculta un grave engaño y yo no se lo puedo ocultar.

18. Todas las fiestas de la Iglesia son bellas… La Pascua, sí, es la glorificación…, pero la Navidad tiene una ternura, una dulzura infantil, que me conquista por entero el corazón.

19. Tus ternuras conquistan mi corazón y quedo aprisionado por tu amor, Niño celestial. Deja que al contacto con tu fuego, mi alma se derrita por amor, y que tu fuego me consuma, me abrase, me convierta en cenizas aquí a tus pies y permanezca derretido por amor y glorifique tu bondad y tu caridad.

20. Pobreza, humildad, bajeza, desprecio, rodean al Verbo hecho carne; pero nosotros, en la obscuridad en la que está envuelto este Verbo hecho carne, comprendemos una cosa, oímos una voz, entrevemos una sublime verdad. Todo esto lo has hecho por amor, y no nos invitas más que al amor, no nos hablas más que de amor, no nos das más que pruebas de amor.

21. Madre mía María, condúceme contigo a la gruta de Belén y concédeme abismarme en la contemplación de lo que, tan grande y sublime, va a acontecer en el silencio de esta grande y bella noche.

22. Jesús Niño sea la estrella que te guíe a través del desierto de esta vida.

23. La fe también nos guía a nosotros. Y nosotros, detrás de su luz, seguimos seguros el camino que nos conduce a Dios, a su patria; como los santos magos, que, guiados por la estrella, símbolo de la fe, llegaron al lugar deseado.

24. Tu entusiasmo no sea amargo ni puntilloso, sino libre de todo defecto; que sea dulce, benigno, gracioso, pacífico y animoso. ¡Ah!, mi buena hija, ¿quién no ve en el querido y pequeño Niño de Belén, a cuya venida nos estamos preparando, quién no ve, digo, que su amor por las almas no tiene parangón? El viene a morir para salvar, y es tan humilde, tan dulce, tan amable.

25. Vive alegre y animosa, al menos en las facultades superiores del alma, en medio de las pruebas en las que el Señor te pone. Vive alegre y animosa, repito, porque el ángel, que preconiza el nacimiento de nuestro pequeño Salvador y Señor, anuncia cantando y canta anunciando que él promulga alegría, paz y felicidad, a los hombres de buena voluntad, para que no haya nadie que ignore que, para recibir a este Niño, basta ser de buena voluntad.

26. Jesús desde su nacimiento nos indica nuestra misión, que es la de despreciar lo que el mundo ama y busca.

27. Jesús llama a los pobres y sencillos pastores por medio de los ángeles para manifestarse a ellos. Llama a los sabios por medio de su misma ciencia. Y todos, movidos por la fuerza interna de su gracia, corren hacia él para adorarlo. Nos llama a todos nosotros con divinas inspiraciones y se nos comunica a nosotros con su gracia. ¿Cuántas veces nos ha invitado amorosamente también a nosotros? Y nosotros ¿con qué prontitud le hemos correspondido? Dios mío, me ruborizo y me lleno de confusión al tener que responder a esta pregunta.

28. Los mundanos, enfrascados en sus negocios, viven en la obscuridad y en el error, y no se preocupan de conocer las cosas de Dios, ni piensan en su salvación eterna, ni se cuidan de conocer la venida de aquel Mesías esperado y suspirado por las naciones, profetizado y anunciado por los profetas.

29. Cuando llegue nuestra última hora y cesen los latidos de nuestro corazón, todo habrá terminado para nosotros y también el tiempo de merecer y de desmerecer. Tal como nos encuentre la muerte, nos presentaremos a Cristo juez. Nuestros gritos de súplica, nuestras lágrimas, nuestros suspiros de arrepentimiento, que, todavía en la tierra, nos habrían ganado el corazón de Dios y con la ayuda de los sacramentos nos habrían podido cambiar de pecadores en santos, en ese momento ya no sirven para nada; el tiempo de la misericordia ha terminado y comienza el tiempo de la justicia.

30. Es difícil hacerse santos. Difícil pero no imposible. El camino de la perfección es largo, como es larga la vida de cada uno. El consuelo es el descanso en el camino; pero, apenas recuperados, hay que levantarse con solicitud y reemprender la carrera.

31. La palma de la gloria está reservada para el que combate con valentía hasta el fin. Comencemos, pues, este año, nuestro santo combate. Dios nos asistirá y nos coronará con un triunfo eterno.

El Hijo de Dios, Dios mismo, Dios de Dios, se hizo hombre. El Padre le dice: “Tu eres mi hijo”. El eterno hoy de Dios ha descendido en el hoy efímero del mundo, arrastrando nuestro hoy pasajero al hoy perenne de Dios. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan poderoso que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso para que podamos amarlo. Dios es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, se nos comunique y continúe actuando a través de nosotros. Esto es la Navidad: “Tu eres mi hijo, hoy yo te he engendrado”. Dios se ha hecho uno de nosotros para que podamos estar con él, para que podamos llegar a ser semejantes a él. Ha elegido como signo suyo al Niño en el pesebre: él es así. De este modo aprendemos a conocerlo. Y en todo niño resplandece algún destello de aquel “hoy”, de la cercanía de Dios que debemos amar y a la cual hemos de someternos; en todo niño, también en el que aún no ha nacido.

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Actualicemos unos con otros la bondad del Señor.

Himno a la grandeza y bondad de Dios
Acabamos de orar con la plegaria del salmo 144, una gozosa alabanza al Señor que es ensalzado como soberano amoroso y tierno, preocupado por todas sus criaturas.

La liturgia nos propone este himno en dos momentos distintos, que corresponden también a los dos movimientos poéticos y espirituales del mismo salmo. Ahora reflexionaremos en la primera parte, que corresponde a los versículos 1-13.

Este salmo es un canto elevado al Señor, al que se invoca y describe como “rey” (cf. Sal 144, 1), una representación divina que aparece con frecuencia en otros salmos (cf. Sal 46; 92; 95; y 98). Más aún, el centro espiritual de nuestro canto está constituido precisamente por una celebración intensa y apasionada de la realeza divina. En ella se repite cuatro veces -como para indicar los cuatro puntos cardinales del ser y de la historia- la palabra hebrea malkut, “reino” (cf. Sal 144, 11-13).

Sabemos que este simbolismo regio, que será central también en la predicación de Cristo, es la expresión del proyecto salvífico de Dios, el cual no es indiferente ante la historia humana; al contrario, con respecto a ella tiene el deseo de realizar con nosotros y por nosotros un proyecto de armonía y paz. Para llevar a cabo este plan se convoca también a la humanidad entera, a fin de que cumpla la voluntad salvífica divina, una voluntad que se extiende a todos los “hombres”, a “todas las generaciones” y a “todos los siglos”. Una acción universal, que arranca el mal del mundo y establece en él la “gloria” del Señor, es decir, su presencia personal eficaz y trascendente.

2. Hacia este corazón del Salmo, situado precisamente en el centro de la composición, se dirige la alabanza orante del salmista, que se hace portavoz de todos los fieles y quisiera ser hoy el portavoz de todos nosotros. En efecto, la oración bíblica más elevada es la celebración de las obras de salvación que revelan el amor del Señor con respecto a sus criaturas. En este salmo se sigue exaltando “el nombre” divino, es decir, su persona (cf. vv. 1-2), que se manifiesta en su actuación histórica: en concreto se habla de “obras”, “hazañas”, “maravillas”, “fuerza”, “grandeza”, “justicia”, “paciencia”, “misericordia”, “gracia”, “bondad” y “ternura”.

Es una especie de oración, en forma de letanía, que proclama la intervención de Dios en la historia humana para llevar a toda la realidad creada a una plenitud salvífica. Nosotros no estamos a merced de fuerzas oscuras, ni vivimos de forma solitaria nuestra libertad, sino que dependemos de la acción del Señor, poderoso y amoroso, que tiene para nosotros un plan, un “reino” por instaurar (cf. v. 11).

3. Este “reino” no consiste en poder y dominio, triunfo y opresión, como por desgracia sucede a menudo en los reinos terrenos, sino que es la sede de una manifestación de piedad, de ternura, de bondad, de gracia, de justicia, como se reafirma en repetidas ocasiones a lo largo de los versículos que contienen la alabanza.

La síntesis de este retrato divino se halla en el versículo 8: el Señor es “lento a la cólera y rico en piedad”. Estas palabras evocan la presentación que hizo Dios de sí mismo en el Sinaí, cuando dijo: “El Señor, el Señor, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad” (Ex 34, 6). Aquí tenemos una preparación de la profesión de fe en Dios que hace el apóstol san Juan, cuando nos dice sencillamente que es Amor: “Deus caritas est” (1 Jn 4, 8. 16).

4. Además de reflexionar en estas hermosas palabras, que nos muestran a un Dios “lento a la cólera y rico en piedad”, siempre dispuesto a perdonar y ayudar, centramos también nuestra atención en el siguiente versículo, un texto hermosísimo: “el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas” (v. 9). Se trata de palabras que conviene meditar, palabras de consuelo, con las que el Señor nos da una certeza para nuestra vida.

A este propósito, san Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: “”Son grandes las obras del Señor”. Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo: “Son grandes las obras de Dios”; y en otro pasaje añade: “Su misericordia es superior a todas sus obras”. La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (…) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (…) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia: “Misericordia, Dios mío -dice- por tu bondad” (Sal 50, 3)” (42, 4-5: Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).

Así decimos también nosotros al Señor: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad”.

01.II.2006 – BENEDICTO PP. XVI – Obispo de Roma, ‘Primus inter pares’, junto a la tumba de Pedro. Vat.

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Eucaristía sin murallas

Una Vision hacia la Iglesia para el Año 2000

Carta Pastoral por Rembert G. Weakland, O.S.B., Arzobispo de Milwaukee

Somos Eucaristía en la manera que amamos, nos desafiámos, y apoyamos los unos a los otros al vivir nuestra fe en Dios. Somos Eucaristía cuando hacemos sentir la presencia de Cristo diaria a nuestros miembros de la familia, a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo, a todos con quienes nos encontramos en cada lugar de nuestras vidas.

Recientemente hemos emprendido un proceso de planificación difícil y vital para asegurar la continuación de una presencia Católica vibrante a través de los diez municipios de la Arquidiócesis. Estamos orgullosos de la tradición de una fe rica que compartimos, y juntos podremos construír sobre ese cimiento, enfrentando los desafíos que nos impidan ser Católico en el nuevo milenio.

Para hacerlo de esa manera debemos unir nuestros esfuerzos y oraciones siendo una Iglesia con más pocos sacerdotes, dentro de una población que se mueve a nuevos lugares, con un crecimiento inaudito de ministros seglares.
¡En realidad es un tiempo complejo y animado para el Católico!

Como obispos de ustedes, estamos orgullosos de la dedicación y participación seria de los Católicos en todas las partes de la Arquidiócesís durante el proceso de planificación y especialmente en las juntas de audiencias, etapas esenciales de todo el proceso. Le dirigimos a nuestra comunidad Católica cuatro desafíos primordiales para el momento en que empiece a realizar esos esfuerzos de planificación.

1. Participen activamente en la misa Dominical y animen a los demás a hacer lo mismo. Hagan de eso como la manera primordial de evangelización.

2. Ayuden a su parroquia a vivir plenamente la Eucaristía fuera de la misa al atender a los demás. Transfórmense en símbolos vivientes de la Eucaristía sin murallas. Hagan de eso su segunda forma de evangelización.

3. No tengan miedo de compartir el entusiasmo que tienen debido a su propia fe para los demás. Hagan de esto como su tercera forma de evangelización.

4. Prepárense para la celebración del Jubileo del Año 2000 a través de una renovación espiritual personal.
Estamos muy estusiasmados sobre el contenido de las páginas que siguen. ¡Les pedimos que las lean! Discutan los asuntos de nuestro Catolicísmo, en su familia, en su parroquia, en su salón de clases. ¡Siéntanse orgullosos de su fe y hablen sobre ella en cada oportunidad que tengan!
Dentro de solamente dos años, entraremos al sigiente milenio. Empesemos ahora nuestra preparación para tomar posesión de este momento de gracia y aventura, caminando juntos hacia adelante en la plenitud de nuestra fe Católica.

Mirando Hacia el Pasado, y Mirando el Porvenir
Cuando nosotros obispos terminamos las visitas a las parroquias con el propósito de hacer llegar el 150avo aniversario de la Arquidiócesis a cada rincón de la diócesis, nos encontramos llenos de optimismo. Encontramos un espíritu verdadero y una fe sólida entre ustedes nuestro Pueblo. Estamos muy agradecidos con ustedes por hacer estas visitas tan apremiantes. Percibimos que la Iglesia está ahora lista para el futuro con una fe firme y confianza en Dios. Nos damos cuenta que existirán dificultades más adelante, pero la evidencia de buena voluntad que vemos y la fidelidad fuerte a la Igesia, nos llena de esperanza. Gracias por su firmeza en la fe.

El futuro estará lleno de entusiasmo. De alguna manera Dios nos está guiando hacía un nueva dimensión en lo que significa el ser discípulo de Cristo. No podemos analizarlo todo con mucha claridad ahora, pero sabemos que los sacrificios que se nos han pedido para hacer hoy y para el futuro próximo debido a la escasés de sacerdotes, nos traerá gracias abundantes. ¿Cómo sucederá todo eso?, permanece ahora aún como un misterio pero de una sola cosa sí estamos seguros – y es que, el amor de Dios nunca terminará.

El vivir en estos tiempos es una gracia especial. No todos tienen el privilegio de experimentar la apertura emocionante y conmemorable de un nuevo milenio.
Nosotros los Católicos tenemos una tradición rica para santificar todas las divisiones de los tiempos. El tiempo es importante para nosotros, puesto que Dios, en la persona de Jesucristo, se hizo semejante a nosotros, en el tiempo, y ahora comparte nuestra historia. Celebramos todos los acontecimientos de Cristo especialmente su nacimiento, muerte y resurrección-importantes en nuestras propias vidas. En el sacramento sus acontecimientos se hacen nuestros, y los nuestros suyos.

El ciclo de la existencia de la Iglesia culmina en la Pascua, cada Domingo, el memorial de la resurrección de Cristo es para nosotros, una celebración de Pascua, al morir y levantarse de nuevo. Así mismo a través del año, todos los demás acontecimientos de la vida de Cristo, también son conmemorados. Por ejemplo, cada año celebramos las Navidades en el nacimiento de Jesucristo, cuando Dios vino hacia nosotros y compartió su condición humana. ¿Cómo debemos celebrar el aniversario 2000 del nacimiento de Jesucristo? No podemos dejar pasar por alto tal acontecimiento sin considerarlo como un regalo para nuestra generación.

Al acercarnos al jubileo del año 2000, debemos prepararnos. La profundidad de nuestra preparación determinará la calidad de nuestra celebración. Nos preparamos bien si utilizamos el momento presente para encendernos con una confianza firme en Dios, redescubriendo las verdades fundamentales de nuestra fe, y tomándolas como normas para nuestra manera de vivir.
Nosotros los obispos, queremos ahora subrayar la historia de nuestra fe, lo que percibimos que es el esquema esencial de ideas sobre nuestra tradición Católica. Debemos de tratar de obtener estas convicciones para reafirmarlas y vivirlas al prepararnos para el año 2000.

Lo Que Nosotros Creemos
Nosotros los Católicos creemos que Dios nos creo por amor.
Podemos llamarle a tal amor “una presencia de sustento”. Pero Dios desea desarrollar una relación profunda y más personal con cada uno de nosotros, y no tan solo quiere darnos un apoyo sin vida para mantenernos en existencia. La presencia de Dios desea penetrar en nosotros, abrazarnos en amor, para compartir con nosotros una vida nueva, Su Vida Divina eterna. Ese es el Dios en quien creemos.

Nosotros los Católicos creemos que el amor de Dios hacia nosotros, jamás se agota, aunque algunas veces nosotros lo rechacemos.

Estamos conscientes del pecado y de nuestra separación de Dios; experimentamos un ambiente malo de violencia, explotación a los demás y egoísmos. Nuestro mundo no es perfecto.

Nuestras Escrituras nos dicen, que aún el amor de Dios para nosotros, Sus propias criaturas, en el principio no fué recíproco sino que fué rechazado. Dios continúa amándonos con el deseo de hacer las cosas de nuevo, para restaurar la posibilidad de su morada de amor entre nosotros. Cuando decimos que Jesucristo es nuestro salvador. Reconocemos que el es el Dios y al mismo tiempo el enviado a ser puente en la ruptura entre nosotros pecadores y su Padre amoroso. El fué enviado a reconciliarnos, a hacernos personas renovadas al rescatarnos como hijos pródigos, llevándonos al regazo del Padre.

Nosotros Católicos creemos que Jesucristo, cuando estaba por salir de este mundo, fijó la base para una fundación sólida para la Iglesia, con el don del Espíritu.
En Pentecostés, Cristo envió su Espíritu a la comunidad primitiva reunida, haciendo a su Iglesia un instrumento privilegiado a través del cual el amor vigorizante del Espíritu de Cristo, por medio del bautismo, continúa haciendo renacer a sus miembros a una nueva vida. A través de la acción de ese mismo Espíritu Santo existe entre nosotros la presencia salvadora y dadora de vida.

Nosotros, Católicos creemos que el ministerio de Jesucristo de animar y sanar, es tambien ahora nuestro ministerio.

Nosotros bautizados dentro de la Iglesia, somos los instrumentos de la misión de Cristo para el mundo. El nos envió a evangelizar, a llevar la Buena Nueva a todos, a caminar cautelosamente, sin aflijirnos por los afanes terrenales en nuestra jornada de fé.

Nosotros Católicos creemos que Dios desea que su compasión y amor sean ejemplo para nosotros de manera que nos reconciliemos entre nosotros.

El Papa Juan Pablo II sabiamente ha añadido este tema de reconciliación como necesario para nuestra preparación para el jubileo del año 2000. Año de jubileo es el año del perdón y el de un nuevo comienzo. El Santo Padre, por su sabiduría conoce que solamente Dios puede realizar una unidad completa de todas las Iglesias Cristianas, pero El nos pide dos aspectos de reconciliación-entre nosotros mismos como Católicos y con los demás con quienes creen en Cristo nuestro Salvador. Reconciliación entre nosotros mismos significa estar ligados activamente en la búsqueda y dádivas del perdón. Dentro de nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestra nación, entre razas, entre naciones.

El perdón no será algo fácil, pero la unidad que contiene la Eucaristía nos exige seguir adelante con ánimo para pedir y ofrecer perdón. Dios nos llama a profundizar dentro de nuestros corazones, y a ser generosos en nuestro perdonar, tal como Cristo nos enseñó. Debemos de tratar de imitar a Dios en su compasión y perdón. El vino a nosotros primero, sin que nosotros mereciéramos su amor.

Nosotros Católicos creemos que el don de la Eucaristía es para la Iglesia y en ella se encuentra la presencia de Cristo entre nosotros, y en la Iglesia se hace aún más real.

Sabemos que la presencia de Cristo en la Eucaristía es un misterio inexplicable, que, nutre, levanta, humaniza y diviniza, construyendo la Iglesia y desafiándola para que siga adelante para el cumplimiento del Reino. Cristo es un don único y especial para nosotros-su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Creemos que Cristo está real y verdaderamente presente en la Eucaristía.

Nosotros Católicos creemos que el don de la Eucaristía existe para ser compartido, de manera que todos puedan ser uno; creemos en la Eucaristía sin murallas.
Anhelamos que venga el día cuando todos sean uno en la
Eucaristía del Señor, cuando eso suceda ya estaremos ungidos por la confirmación para dar los frutos de la Eucaristía al mundo de nuestro alderredor, compartiendo la presencia real de Cristo a los demás. Estos frutos son palpables en nuestro servicio amoroso para los demás, compartiendo la sanación de Cristo y alimentando esa presencia a través de nuestro amor y generosidad hacia los demás. Más que todo, la Eucaristía exige que nosotros llevemos a Cristo a nuestras familias y a lugares de trabajo. El desafío para nuestra generación, es la de reflexionar más y más en como los Cristianos, quienes viven en la presencia Eucarística de Cristo, lleven esa presencia a su trabajo. Nuestras vidas deben de estar integradas en Cristo.

Nosotros Católicos creemos que algún día todo será consumado en las bondades de Dios, todos serán restaurados por Cristo para ir a su Padre.
Con esperanza vemos hacia adelante, para ese cumplimento del Reino conocido solamente por el Padre. Creemos que la Eucaristía, prepara ese banquete celestial. Tenemos ahora únicamente una vislumbre de ese esplendor.

Al acercarse el año de Jubileo, esperamos que todos los bautizados en la Iglesia del Sudeste de Wisconsin vivan hoy como si fuese el día del cumplimiento, y no hay que estar engañados pensando que esto o esa persona tiene el conocimiento que pertenece a Dios solamente.

En resumidas cuentas, lo que creemos nosotros los Católicos que es importante para nosotros al acercarse el año 2000, diríamos, es:

Que nosotros los Católicos creemos en el amor de Dios, que nos ha sido compartido de una manera única en Jesucristo. Creemos que Jesucristo está con nosotros en su Iglesia y especialmente en la Eucaristía. Sabemos que deben compartise los efectos de la Eucaristía. Puesto que creemos en la Eucaristía sin murallas.

Los Desafíos
Al resumir esta visión de Iglesia, nosotros obispos nos damos cuenta muy bien del dilema que nosotros como Católicos, enfrentamos. Por otra parte, estamos atónitos por la escasés de sacerdotes, pero a la vez, estamos muy convencidos de que somos un pueblo Eucarístico, construído dentro de una comunidad de creyentes bautizados a través de la Misa, del sacrificio Eucarístico.

Así mismo buscamos la presencia sanadora de Cristo cuando pedimos a la Iglesia el perdón y la reconciliación o cuando pedimos con súplica el aceite de sanación a la Iglesia, la unción de los enfermos. Así mismo deseamos la presencia de Cristo salvadora y animadora en el sacramento del matrimonio. Deseamos que haya manos extendidas de manera que el ministerio santificante sacerdotal de Cristo pueda continuar en la Iglesia.

Estas no son palabras vacías o deseos nuestros. Son expresiones de nuestra fe hacia un Padre amoroso, a un Redentor de salvación, y a un Espíritu que da vida.
Ahora vemos que el número de sacerdotes disminuye rápidamente. Tenemos temor de que habrá pocas posibilidades de participar plenamente en la misa cada Domingo. Decimos plenitud de la Eucaristía porque la Eucaristía contiene tres momentos esenciales dentro de ella:

1. cuando se escucha la Palabra de Dios y se hace viva en nuestro mundo contemporaneo;

2. cuando se ofrece a través del ministerio del sacerdote, el sacrificio del Calvario así como Jesús nos dijo para hacerlo hasta que el venga de nuevo en gloria;

3. al recibir el Cuerpo y Sangre de Cristo.
Tenemos temor de no poder recibir otros sacramentos a la vez. Oramos de rodillas por las vocaciones al sacerdocio, pero no queremos disminuír nuestra posición en este llamado desafiante. Como miembros de la Iglesia Universal sabemos que debemos aceptar la decisión del Papa en contra de la aceptación del Clérigo casado y la ordenación de mujeres, como posibles soluciones inmediatas.
Sabemos que es difícil para algunos el aceptar esta realidad. Algunas veces la fe puede ser demandante y nos forza en maneras inesperadas.

Sabemos que existen muchas necesidades tanto dentro de la comunidad Católica como también dentro de la sociedad en que vivimos, a las cuales, se espera que nosotros Católicos respondamos generosamente.Deseamos hacerlo así como un Pueblo de fe, individualmente y juntamente con los demás. Nos damos cuenta que para que nuestras parroquias asuman esa tarea, necesitamos unir nuestros materiales y recursos humanos en un fondo común, ya sean recursos humanos o dinero. Esta es la única manera de ser más efectivos en nuestros ministerios.

Al enfrentarnos a tal dilema debemos usar sabiamente y efectivamente todos nuestros recursos, muy en especial los dones sacerdotales. No podemos tener sacerdotes celebrando misas todos los Domingos para solamente un pequeño grupo de feligreses, mientras otros esten privados de la misa.
La misa, creemos, no es una devoción privada sino que es el don que Cristo da a toda la comunidad de fe – para edificar la Iglesia. Pero solamente el proveer la misa en una parroquia en Domingo, no es suficiente para poder ser Iglesia; debemos también ofrecer todo lo que incluye vida Cristiana, educación y atención a los demás. La experiencia también, nos ha enseñado que cuando los números de los presentes son más grandes para celebrar juntos la Eucaristía, no solamente es posible tener una liturgia más llena de vida, sino que también crece en el sentido de comunidad. La experiencia nos ha enseñado que cuando está presente un gran número de personas para celebrar la Eucaristía juntos, no tan solo es posible tener una liturgia más llena de vida, sino que también crece el sentido de comunidad.

Nuestra Primera Respuesta: Participación en la Misa
La primera resolución para todos en este momento en el cual nos preparamos para el año 2000 y más allá, debe ser, trabajar para aumentar la participación en la Misa Dominical.

En años recientes esa asistencia ha decaído. Debemos de estar convencidos de que la Eucaristía es necesarea para ser la Iglesia que Jesús intentó.

Primero, los feligreses de cada parroquia deben de juntarse para escuchar la Palabra de Dios proclamada en su medio. Esa Palabra debe ser digerida, interpretada, y actualizada para que pueda ser aplicada a sus vidas diarias desafiándoles, animándoles, y alimentándoles espiritualmente. Esa Palabra y su aplicación para nuestro tiempo de hoy, también nos recuerda a muchos santos que ya partieron de este mundo y quienes estan presentes con nosotros en la misa. Escuchamos sobre sus vidas históricas, e imitamos sus virtudes. Nos ofrecemos nosotros mismos en el altar con los dones, anhelando cumplir la Voluntad de Dios en nuestras vidas. Por lo tanto debemos reunirnos alrededor del altar y hacernos uno solo en Cristo y entre nosotros. También recordamos a todos los vivos y a los difuntos quienes se han ido antes de nosotros. Cada Domingo nos unimos a los demás miembros bautizados de la comunidad en acción de gracias a Dios por el don de la fe, por Su amor, por el poder de la redención de Cristo, por la fuerza del Espíritu Santo en nuestras vidas, por la misión de la Iglesia para el mundo.
La misa Dominical es un privilegio que no debe tomarse a la ligera. Debe ser una prioridad en nuestras vidas personales, tal, que esté por encima de lo demás. Debemos hacer a un lado todas las excusas. Mientras que la escasés de sacerdotes existe entre nosotros, no podemos permitir que nuestra asistencia disminuya; debemos de aumentarla.
Al mantenter esta visión de una Iglesia Eucarística, también debemos conocer que Dios nos está llamando hoy para hacer más sacrificios que antes, de manera que todos en la arquidiócesis puedan tener la oportunidad de participar los Domingos en la misa. Todo bautizado necesita alimentarse con la Eucaristía para llever a Cristo al mundo.

La asistencia regular a la misa Dominical es un desafío especial para nuestra generación al acercarnos al nuevo siglo, al nuevo milenio.

Nuestra segunda respuesta: Viviendo la Eucaristía
En segundo lugar, debemos hacer de cada parroquia una verdadera Eucaristía sin murallas.

Si solamente permitiéramos la presencia de Cristo en nuestras vidas, como fuerza electrisante de vida, nos extenderíamos a cubrir toda la tierra de bondades. Cristo no misionó en su Iglesia para que fuera un cuerpo de gente perfecta, sino que ayudó a todos los necesitados -perdonando a los pecadores, amando a los abandonados, fortaleciendo y animando a los débiles, dando comida y abrigo a los necesitados, y esperanza a los desanimados. La Eucaristía no tan solo alimenta al pueblo peregrino, sin hacer distinción entre grupos particulares, sino que alimenta a todo mundo en general.

La Eucaristía sin murallas significa que luchemos para llevar a Cristo en cada acción de nuestro día, a cada duda, deseo, y a cada intento en contra del egoísmo. También reconocemos que no tenemos monopolio en la acción del Espíritu y muchas veces estamos animados, no tan solo por el alimento que tomamos, sino también por el Espíritu que va adelante de nosotros. Nos regocijamos en la presencia de Dios en el mundo y en los demás, y decimos que eso es bueno.

Nuestra Tercera Respuesta: El Año de Jubileo
¿Cómo vamos a celebrar nosotros miembros de la Arquidiócesis de Milwaukee, como un Pueblo Eucarístico para el año 2000?

1. Nosotros los obispos esperamos que toda la noche del 31 de diciembre de 1999 y la del primero de enero del 2000 estemos en Vigilia toda la noche, y enseguida para terminar, celebremos la Misa como preparación para empezar el nuevo milenio siendo como un pueblo Eucarístico.

2. Se está planeando un congreso Eucarístico Arquidiocesano para la primavera del año 2000, a través del cual podamos afirmar nosotros los Católicos, la naturaleza Eucarística de la Iglesia.

3. Así mismo estamos considerando el tener una asamblea Arquidiocesana, similar a la que terminó en nuestro Sínodo en el año 1987, para que nos ayude a enfrentarnos al futuro con esperanza.

4. Se le pedirá a cada parroquia hacer algo especial para los pobres y para los menos afortunados, para manifestar que tomamos muy en serio el hecho de ser Eucaristía sin murallas.

Mensajes

A los Mayores
Su desafío especial, es el de ayudarnos a todos a ser agradecidos por el don de la vida y de la fe, al acercarnos al año 2000.
No tengan miedo de hablar sobre lo que es ser Católico, sobre en como la fé les condujo en tiempos difíciles. Dénos a saber, el que ustedes ven el futuro con alegría y confianza. Lo que la Iglesia de Milwaukee les pide es el ser testimonios de confianza y seguridad en la misericordia y bondad de Dios. No se quejen. Sean pilares fuertes de esperanza para todos para que logren la bondad de Dios. Enséñenos a orar.

Nosotros obispos decimos a todos ustedes: prepárense para el año de Jubileo para un encuentro espiritual profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

Para los de Edad Media
Sean positivos en su fe y en la Iglesia. Den importancia a las formas en que ven a Dios en sus vidas y en los acontecimientos presentes, de manera que puedan celebrar el año 2000 espiritualmente.
¿Qué cosa les está pidiendo la Iglesia? Que resistan a toda tentación de cinísmo y escepticísmo. No se conviertan en rudos y amargados. Utilicen el milenio como una manera de aceptar el futuro con entusiasmo, pidiendo las gracias para crecer espiritualmente entre nosotros y entre todos los problemas de la vida. Aprendan a perdonar. Si han estado ausentes de la Iglesia, o no atienden regularmente, ahora es el momento de regresar a participar de lleno.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes: prepárense para el año de Jubileo para un encuentro profundo personal con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

Para los Jóvenes Adultos
Vean el año de Jubileo como un acontecimiento especial que Dios les da para empezar y continuar su vida temprana en un estilo de vida más espiritual. No se estanquen entre las distracciones. Cuando lleguen y pasen los acontecimientos de la vida encuentren tiempo para reflexionar en ellos y en lo que significan para ustedes.

El futuro es de ustedes. Ustedes creen en Dios pero recuerden que Dios necesita muchas manos. Manténganse cerca de la Iglesia y de su potencial espiritual y verán la diferencia en sus vidas. Aprendan a disfrutar estando cerca de Dios y atendiendo a Misa todos los domingos. En seguida tengan buenos proyectos de servicio para ayudar a los demás. Hagan presente a Cristo en el mundo.

Usen estos años de preparación para el nuevo milenio como una manera más de prepararse mejor para la misma vida. Usen el Año de Jubileo como una preparación para toda la vida venidera. La mejor preparación es el tratar de ser buenos y hacer el bien. El ayudar a los demás debe ser una parte de cada plan para nuestro futuro. Consideren cuales son los talentos que tienen, como desean usarlos para el mejoramiento de los demás. No se olviden de reflexionar sobre el sacerdocio y vida religiosa, como medio para de servir a los demás.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro espiritual y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

Al acercarnos al año 2000, traten de pensar más en Dios y en lo que Dios quiere de sus vidas. Usen estos acontecimientos para tener una imágen más amplia del mundo y de la Iglesia y del Reino de Dios. Participen en la Eucaristía regularmente; y extiéndanse a ayudar a los demás.

No tengan miedo, tengan calma. El mundo cambiará rápidamente entre ustedes, pero la presencia amorosa de Dios siempre estará presente. Manténganse unidos a la Iglesia y a la Eucaristía. Tengan confianza en que el amor de Dios para ustedes nunca se terminará. Permitan que el Espíritu Santo les guíe y les cuide. Estén conscientes de la presencia de Dios en sus vidas. Oren mucho.

Usen el Año de Jubileo como una preparación para toda la vida venidera. La mejor preparación es el tratar de ser buenos y hacer el bien. El ayudar a los demás debe ser una parte de cada plan para nuestro futuro. Consideren cuales son los talentos que tienen, como desean usarlos para el mejoramiento de los demás. No se oliven de reflexionar sobre el sacerdocio y vida religiosa, como medio para de servir a los demás.

Nosotros los obispos les decimos a cada uno de ustedes: prepárense para el año del Jubileo para un encuentro profundo espiritual con Dios quien les ama y vivan ese amor en sus vidas.

A los Niños
Piensa en el gran amor que Dios tiene para ti. El te ama tanto que desea estar contigo, es por todo esto por lo que se hizo niño como tu. La oración es el hablar con El. Habla con el como si hablaras con uno de tus compañeros del salón de clases.

Jesús era una persona como tu, pero el era también Dios. Vino para estar con nosotros de manera que pudiera ayudarnos a ser mejores personas. El curó a los que estaban enfermos o que sufrían. El quiere que nosotros ayudemos a otros también. El desea estar con nosotros. El encontró la manera de hacerlo a través de la Eucaristía o de la misa. Allí se encuentra el real y verdaderamente presente. Jesucristo desea estar contigo. Habla con el; date cuenta de su presencia en tí y en los demás.

Nosotros los obispos les decimos a cada uno de ustedes: prepárense para el año del Jubileo para un encuentro profundo espiritual con Dios quien les ama y vivan ese amor en sus vidas.

A todos los Ministros de la Iglesia- Sacerdotes, Diáconos y a todos los Ministros Seglares

Manténganse fuertes en la fe; ayuden a los demás en sus luchas en la fe.

Mantengan la dimensión Eucarística presente a los ojos de todos los bautizados. Ayúdenles a darse cuenta de la necesidad de estar presentes en la comunidad durante el Sacrificio de la Misa todos los Domingos, y en cómo hacer presente la Eucaristía en el mundo. Manténganse ustedes y demás personas, enfocados en lo que en realidad cuenta. Sean personas positivas y de fé. Solamente de esa manera podremos reafirmar a los demás en la fé.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro personal y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

A todos Nosotros, al Enfrentarnos al Mundo en que Vivimos:
Los desafíos que enfrentamos hoy en día se encuentran en como debemos hacer presente a Cristo en la cultura existente entre nosotros-en nuestras familias, en el lugar de trabajo, en nuestros tiempos libres.

Todos estamos incluídos de una manera u otra en esta categoría, al tratar de ser Cristianos en el mundo. El Año de Jubileo debe traer un desafío especial para nosotros en como debemos reflexionar en nuestras vidas de fe que profesamos. La Misa Dominical debe cambiar nuestra manera de actuar para el Lunes.

Al prepararnos todos para el año 2000, debemos pedir a Dios la gracia de estar atentos para hacer presente a Cristo a todos los que estan a nuestro alderredor. Debemos asegurar que todas nuestras acciones esten motivadas por los Evangelios, con un compromiso profundo de nuestra fe en Jesucristo. Debemos hacer algo más que solo hablar de nuestra fe; debemos vivirla.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro personal y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

A las Familias
Tomen los siguientes años de preparación para el milenio como una oportunidad para solidificar todas las relaciones en la familia. Hagan de la familia un hogar donde la presencia de Dios esté siempre reconocida.

La preparación para el milenio, ante todo, debe vigorizar la relación existente, en la familia, esto significa, el vivir en la presencia de Dios. Haciendo del hogar una extensión de la Eucaristía. Este ambiente puede ser creado de una manera especial al compartir los alimentos. Tomen tales ocasiones para tener un entendimiento más profundo de como hacer llegar la presencia de Cristo a los demás, especialmente a aquellos con quienes compartimos con más frecuencia en la vida.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro personal y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas junto a su familia.

A los Religiosos
Ayudémonos a mantenernos llenos de vida durante estos años de preparación para el año del Jubileo desde la perspectiva de Dios. Mantengámonos enfocados en Dios, y ayudémonos a ver qué es lo que sucede en cuanto a la Providencia de Dios.

La vida Religiosa siempre tiene una conección con el final de los tiempos, un recuerdo de que, lo que tiene valor para el mundo, no es lo que vale ante Dios. Al mismo tiempo que mantengan esa dimensión transcendental viva en sus vidas, ayúdenos a todos a buscar a Dios en primer lugar, para quienes ya estan pensionados, les enviamos un mensaje especial: continuen orando por todos los miembros de la arquidiócesis, para que nos mantengamos fuertes en la fe y en el amor.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro personal y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

Listos para el Futuro
El tema que hemos escogido, al adentrarnos al futuro y para prepararnos para el nuevo milenio es “Eucaristía Sin Murallas”. Puesto que somos un pueblo sacramental, sabemos que la Eucaristía es esencial en nuestras vidas, ya sea individualmente o como parroquia. Asi mismo sabemos que la Eucaristía no es solamente una acción solitaria que sucede únicamente en la Iglesia. Hacemos presente la Eucaristía en el mercado, en donde vivimos, trabajamos, y en nuestros tiempos libres.

En muchas maneras la Eucaristía resume lo que somos como Católicos, creemos en Dios de una manera especial a través de las Escrituras. Escuchamos en la Misa esa Palabra proclamada a nosotros en todas las formas nuevas. Estamos orgullosos de ser un Pueblo bíblico, con la esperanza de poder crecer en un entendimiento completo de la Palabra de Dios. Reconocemos que la Eucaristía también debe animarnos a atender a los necesitados, a quienes estan sufriendo en nuestra sociedad en cualquier forma.

Sabemos que el compartir en la Eucaristía también debe impulsarnos a desear compartir la plenitud de nuestra fe con los demás. A este deseo le llamamos evangelización. Así como Jesucristo envió a sus discípulos a anunciar que el Reino de Dios estaba entre nosotros, de manera que nosotros sabamos que, a través del bautismo y de la confirmación, el nos envía a todos a proclamar la buena nueva a nuestra propia generación. Al responder positivamente a su encomienda requiere entusiasmo. Debemos de estar entusiasmados sobre el regalo de fe que hemos recibido. Tal entusiasmo debe ser contagioso. El ser personas Eucarísticas significa ser personas que comparten y evangelizan.

Al prepararnos para el año 2000 y más allá, nosotros obispos no podríamos pensar en mejor manera para prepararnos nosotros mismos como Católicos, que manteniendo vivas todas estas dimensiones de la Eucaristía-Eucaristía como culto, Eucaristía como servicio, Eucaristía como compartimiento, Eucaristía como verdaderamente debe decirse que sobre esos pilares, Dios pueda usarnos para construír Su Iglesia del futuro..

¡Deseamos a todas ustedes paz en abundancia!

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