El Bautismo en la Historia

El bautismo fue una vez un rito religioso pagano practicado entre los pueblos de la antigüedad y también entre los judíos. La palabra bautismo es de origen griego: “baptizo” significa sumergir como cuando uno sumerge una pieza de tela en la batea de tintura para teñirla, por ejemplo. Los baños sagrados son comunes a muchas religiones antiguas, como los ritos eléusicos o el hinduismo y el budismo.

El teólogo presbiteriano Francis Schaeffer escribe: “Hay dos señales designadas para marcar la promesa de los pactos [divinos]; la circuncisión en el caso de Abraham y el bautismo en el caso de los cristianos. Sin embargo ninguna de ellas es original. Han sido usadas por muchos pueblos anteriormente y en el caso del Judaísmo y el Cristianismo les han sido dados nuevos significados, que son definitivos por haber sido asignados por Dios mismo.” (“Genesis in Space and Time”, Intervarsity Press 1972)
Los romanos del tiempo de Cristo se interesaron en las religiones místicas de Egipto y Babilonia en algunas de las cuales se practicaba el bautismo como ritual. Por ejemplo en los ritos de iniciación del culto de Isis, el iniciado confesaba sus pecados delante de otros devotos y era luego bautizado en la creencia que el baño ritual lo purificaba de sus faltas y lo enrolaba en las filas de la diosa salvadora.

Los judíos también practicaban el bautismo ritual para purificación, como sabemos por citas varias del Apóstol Pablo y por los documentos sobrevivientes que muestran el uso que el bautismo era común entre los Levitas y las comunidades religiosas no levíticas de diferentes épocas, como por ejemplo entre los Esenios del primer siglo.

El bautismo cristiano deriva del bautismo establecido por Juan el Bautista. La genealogía de Juan en Lucas 1:5,6 indica que el hombre designado por Dios para bautizar a Jesús era descendiente de Levitas por la línea paterna y también materna. Juan es por lo tanto el hombre adecuado para bautizar y ordenar el ministerio de Nuestro Señor. No sabemos precisamente cuál es el origen del bautismo de Juan. Si la idea vino de fuentes judías o paganas, no lo sabemos, pero podemos afirmar que la práctica es adoptada y santificada por su adopción en la Iglesia Cristiana y por el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo.

Otra importante función, la más importante, del bautismo de Juan fue la revelación del Cordero de Dios al mundo. El bautismo entonces no es una invención cristiana sino que fue precedido por ritos similares de otras religiones. Al incluirlo Jesús en la doctrina cristiana por orden y práctica, Nuestro Señor le ha dado un sentido sacramental. El bautismo es el primer sacramento de la Iglesia Cristiana, la primera iniciación y el medio para nacer de nuevo a la realidad del Reino de Dios.

El Salmo 89:11 dice “El Cielo y la Tierra y todas las cosas que ambos contienen me pertenecen, dice el Señor”. Todas las cosas son propiedad de Dios porque por su divina voluntad fueron creadas y por su poder, sabiduría, justicia y amor siguen existiendo aun hasta hoy. Es claro a lo largo y a lo ancho de las Escrituras que Dios puede hacer santo lo que no lo es, para bien de Su propósito. Él ha tomado pecadores de entre los hombres para hacer para sí un “pueblo santo”. Si fuera inapropiado el que Dios tomara elementos del mundo para su propio uso en la adoración veraz… estaríamos todos en un verdadero problema y la salvación humana sería imposible.

Hay muchos libros escritos con el propósito (falaz) de “exponer” prácticas paganas en el cristianismo. Libros como “The Two Babylons” de Alexander Hyslop y “Babylon Mystery Religion” de Ralph Woodrow. Concluir que una iglesia que adopta un rito pagano es, por lo tanto, pagana, entra en conflicto directo con la adopción del bautismo por Nuestro Señor Jesucristo que lo instituyó para que se practicara públicamente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Es bueno meditar sobre esto porque muchos pueden haber incurrido en blasfemia por medio de seguir razonamientos falaces y condenatorios, “llamando inmundas las cosas que Dios ha santificado” (ver Hechos 10:15).
Cuando estudiamos los escritos de los primeros siglos no dejan de sorprendernos la consistencia, sana uniformidad, sencillez y sentido común de las doctrinas del bautismo y la regeneración. Si alguien creyera que las citas que siguen son caprichosas o maliciosamente seleccionadas, lo invito a leer las obras completas. Fácilmente se comprueba que los únicos que han puesto en duda la eficacia de este sacramento han sido los divisores de la fe, los gnósticos y los no creyentes.

Estos son los mismos que niegan la Trinidad, la deidad de Cristo, la unidad orgánica de la Iglesia. Nunca (Hasta después de la Reforma Alemana del siglo XVI) nadie negó la naturaleza, significado, eficacia o importancia del sacramento bautismal.

Por mil quinientos años la entera cristiandad fue de una sola mente en lo que toca a esta cuestión. El bautismo, como tantas otras cosas, no está descrito en detalle en las Escrituras, y aunque hay suficiente mención de este sacramento, no hay una “guia” digamos, similar al Padrenuestro, que indique exactamente como bautizar a un prosélito. La Escritura en este caso se completa en la práctica con la tradición guardada desde tiempos apostólicos y es un buen ejemplo de como debiéramos examinar lo que creemos a la luz de lo que han creído los cristianos de todas la épocas, “la fe que fue una vez entregada a los santos” (Judas 1:3).

El Bautismo y nuestra salvación
Nuestra salvación depende de muchas cosas y no solamente de bautizarnos. Muchas sectas van por el mundo invitando a gente a una comida (he visto esto en las Filipinas) con la condición de que antes de comer declaren “creo en Jesucristo” y sean bautizados. El bautismo no es una marca mágica que nos hace invulnerables al pecado o al juicio de Dios. Tal cosa le resulta obvia a cualquiera que haya leído las Escrituras. Una buena lista de los “elementos” que hacen a la salvación sería la respuesta a la pregunta: ¿Cómo recibo la salvación, justificación, nuevo nacimiento y vida eterna en Cristo Jesús?

He aquí una posible lista de “elementos”.
§ Por medio de creer en Cristo (Juan 3:16; Hechos 16:31)
§ Por medio del arrepentimiento (Hechos 2:38; 2 Pedro 3:9)
§ Por medio del bautismo (Juan 3:5; 1Pedro 3:21; Tito 3:5)
§ Por obra del Espíritu Santo (Juan 3:5; 2 Corintios 3:6)
§ Por medio de la declaración de nuestra fe (Lucas 12:8; Romanos 10:9)
§ Por medio de conocer la verdad (1 Timoteo 2:4; Hebreos 10:26)
§ Por obras (Romanos 2:6,7; Santiago 2:24)
§ Por cumplir los mandamientos (1 Corintios 7:19)
§ Por bondad inmerecida o gracia (Hechos 15:11; Efesios 2:8)
§ Por la sangre sacrificial de Cristo (Romanos 5:9; Hebreos 9:22)
§ Por la justicia o santidad de Cristo (Romanos 5:17; 2 Pedro 1:1)
§ Por el sacrificio en la cruz (Efesios 2:16; Colosenses 2:14)

Nota que la Biblia no nos lleva a “esto o aquello” como respuesta a esta pregunta tan importante. Ninguno de estos elementos es sobrepujante hasta el punto de anular a todos los demás, ninguno de ellos puede ser eliminado, bastando los otros para hacer el trabajo de nuestra salvación. Cada vez que nos enfrentamos a las dicotomías “por fe o por obras”, “por esto o por aquello” no estamos pensando bíblicamente. La totalidad de la salvación humana es obra de Dios y no es algo simple, reducible a una ecuación. Así como no podemos reducir la creación del mundo material a una fórmula química, la creación espiritual que enseña el cristianismo no puede ser reducida a una simple definición estatuoria del tipo “cree en Jesucristo y serás salvo”. Es obvio que los demonios creen en Jesucristo y no son salvos por eso, y que una fe sin obras no sirve para la salvación; ni las obras sirven para nada si no tenemos la fe. El creer debe estar en consonancia con el resto de nuestra vida y con el propósito último de Dios y de su Reino.
¿Sólo un símbolo? ¿Una “declaración pública”?

El bautismo entonces es la puerta a esta gran casa que es la Iglesia de Cristo. No hay que temer el atribuir al bautismo los poderes sacramentales con los que ha sido imbuido por Dios. Muchas sectas consideran el bautismo una simple formalidad simbólica, un acto mínimo. ¿De dónde sale este punto de vista minimalista del bautismo? Ciertamente no viene de tiempos apostólicos. Esto es probado por la uniformidad de creencias en las doctrinas de la antiguas iglesias litúrgicas, el Catolicismo y la Ortodoxia. Por quince siglos no hubo jamás ninguna otra posición doctrinal con respecto al bautismo. Es como resultado de la Reforma que se comienza a pensar en el bautismo como una declaración pública y nada más. Esta es una doctrina que comienza como una reacción histórica y no surge de las Escrituras ni de la práctica continua de quince siglos de historia cristiana. Esta doctrina de la “declaración pública” es el resultado de la lectura inductiva de las Escrituras. En ese sentido los Testigos de Jehová siguen en líneas generales las creencias de las sectas anabaptistas inglesas y norteamericanas de los últimos doscientos años pero no la práctica tradicional cristiana de veinte siglos. Habiendo sido declarada necesaria esta posición anabaptista, se han buscado excusas escriturales para sostenerla; pero como comparto ahora contigo, te resultará evidente que el bautismo es un acto regenerador y milagroso en consistencia con toda la evidencia presentada en las Escrituras y contenida en los documentos tradicionales más antiguos del Cristianismo.

Importancia del Bautismo en la Historia Sagrada
“En el principio Dios creó los cielos y la tierra. La tierra estaba sin forma y vacía, oscuridad cubría el abismo y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Y Dios dijo …” (Génesis 1:1-2)

Ya conoces de dónde vienen estas palabras y te invito a ver en ellas la presciencia divina que puso las aguas y el Espíritu en estos versículos para testimonio de la originalidad divina de nuestro bautismo. Antes del bautismo hay una tensión y hay oscuridad, pero luego del bautismo se hace la luz en el corazón cristiano comienza la creación espiritual, la segunda fase de la creación por Dios que se realiza en el alma del hombre por la mismas fuerzas que generaron el universo material. (Por favor compara con 2 Cor 4:6 y 6:14 Efe 4:18) Las aguas son concentradas en un lugar y fuera del agua “emerge” la tierra seca de cuyo suelo Dios forma al hombre.
Teófilo de Antioquía (184 A.D.) “Aquellas cosas que fueron creadas de las aguas recibieron la bendición de Dios, de tal manera que esto fuera un signo de que los hombres en un tiempo futuro recibieran arrepentimiento y remisión de pecados a través del agua y baño regenerativo” (Jurgens, “The Faith of the Early Fathers”, Lithurgical Press 1970-79)

Sabemos por las Escrituras que Cristo fue el primogénito
de la creación de Dios, pues fue engendrado antes que el tiempo existiera “y por medio de él todas las cosas fueron hechas”. Paralelamente en su bautismo, Jesús comienza la creación espiritual siendo el primogénito (en bautismo y resurrección) de muchos hermanos por venir (Rom 8:29) Así es que en el bautismo se inicia la nueva creación, cuando nos bautizamos nacemos “de arriba” y somos integrados al cuerpo de Cristo.

San Ambrosio en su tratado “De los Misterios” dice: “¿Qué has visto [en el baptisterio]? Ciertamente agua, pero no solamente agua, también has visto a los diáconos allí ministrando y al obispo, haciendo preguntas e invocando… Cree entonces que la presencia de Dios está allí. Considera cuán antiguo es el misterio [del bautismo] prefigurado aun en el origen del mundo, cuando Dios hizo los cielos y la tierra, ‘el Espíritu’, se nos dice, ‘se movía sobre la superficie de las aguas’. El, que se movía sobre las aguas ¿no trabajó sobre esas mismas aguas? El agua entonces es aquello en lo que la carne es sumergida para que todo pecado carnal sea lavado en ella” (Phillip Schaff, “The Nicene and Post-Nicene Fathers”, H. De Romestin, Eerdmans 1983).

La historia de Noé es otro tipo del bautismo. A medida que progresamos en la historia descubrimos más prefiguraciones del bautismo y de sus cualidades. Esto presupone dos cosas: que el bautismo es una declaración íntima de la presciencia de Dios y que es una revelación de su método creativo, una ilustración que nos permite ahondar en el misterio del nuevo nacimiento aunque no seamos doctores en la fe. La liturgia y los sacramentos hacen evidente el amor y el firme propósito de Dios de salvarnos. En este caso el bautismo revela en nosotros mismos que Dios designó nuestra salvación desde el principio del mundo, haciendo evidente que su amor no sólo es infinito sino también eterno.

En el caso de Noé se representa al bautismo (1 Ped 3:20-22). Este paralelo es mencionado en las Escrituras con frecuencia como así también en los escritos de los primeros Padres de la Iglesia Cristiana. Es de notar no solo la salvación por el paso a través de aguas, el arca cerrada por Dios, el hecho de que Noé fuera carpintero como Jesús lo fue, la aceptación en el arca de los animales limpios e inmundos, el número de almas que se salvaron del diluvio (Noé, que representa a Nuestro Señor, con su esposa, sus tres hijos y nueras son siete almas mas una, lo que pareciera indicar una salvación total). Además de estos detalles tan sugestivos encontramos la paloma con la rama de olivo, símbolo del Espíritu Santo que hace la paz entre Dios y los hombres. ¿Es el cuervo un símbolo del pecado que deja el arca luego del diluvio para no regresar jamás?

San Cipriano (martirizado en la persecución de 258 A.D.) nos deja escrito: “Porque así como en el bautismo del mundo, en el cual la iniquidad antigua fue purgada, aquel que no estaba en el arca de Noé no pudo ser salvado de las aguas, de tal manera no puede ser salvado por el bautismo aquel que no ha sido bautizado en la Iglesia que está establecida en unidad con el Señor de acuerdo al sacramento de la única arca.” (“Las Epístolas de Cipriano” citado en “The Nicene and Ante-Nicene Fathers” de A. Cleveland Coxe, Eerdmans 1985).

Otro pacto entre Dios y los hombres se establece en vida de Abraham. Si lees Génesis 7 y Exodo 12, allí se describe el convenio de la circuncisión. Como ya habrás podido notar la circuncisión no se aplicaba a los nuevos miembros que nacían en la comunidad judía cuando éstos llegaban a la edad adulta. Todo lo contrario, en el octavo día, el bebé era circuncidado y con ello recibido en la comunidad de Israel y de Dios. Nuestra unión con Dios no es un acuerdo intelectual entre dos personas maduras. No, sino que somos herederos de una promesa y nuestro nacimiento en la familia de Dios nos hace ineludiblemente su propiedad, como se le dijo a Abraham: “Todo el que sea nacido en tu casa o comprado con dinero”. La circuncisión tiene en común con el bautismo el símbolo o representación de dejar la carne atrás, de deshacerse de la carne inservible para poder ser fructífero en el servicio del cielo, dentro del marco de la comunidad divinamente escogida. La circuncisión en el viejo testamento equivale al bautismo en el nuevo testamento (Col 2:11-13) En el bautismo tenemos la circuncisión de Cristo.

Es curioso que también Moisés fuera “salvado de las aguas” y que su circuncisión se mencione en el Génesis así también como la salvación de su hijo, amenazado por un espíritu destructor, se obtiene por medio de circuncidarlo y establecer un “pacto de sangre” entre la esposa de Moisés y Dios (¿Será ella un símbolo de la Nación o de la Iglesia en este caso?)

En el Exodo se nos presenta la otra gran ceremonia del antiguo pacto: La cena del pasaje, la pascua, simbólica del sacrificio de Nuestro Señor. Así como el bautismo es representado por la circuncisión, la Eucaristía es representada por la cena pascual. Nadie podía comer de la cena de Pascua sin haber sido antes circuncidado.

El cruce del Mar Rojo por el pueblo de Dios es la otra apta representación del bautismo (1 Cor 10:12). La esclavitud en Egipto es simbólica de nuestra esclavitud al pecado, al mundo y al Diablo; que terminó cuando los israelitas cruzaron el mar a través de la aguas milagrosamente partidas. El mismo paralelo del diluvio se presenta aquí. Las aguas que salvan a los creyentes causan la muerte de los incrédulos. Así como el diluvio fue seguido de un sacrificio en comunión por Noé y su familia, el paso a través del mar es seguido por la comunión del pueblo en el maná, el pan del cielo, y el agua que sale de la roca que los seguía. De nuevo se nos presentan los sacramentos del bautismo y la eucaristía. El pueblo que sale de Egipto sin embargo, debe nacer de nuevo y engendrar una nueva generación para entrar en la Tierra Prometida. Tal como en la circuncisión, la carne antigua, rebelde y pecaminosa es dejada atrás como las carcazas de la generación quejumbrosa que fueron dejadas en el desierto.

Hay sin embargo una característica del bautismo que no hemos tocado todavía. Ya ves como por símbolos parciales Dios revela al hombre las verdades completas del cielo y esto se completa un poco más al considerar el milagro de Naamán en 2 Re 5. ¡Qué historia asombrosa! Aquí tenemos alguien que es “exterior” a la familia de Dios, un sirio, un enemigo de Israel. Una pequeña esclava israelita le revela al gran Naamán de Siria el camino de la curación por el profeta Eliseo. La jovencita es un tipo simbólico de la Iglesia que apunta a los extranjeros gentiles en enemistad con Dios a la salvación por medio del bautismo.

Naamán se rebela por lo que parece un asalto a su dignidad pero a instancias de sus propios servidores se despoja de su orgullosa actitud inicial y se baña siete veces en el Jordán hasta que sus carnes rejuvenecen como la carne de un muchachito (¿No es esto un símbolo claro del nacer de nuevo?) Nótese el paralelo y véase por qué la Iglesia temprana consideraba este pasaje como una prefiguración del bautismo y la regeneración que lo sucede. San Ambrosio en “De los Misterios” usa a Naamán como un símbolo claro del sacramento bautismal y la regeneración que permite que nuestros pecados secretos sean perdonados y dejados atrás con la carne rebelde. Otro escritor de la Iglesia primitiva Efraín el Sirio menciona algo similar en sus “Himnos para la Fiesta de la Epifanía”. Luego veremos los comentarios de Ireneo a este mismo respecto.

Ezequiel, que fuera desterrado a Babilonia alrededor del 599 A.C. tuvo la misión profética de anunciar la futura restauración de Israel a la pura adoración y obediencia a Dios y a sus leyes. Ezequiel 36:22-27 nos revela un tipo del bautismo como agente purificador y esto ¡Cerca de 600 años antes de Juan y Jesús! Este pasaje de Ezequiel une en un arco perfecto las antiguas leyes de purificación de la Torah con el sacramento cristiano del bautismo. (Compárese con Num 8:7, purificación de los Levitas y con Núm 19:17 donde las cenizas del sacrificio y el agua son mezcladas y salpicadas sobre el pueblo para hacerlos “limpios”). Este salpicar puede ser paralelo del salpicar expresado en la profecía mesiánica de Isa 52:15, las palabras de Jesús en Juan 3:3-5 y finalmente la orden universal de “ir y hacer discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, que se parece mucho en estructura y fraseología al primer mandato de “Creced y multiplicaos” que se encuentra en el Génesis, sugestivamente, siguiendo a la primera creación del hombre.

Zacarías 13:1 menciona una fuente que, en mi opinión, señala inequívocamente al bautismo. Es una alusión a la venida de Cristo al que se presenta abriendo una fuente para lavar los pecados, y que no se puede interpretar de otra manera. El comentarista John E. Walvoor en “The Bible Knowledge Commentary” (Victor Books, 1985) cita: “Ese día se refiere al futuro día del Señor. La frase “en ese día” ocurre 16 veces en los tres últimos capítulos. En el día de la crucifixión de Jesucristo la fuente fue abierta potencialmente para todo Israel y el mundo entero [...] la limpieza espiritual de la nación es asociada en otras partes de la Escritura con la regeneración espiritual de Israel y la inauguración del Nuevo Pacto”

Los comentaristas clásicos y el bautismo
El comentarista del siglo XVIII Matthew Henry escribe en su comentario sobre Zacarías 13:1 lo siguiente: “Esta fuente abierta es el costado traspasado de Jesucristo, de quien se habla en el pasaje anterior, porque de allí salen sangre y agua ambos para nuestra limpieza. Aquellos que miran al Cristo traspasado, y amargamente lamentan los pecados que han causado que se lo traspasara, pueden mirar de nuevo al que traspasaron y regocijarse en él esta vez. Porque le ha placido al Señor el golpear esta roca para que pueda ser para nosotros una fuente de aguas de vida .” (Matthew Henry’s Commentary, Hendrickson, 1991)

En su comentario “Commentary on the Old Testament” C.F. Keil y F Delitzsch explican: “Por esta agua debemos entender no solamente la gracia en general, sino el agua bautismal que es preparada a través de la muerte sacrificial de Jesús, por la sangre derramada por El y que es salpicada sobre nosotros para limpieza de nuestros pecados en el bautismo”.
Martín Lutero escribe: “Esta fuente bien puede ser entendida como refiriéndose al bautismo en el cual el Espíritu es dado y todos los pecados son lavados” (“Luther’s Works”, Pelikan, Concordia 1973)
Volviendo a los Evangelios, Juan el Bautista dio testimonio de que él bautizaba con agua en símbolo de arrepentimiento pero Aquel que venía detrás de Juan, bautizaría con Espíritu Santo. En otras palabras no sería ya un asunto simbólico sino una acción sagrada, un sacramento.

El Catecismo Católico expresa: “Celebrados apropiadamente y con fe, los sacramentos confieren la gracia que simbolizan. Son eficaces porque en ellos Cristo mismo está obrando: Él es el que bautiza, Él es el que actúa en los sacramentos para comunicar la gracia que el sacramento simboliza.”

El bautismo entonces no es solamente un símbolo sino también una poderosa transformación interior que es producida por Cristo a través de Espíritu Santo.
En el caso del bautismo de nuestro Señor vemos al Espíritu Santo en la forma de una paloma, como paralelo de la paloma del Génesis en el caso de Noé. El Padre se complace en Jesús y está en paz con él. Este beneficio de la paz con Dios por medio de la permanencia de su Espíritu es común ahora a todos los cristianos que heredan la vida de Cristo por el bautismo. En el bautismo de Nuestro Señor el cielo y la tierra han hecho contacto, por decirlo así, y ahora la creación segunda está en operaciones por medio de la Iglesia Cristiana que tiene en Jesús su primer hermano y miembro. En Juan vemos al viejo pacto ordenando al nuevo. Juan es un levita perfecto, heredero de los derechos sacerdotales por medio de padre y madre. Jesús es un judío perfecto heredero del derecho real de David por medio de María, su madre; José, su padre adoptivo y Dios su Padre en el espíritu desde la eternidad y en la carne por medio de la Inmaculada Concepción.

Un efecto importante de este bautismo es la consagración del agua, el elemento más común en nuestro planeta, para el propósito de la dádiva del bautismo y el perdón por bondad inmerecida.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están presentes en este momento en una sola mente, en un solo acuerdo, comenzando la segunda creación por Dios que muestra la justicia de la primera creación y tiene como primogénito al mismo Verbo que fuera engendrado antes del Tiempo y de la Historia para ser el Obrero Maestro del Universo. Lo espiritual, misterioso, inasible, invisible, se revela ahora en la persona de Jesús y en nosotros en el acto del bautismo sacramental que nos hace nacer de nuevo. ¡Quién pudiera haber imaginado un símbolo tan vivo y perfecto! De nuevo tenemos aquí el agua y por sobre el agua, el

Espíritu de Dios.
El nuevo nacimiento es mejor explicado en el caso de Nicodemo, al principio del evangelio de Juan. “Verdaderamente te digo” (en griego “amen, amen”) prepara el escenario para una doctrina que hará temblar los cimientos de las creencias de Nicodemo, el maestro de la Ley.

El griego “anotheo” puede ser traducido como “de arriba” o “nuevamente”, “de nuevo”. Parece que Nicodemo no entendió lo que Jesús quiso decir cuando dijo “El que viene de arriba [anotheo] está por sobre todos los otros”.
Es por eso que Jesús se refiere al acontecimiento aún fresco en la memoria de todos, su propio bautismo cuando la gente tuvo testimonio al ver el Espíritu descender sobre Jesús como paloma.

Nótese que Jesús no explica este tema en un marco de “esto o aquello” sino en un marco de “esto y aquello”. No se trata de “agua o espíritu” sino de “agua y espíritu”.
Es importante notar que el Espíritu puede estar presente en el agua así como el Verbo está presente en la carne. La materia del Universo entero le pertenece a Dios y no es imposible para Él hacer de la materia morada de cosas espirituales.

Lo que sigue a la conversación con Nicodemo es sugestivo, Jesús marcha al Jordán y comienza a bautizar. Estas dos cosas, el bautismo y el nuevo nacimiento no fueron puestas en este mismo capítulo por nada. Son dos cosas asociadas y unidas indisolublemente por Dios mismo. El bautismo entonces no es un símbolo exterior de dedicación solamente sino que además es el comienzo de la regeneración por Dios, el nuevo nacimiento. No está separado de la fe y la práctica de la fe sino que trabaja en conjunto con los demás elementos para producir la salvación del hombre.
Las sectas anabaptistas de las cuales los testigos de Jehová extraen su propia tradición bautismal como puramente simbólica, disminuyen la importancia del bautismo en sus tradiciones. Sin embargo es tradicionalmente indisputable y bíblicamente demostrable que el bautismo es importante y necesario como sacramento y aún más como primer sacramento de la Iglesia naciente: la fuerte expresión paulina “Un Señor, una Fe, un Bautismo” (Efesios 4:5) debiera probar la importancia de este sacramento más allá de toda duda.

En la comisión de hacer discípulos bautizándolos se define
la importancia y la necesidad del bautismo para perdón de pecados pero una más importante característica es revelada en Marcos 9:20. Si bien estas frases finales no aparecen en todas las versiones existentes de Marcos los eruditos han concluido, en años recientes, que es posible que en épocas tempranas se perdiera esta parte final del manuscrito y que la Iglesia, en conocimiento del contenido esencial adhiriera lo que hoy se conoce como “conclusión corta” y que no está en conflicto con ninguna otra parte de la Escritura. (Ver “The Expositor’s Bible Commentary, nota de Walter Wessell, Gabelein, 1984 c. 8 p. 793) Es allí que encontramos “El que crea y es bautizado será salvado pero el que no crea será condenado” . Es importante destacar la autoridad conferida a los discípulos del primer siglo para perdonar pecados a través del sacramento inicial del bautismo. El resto de las Escrituras cristianas confirman esta particularidad de la autoridad apostólica que es otorgada por Cristo luego de afirmar que toda autoridad le ha sido otorgada a él mismo. Para aquellos que creen en el cristianismo silvestre y desperdigado baste este argumento que claramente define y aumenta la autoridad apostólica que se extiende como la autoridad de Cristo, no solo a lo ancho y largo del mundo sino a lo largo de la historia por venir, ya que Cristo no fundó su Iglesia para que las puertas de la muerte y el Hades prevalecieran contra ella o para que se disolviera en apostasía en un par de decenios.

Ireneo, discípulo de Policarpo quien fuera él mismo discípulo del apóstol Juan y heredero de su episcopado dice: “Y una vez más, dando a los discípulos el poder de la regeneración en Dios, [Jesús] les dijo: ‘Id y enseñad a las naciones bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’ ” (“Contra las Herejías”, citado en “Ante-Nicene Fathers”, Roberts and Donaldson)

El Bautismo de Infantes Como Doctrina Apostólica
Martín Lutero no entendió que este pasaje excluyera a los infantes en la iniciación bautismal. En sus obras escribe: “¿Quién ha de ser bautizado? Todas las naciones, eso es, seres humanos, jóvenes y viejos… los pequeñines deben ser bautizados cuando son presentados para el bautismo por aquellos que tienen autoridad sobre ellos porque ellos no están excluidos en la frase ‘todas las naciones’ y porque el santo bautismo es el único medio para que estos pequeños alcancen la regeneración y el nuevo nacimiento.” (“Luther’s Small Cathecism”, Concordia, 1965). Cuando los anabaptistas discordaron con esta apreciación de Lutero, él apeló al argumento de “totius orbis constans confessio” o sea la confesión [y práctica] de toda la Iglesia, que no es nada más que otra forma de referirse a la tradición cristiana. ¡En pocas palabras, la entera cristiandad no puede haber estado equivocada desde el primer día en un dogma tan fundamental!
Juan Calvino, el reformador suizo del siglo XVI también afirmó la necesidad del bautismo de infantes. En sus “Institutos de la Religión Cristiana” Calvino dedica el entero capítulo 16 al “paedobaptismo” y defiende la antigua tradición en una forma de lo más enérgica. Concluye esta defensa de veintitantas páginas diciendo lo siguiente: “Sin duda el designio de Satanás al asaltar el bautismo de infantes con todas sus fuerzas, es el ocultar el testamento de gracia divina y gradualmente hacer desaparecer lo que la mismísima promesa presenta delante de nuestros ojos… por lo tanto a menos que maliciosamente queramos oscurecer la bondad inmerecida de Dios, presentemos nuestros hijos delante de Aquel que les ha asignado un lugar entre sus amigos y familia como miembros de la Iglesia” (“Institutes of the Christian Faith”, Eerdmans, 1983) .

En Hechos 2:37-41 se inicia la gran campaña de predicación mundial en obediencia a esa “gran comisión” recibida en los días previos a la Ascensión de Nuestro Señor. El Apóstol Pedro es quien predica que el bautismo es un prerrequisito para el perdón de pecados y es el momento en que se recibe el Espíritu Santo. Notemos los tres elementos de nuevo reunidos: Creencia, aguas y Espíritu. Esta es la conclusión y la realización de las sombras proféticas proyectadas por la creación del Génesis, el Diluvio y el Arca, Abraham, Moisés, el paso del Mar Rojo, Naamán, Ezequiel etc. y que se aclara ahora en contexto con la conversación de Jesús y Nicodemo.

Agua y Espíritu es el martilleo constante de la Escritura en lo que toca a este tema. ¿Concluiremos que la fe no es imprescindible porque no se menciona en estos contextos?
¡Por supuesto que no! Ya ves que Pedro no llama a la multitud a apoyarse en “sola fide” o fe solamente. Nada debe desbalancearse de tal manera. Si la fe no se menciona (aunque a todas luces está obviamente ahí) eso no significa que el bautismo no es importante o que la fe no es importante para el acto bautismal. El creer y el bautismo son indisolubles en ese sentido. Personas adultas que se bautizan lo hacen porque tienen fe en Jesucristo y en el acto sacramental del bautismo, en el caso de los infantes son los padres o los responsables quienes ejercen la fe en lugar del chiquillo quien no es segregado del pueblo de Dios porque aún no puede razonar lo suficiente como para creer en Dios y aceptarlo como salvador personal. Si las lilas del campo y los pajarillos tienen importancia para Dios, ¡Cuánto más lo tendrán los retoños de sus hijos creyentes y fieles! Concluyo de una vez diciendo que estas distorsiones al sacramento bautismal que hoy vemos realizadas en ciertas sectas son el resultado de las creencias anabaptistas del siglo XVI y que ni siquiera formaban parte de la teología de los primeros y principales reformadores de ese tiempo.
(Ver por favor Hechos 8:27 y 10:1, 44-48 prestar atención en el caso de Cornelio a la expresión “y toda su casa” lo que en la antigüedad incluía a los niños. Ver Hechos 11:14, 18:8 y 1 Cor 1:16)

La tradición judía determinaba que los prosélitos de las naciones circuncidaran a todo varón de la casa, incluidos los niños tal como se cita en las Escrituras en el caso de Abraham. El segundo pacto, el nuevo pacto, siendo mejor y superior al primero no puede excluir a los niños que estaban incluidos en el anterior.

El “Oxford Dictionary of the Christian Church” comenta al respecto: “En los tiempos del Nuevo Testamento se pueden apreciar signos positivos de bautismo de infantes en el hecho de que los hijos de padres cristianos son considerados ‘santos’ en oposición a ser ‘inmundos’; y también son exhortados a obedecer a sus padres ‘en el Señor’ (Col 3:20 y Efe 6:1). No hay ninguna sugestión o mandamiento de que los jóvenes busquen el bautismo al llegar a la edad de la razón” (Oxford University Press, 1989).

Seguramente te habrá venido a la mente el episodio de Mateo 19:14. No debiéramos bloquear el camino de los niños a Jesús, sino presentarlos delante del Maestro.
La doctrina y la experiencia del Bautismo de boca de Jesús y los Apóstoles

Verdaderamente te digo: A menos que uno nazca de nuevo del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles si te he dicho: “Debes nacer de nuevo para entrar en el Reino de los Cielos” (Juan 3)

¿Qué quiere decir Jesús? Creo que es razonable enfocar el bautismo de Jesús para entender lo que estas palabras quieren decir. En el caso de Jesús el agua de su bautismo y el Espíritu Santo actúan en concordancia con la voluntad divina claramente expresada. Dios ha provisto un sacerdote (Juan el Bautista) y la bendición divina es se oye directamente desde los cielos para dar testimonio a los que están presentes de que este hombre, Jesús, está aprobado por Dios, en paz con Dios. La segunda creación comienza y el modelo perfecto del bautismo es establecido para siempre. El sacerdote heredero de la verdadera tradición de Aarón, el agua del Jordán, el Espíritu Santo que permanece en Jesús, la aprobación del Padre y la presencia del Hijo. Todos a una en este momento crucial de la historia tenemos un maravilloso ejemplo de como ejecutar este sacramento. Esto es lo que significa “nacer de arriba”, “nacer de nuevo”. En el futuro el sacerdocio Aarónico será reemplazado por el sacerdocio apostólico. El segundo, como el primero, hereda la autoridad conferida en principio por Dios mismo (en Moisés y en Jesús, su antitipo).

Las palabras de Pedro en el Pentecostés son importantes porque es en ese momento que la Iglesia es bautizada en Espíritu Santo. Hechos 2:37-41 confirma que los apóstoles han recibido la autoridad de bautizar para perdón de pecados. Pedro afirma que el bautismo es el requisito indispensable para el perdón y la recepción del Espíritu. Por diez años la Iglesia ha recibido a sus miembros judíos bajo esa condición y en ese orden (El bautismo en esos tiempos precede a la unción en Espíritu Santo). Sin embargo, y para probarle a Pedro que la puerta está ahora abierta a los hombres y mujeres de las naciones, luego de la visión premonitoria, el Espíritu precede al bautismo en el caso de Cornelio. Esta excepción es la mano de Dios afirmando la apertura de las puertas de su Iglesia a las naciones del mundo y la extensión de los beneficios de la salvación por la cruz de Jesús aún a aquellos a cuyas manos Jesús murió. Recordemos que Cornelio es un romano de Italia y que es un centurión. No puede haber ejemplo más fuerte y claro que ése. El Espíritu y el Bautismo ahora están disponibles a todo el mundo sin excepción. El perdón de Cristo en la cruz (“perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen”) se ha hecho manifiesto.

En Hechos 8:27-38 es evidente que los apóstoles y diáconos (Hechos 6:5) enseñaron que el bautismo es un requisito elemental para la salvación. ¿Cómo supo el eunuco etíope que era necesario bautizarse si Felipe no se lo explicó previamente? Como punto adicional nótese que el eunuco reconoce la interpretación de la Escritura como una interpretación autorizada, autoridad que es refrendada luego por testimonio del Espíritu Santo. No hay interpretación personal y solitaria en este caso.

En 1 Cor 7:14 la familia es consagrada por la membresía en el Reino de uno de sus miembros. Cuando los discípulos impidieron que los niños se acercaran a Jesús, en el pasaje de Lucas 18:15 se usa la palabra griega brefos que significa un recién nacido. Jesús no quiere mantener a estos más pequeños fuera de su reino y nos demuestra que su bondad inmerecida alcanza aun a los de tan temprana edad. Él mismo fue circuncidado y aceptado en Israel al octavo día de vida. El rito de la circuncisión es la entrada al pacto antiguo de la misma forma que el rito del bautismo es la entrada al pacto nuevo. Juan Calvino y Martín Lutero están de acuerdo en considerar este pasaje como la razón fundamental para bautizar infantes en la Iglesia.

La conversión de Pablo trae a la mente los elementos que antes expusimos en el asunto de la creación. Pablo está en la oscuridad, ciego, su mente en desorden con una confusión de ideas (recordar el Génesis citado antes). Al llegar Ananías a la casa, éste le dice: “Sé bautizado y lava tus pecados por medio de invocar Su nombre”. Nótese que se hace la luz para Pablo al caer las escamas que cubrían sus ojos. Nótese que la fórmula es distinta a la usada en otras ocasiones (“cree en Jesucristo” etc.).
No hay nada puramente simbólico en este bautismo, es la acción del Espíritu Santo lo que primero mueve a Ananías a visitar a Pablo en la casa de la Calle Recta y es el mismo Espíritu Santo que comienza a actuar en Pablo a partir del sacramento bautismal.

Pablo, al escribir a los corintios en 1 Cor 10:1-4 hace una hermosa comparación que nos confirma dos cosas. La primera es que el bautismo es lo que nos lleva al Moisés antitípico que es Jesús. Y la segunda que la sumisión al arreglo divino por medio del bautismo nos hace participantes en la “comida sobrenatural” o “milagrosa” de la Cena del Señor. Es doctrina cristiana cierta que nadie que no haya sido bautizado puede participar del pan y del vino pues no ha puesto detrás de sí al mundo y a la carne para aceptar al Reino de Dios en el Espíritu (ver Hebreos 13:10). ¿De qué otra forma se puede entender este discurso de Pablo si no es así? Realmente no debiera sorprendernos la unicidad de la doctrina de boca de uno de sus Apóstoles, uno que el mismo Señor Jesús eligió para que fuera nuestro apóstol, ya que somos su rebaño de las naciones.

Comentando en este pasaje Matthew Henry explica: “[Los hebreos] tuvieron sacramentos como los nuestros. Fueron bautizados en la nube y el mar por Moisés y fueron hechos así herederos de la obligación a la Ley de Moisés y su Pacto. Fue para ellos un bautismo típico [del nuestro]”

Es necesario recordar que el nombre Moisés significa “Salvado de las aguas”.
En 1 Cor 6:9-11 se nota el uso sinónimo de las palabras “lavados”, “santificados” y “justificados”.
En muchas de las sectas cristianas se trata de reducir el proceso de salvación a una serie de pasos o etapas que el converso debe completar para ser salvo. En esta lectura de Pablo se nota que los elementos parecen estar en el orden incorrecto ya que algunos sostienen que la justificación viene primero, luego la santificación (identificada por algunos como una mejora moral o cambio de conducta).
Pablo trata estos términos como sinónimos en este caso pero yendo un poco más allá estos términos son puestos en el tiempo aoristo del griego lo que implica una acción ya completada en el tiempo. Es por eso que en el idioma castellano se traduce “habéis sido” para recalcar la perfección del tiempo verbal.

Pablo ha usado este término antes. La palabra apolóuo, de la raíz “lavar” precedida por “apo” que le da el sentido de “afuera” o “echar”. El tiempo es aoristo en este caso lo cual denota un solo instante del tiempo, algo ya ocurrido y completo, nunca una continuidad de acciones que puedan extenderse hasta el presente. Aquí volvemos a encontrar los elementos del agua, el Espíritu y la mención del Padre, de Jesús y del Espíritu Santo bien apunta a la fórmula bautismal ordenada por Jesús “en nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo”.

Pablo en la carta a los efesios: “Hay un cuerpo y un Espíritu, así como vosotros fuisteis llamados a una esperanza que pertenece a vuestra llamada, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos nosotros” El Bautismo es una incorporación el Iglesia de Cristo, su cuerpo. Es también una declaración de unión con Cristo para cumplir lo que Jesús mismo pidiera al Padre en Juan 17:20-33.

Un comentario dice: “El Bautismo es el complemento sacramental de la fe, el rito por el cual el hombre logra la unión con Cristo y manifiesta públicamente su cometido” (“The Letter to the Galatians” Brown, Fitzmyer, Murphy en “The Jerome Biblical Commentary”, publ. Por Prentice Hall, 1968) .

Siguiendo a Pablo, el Credo Niceno declara: “Reconocemos el bautismo para perdón de pecados”. Algunos sin embardo declaran que el “un bautismo” del que habla Pablo no es el bautismo en agua.

El catedrático protestante Andrew T. Lincoln sin embargo declara: “El ‘un bautismo’ es el bautismo en agua, el rito público de la confesión de un Señor. El bautismo es uno porque es la iniciación y entrada en el cuerpo de Cristo que es un solo cuerpo”. (“Ephesians”, vol. 42 del Word Biblical Commentary, Word Books, 1990).

Tertuliano, en el segundo siglo escribe: “Hay para nosotros uno y solamente un bautismo de acuerdo con los Evangelios del Señor y las Cartas de los Apóstoles como suficientemente se nos dice ‘un Dios, un Bautismo y una Iglesia’. Entramos entonces una vez en la fuente: Una vez que los pecados han sido lavados no debieran repetirse jamás. Agua feliz que de una vez lava y que no se burla del pecador con vanas esperanzas” (“Ante-Nicene Fathers”, Roberts and Donaldson).

Ver y meditar en estas varias porciones de las cartas apostólicas: Col 2:11-12; Tito 3:4-7; Efe 5:26; Heb 6:1-4, 1 Ped 3:18-22 .

Comentarios sobre el Bautismo en los escritos de la

Iglesia primitiva
El Didacta o la Enseñanza de los Apóstoles
Este tratado o resumen se sabe anterior a la escritura de la mayoría de los escritos del Nuevo Testamento y era usado para instruir nuevos discípulos, entre otras cosas. El documento que nos ha llegado fue usado sin duda en vida de los apóstoles y cumplía la función de un catecismo básico como preparación general previa al bautismo.

“Todo esto apunta a una época muy temprana y muchos estudiosos consideran al Didacta en algún punto temprano de la segunda mitad del primer siglo, esto es, una fecha mucho más temprana que muchos de los escritos contenidos en el Nuevo Testamento” (“Early Christian Writings”, Andrew Louth, Penguin Books, 1968)

Del Didacta: ” Bautizad de la siguiente manera: Después de explicar todos estos puntos, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en una corriente de agua. Pero si no hay una corriente de agua cercana, en otro cuerpo de agua, si no la hubiera fría que sea agua caliente pero si no tienes ni una ni otra, vuelca agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y que nadie coma o beba de la Eucaristía sino aquellos bautizados en el nombre del Señor. Porque concerniente a esto el Señor ha dicho: ‘No déis a los perros lo que es santo’”
La Epístola de Bernabé (70 A.D. ~ 100 A.D.)

“Observemos aquí como [el Señor] describe ambos el agua y la cruz en la misma figura, siendo el significado que El les da, ‘bendito es el que desciende en el agua con sus esperanzas puestas en la cruz’… El nos dice aquí que luego de haber descendido al agua cargados de pecados, salimos de ella floreciendo en frutos con reverencia en nuestros corazones y la esperanza de Jesús en nuestras almas”
Clemente de Roma (“La Epístola de Clemente” ~ 96 A.D.)
“¿Por qué hay peleas, tumultos y divisiones entre vosotros? ¿No tenéis vosotros todos un Dios y un Cristo? ¿Es que no hay un Espíritu de gracia derramado sobre todos nosotros?

El Martirio de Policarpo (~ 155 A.D.)
“Y al entrar Policarpo en la arena una voz del cielo se escuchó diciendo ‘Sé fuerte Policarpo y pórtate como un hombre’. Finalmente fue llamado a ser examinado y el Gobernador lo presionaba diciendo: ‘Toma el juramento y te dejaré ir’…‘Insulta a Cristo’. La respuesta de Policarpo fue la siguiente: ‘Por ochenta y seis años lo he servido y El no me ha hecho ningún daño. ¿Cómo puedo blasfemar a mi Rey y Salvador?

De Policarpo dice Eusebio en su “Historia de la Iglesia”: “Policarpo fue instruido por los Apóstoles y por aquellos que vieron al Señor, pero fue designado obispo de Esmirna por los apóstoles para servir allí. Yo mismo lo vi porque vivió una larga vida y era de mayor edad cuando dio su vida en un espléndido martirio. En todo tiempo enseñaba las cosas que había aprendido de los apóstoles, las cosas que la Iglesia transmite y sólo aquellas que son verdaderas”

Basta hacer cuentas para deducir que Policarpo fue bautizado en el año 70, cuando era apenas un niño según se menciona en la Primera Apología de San Justino. De Policarpo se dice que los leones rehusaron atacarlo, se hizo entonces un intento de quemarlo pero el fuego no lo dañó y finalmente tuvo que ser traspasado por una daga.
Ignacio de Antioquía (~35 A.D. – 107 A.D.)

“No es apropiado que haya bautismos si el obispo no está presente” (Epístola a los Esmirneos)
Una Antigua Homilía de Autor Desconocido (120 A.D. ~140 A.D.)

“Concerniente a aquellos que no han mantenido el sello [del bautismo], El dice ‘Su cresa no morirá y su fuego no se apagará y serán un espectáculo a toda carne’… porque luego que hemos partido del mundo no podemos ya hacer confesión allí ni arrepentirnos ya más. Por lo tanto hermanos si hemos hecho la voluntad del Padre y hemos mantenido la carne pura y guardado el mandamiento del Señor, recibiremos vida eterna. Esto es lo que significa el mantener la carne limpia y el sello [del bautismo] sin mácula hasta el mismo fin para que podamos recibir la vida”
Ireneo de Lyon (130 A.D. ~ 200 A.D.)

“Hay tantas versiones de la redención como maestros hay en estas opiniones místicas. Y al refutarlos demostramos que esta clase de hombres ha sido instigada por Satanás a negar el bautismo que es la regeneración por Dios y al efectuar tal negación niegan y renuncian al total de la fe cristiana.

‘Y se sumergió’, dice la Escritura, ‘siete veces en el Jordán’. No fue por nada que el Naamán de antiguo al sufrir de lepra fue purificado al efectuarse su bautismo. Es buena esta indicación para nosotros, pues para nosotros fue escrita. Porque somos como leprosos en el pecado y somos hechos limpios por medio del agua sagrada y la invocación del Señor. Limpios de todas nuestras transgresiones y espiritualmente regenerados como si fuéramos recién nacidos. Es así que el Señor ha declarado: ‘A menos que uno nazca del agua y del Espíritu, no entrará en el Reino de los Cielos’” (Contra las Herejías).

Y finalmente me gustaría citarte de un documento católico que explica la doctrina de la salvación según es revelada en la Iglesia. Es en bien pocas y buenas palabras que revela la esencia de las enseñanzas apostólicas al decir, en referencia a 1 Cor 6:11.

“Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en virtud de obras de ellos pero por designio y gracia de Él, siendo justificados por el Señor Jesucristo han sido hechos hijos de Dios en bautismo, el sacramento de la fe y participantes de la divina naturaleza, por lo tanto han sido verdaderamente santificados. Deben por lo tanto abrazar y perfeccionar la santificación que de Dios han recibido”
(“Lumen Gentium”, no. 40)

Luego de estas palabras podrás entender, José Luis, cuánto me alegro por tu próximo bautismo.
Carlos Caso-Rosendi

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Eucaristía sin murallas

Una Vision hacia la Iglesia para el Año 2000

Carta Pastoral por Rembert G. Weakland, O.S.B., Arzobispo de Milwaukee

Somos Eucaristía en la manera que amamos, nos desafiámos, y apoyamos los unos a los otros al vivir nuestra fe en Dios. Somos Eucaristía cuando hacemos sentir la presencia de Cristo diaria a nuestros miembros de la familia, a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo, a todos con quienes nos encontramos en cada lugar de nuestras vidas.

Recientemente hemos emprendido un proceso de planificación difícil y vital para asegurar la continuación de una presencia Católica vibrante a través de los diez municipios de la Arquidiócesis. Estamos orgullosos de la tradición de una fe rica que compartimos, y juntos podremos construír sobre ese cimiento, enfrentando los desafíos que nos impidan ser Católico en el nuevo milenio.

Para hacerlo de esa manera debemos unir nuestros esfuerzos y oraciones siendo una Iglesia con más pocos sacerdotes, dentro de una población que se mueve a nuevos lugares, con un crecimiento inaudito de ministros seglares.
¡En realidad es un tiempo complejo y animado para el Católico!

Como obispos de ustedes, estamos orgullosos de la dedicación y participación seria de los Católicos en todas las partes de la Arquidiócesís durante el proceso de planificación y especialmente en las juntas de audiencias, etapas esenciales de todo el proceso. Le dirigimos a nuestra comunidad Católica cuatro desafíos primordiales para el momento en que empiece a realizar esos esfuerzos de planificación.

1. Participen activamente en la misa Dominical y animen a los demás a hacer lo mismo. Hagan de eso como la manera primordial de evangelización.

2. Ayuden a su parroquia a vivir plenamente la Eucaristía fuera de la misa al atender a los demás. Transfórmense en símbolos vivientes de la Eucaristía sin murallas. Hagan de eso su segunda forma de evangelización.

3. No tengan miedo de compartir el entusiasmo que tienen debido a su propia fe para los demás. Hagan de esto como su tercera forma de evangelización.

4. Prepárense para la celebración del Jubileo del Año 2000 a través de una renovación espiritual personal.
Estamos muy estusiasmados sobre el contenido de las páginas que siguen. ¡Les pedimos que las lean! Discutan los asuntos de nuestro Catolicísmo, en su familia, en su parroquia, en su salón de clases. ¡Siéntanse orgullosos de su fe y hablen sobre ella en cada oportunidad que tengan!
Dentro de solamente dos años, entraremos al sigiente milenio. Empesemos ahora nuestra preparación para tomar posesión de este momento de gracia y aventura, caminando juntos hacia adelante en la plenitud de nuestra fe Católica.

Mirando Hacia el Pasado, y Mirando el Porvenir
Cuando nosotros obispos terminamos las visitas a las parroquias con el propósito de hacer llegar el 150avo aniversario de la Arquidiócesis a cada rincón de la diócesis, nos encontramos llenos de optimismo. Encontramos un espíritu verdadero y una fe sólida entre ustedes nuestro Pueblo. Estamos muy agradecidos con ustedes por hacer estas visitas tan apremiantes. Percibimos que la Iglesia está ahora lista para el futuro con una fe firme y confianza en Dios. Nos damos cuenta que existirán dificultades más adelante, pero la evidencia de buena voluntad que vemos y la fidelidad fuerte a la Igesia, nos llena de esperanza. Gracias por su firmeza en la fe.

El futuro estará lleno de entusiasmo. De alguna manera Dios nos está guiando hacía un nueva dimensión en lo que significa el ser discípulo de Cristo. No podemos analizarlo todo con mucha claridad ahora, pero sabemos que los sacrificios que se nos han pedido para hacer hoy y para el futuro próximo debido a la escasés de sacerdotes, nos traerá gracias abundantes. ¿Cómo sucederá todo eso?, permanece ahora aún como un misterio pero de una sola cosa sí estamos seguros – y es que, el amor de Dios nunca terminará.

El vivir en estos tiempos es una gracia especial. No todos tienen el privilegio de experimentar la apertura emocionante y conmemorable de un nuevo milenio.
Nosotros los Católicos tenemos una tradición rica para santificar todas las divisiones de los tiempos. El tiempo es importante para nosotros, puesto que Dios, en la persona de Jesucristo, se hizo semejante a nosotros, en el tiempo, y ahora comparte nuestra historia. Celebramos todos los acontecimientos de Cristo especialmente su nacimiento, muerte y resurrección-importantes en nuestras propias vidas. En el sacramento sus acontecimientos se hacen nuestros, y los nuestros suyos.

El ciclo de la existencia de la Iglesia culmina en la Pascua, cada Domingo, el memorial de la resurrección de Cristo es para nosotros, una celebración de Pascua, al morir y levantarse de nuevo. Así mismo a través del año, todos los demás acontecimientos de la vida de Cristo, también son conmemorados. Por ejemplo, cada año celebramos las Navidades en el nacimiento de Jesucristo, cuando Dios vino hacia nosotros y compartió su condición humana. ¿Cómo debemos celebrar el aniversario 2000 del nacimiento de Jesucristo? No podemos dejar pasar por alto tal acontecimiento sin considerarlo como un regalo para nuestra generación.

Al acercarnos al jubileo del año 2000, debemos prepararnos. La profundidad de nuestra preparación determinará la calidad de nuestra celebración. Nos preparamos bien si utilizamos el momento presente para encendernos con una confianza firme en Dios, redescubriendo las verdades fundamentales de nuestra fe, y tomándolas como normas para nuestra manera de vivir.
Nosotros los obispos, queremos ahora subrayar la historia de nuestra fe, lo que percibimos que es el esquema esencial de ideas sobre nuestra tradición Católica. Debemos de tratar de obtener estas convicciones para reafirmarlas y vivirlas al prepararnos para el año 2000.

Lo Que Nosotros Creemos
Nosotros los Católicos creemos que Dios nos creo por amor.
Podemos llamarle a tal amor “una presencia de sustento”. Pero Dios desea desarrollar una relación profunda y más personal con cada uno de nosotros, y no tan solo quiere darnos un apoyo sin vida para mantenernos en existencia. La presencia de Dios desea penetrar en nosotros, abrazarnos en amor, para compartir con nosotros una vida nueva, Su Vida Divina eterna. Ese es el Dios en quien creemos.

Nosotros los Católicos creemos que el amor de Dios hacia nosotros, jamás se agota, aunque algunas veces nosotros lo rechacemos.

Estamos conscientes del pecado y de nuestra separación de Dios; experimentamos un ambiente malo de violencia, explotación a los demás y egoísmos. Nuestro mundo no es perfecto.

Nuestras Escrituras nos dicen, que aún el amor de Dios para nosotros, Sus propias criaturas, en el principio no fué recíproco sino que fué rechazado. Dios continúa amándonos con el deseo de hacer las cosas de nuevo, para restaurar la posibilidad de su morada de amor entre nosotros. Cuando decimos que Jesucristo es nuestro salvador. Reconocemos que el es el Dios y al mismo tiempo el enviado a ser puente en la ruptura entre nosotros pecadores y su Padre amoroso. El fué enviado a reconciliarnos, a hacernos personas renovadas al rescatarnos como hijos pródigos, llevándonos al regazo del Padre.

Nosotros Católicos creemos que Jesucristo, cuando estaba por salir de este mundo, fijó la base para una fundación sólida para la Iglesia, con el don del Espíritu.
En Pentecostés, Cristo envió su Espíritu a la comunidad primitiva reunida, haciendo a su Iglesia un instrumento privilegiado a través del cual el amor vigorizante del Espíritu de Cristo, por medio del bautismo, continúa haciendo renacer a sus miembros a una nueva vida. A través de la acción de ese mismo Espíritu Santo existe entre nosotros la presencia salvadora y dadora de vida.

Nosotros, Católicos creemos que el ministerio de Jesucristo de animar y sanar, es tambien ahora nuestro ministerio.

Nosotros bautizados dentro de la Iglesia, somos los instrumentos de la misión de Cristo para el mundo. El nos envió a evangelizar, a llevar la Buena Nueva a todos, a caminar cautelosamente, sin aflijirnos por los afanes terrenales en nuestra jornada de fé.

Nosotros Católicos creemos que Dios desea que su compasión y amor sean ejemplo para nosotros de manera que nos reconciliemos entre nosotros.

El Papa Juan Pablo II sabiamente ha añadido este tema de reconciliación como necesario para nuestra preparación para el jubileo del año 2000. Año de jubileo es el año del perdón y el de un nuevo comienzo. El Santo Padre, por su sabiduría conoce que solamente Dios puede realizar una unidad completa de todas las Iglesias Cristianas, pero El nos pide dos aspectos de reconciliación-entre nosotros mismos como Católicos y con los demás con quienes creen en Cristo nuestro Salvador. Reconciliación entre nosotros mismos significa estar ligados activamente en la búsqueda y dádivas del perdón. Dentro de nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestra nación, entre razas, entre naciones.

El perdón no será algo fácil, pero la unidad que contiene la Eucaristía nos exige seguir adelante con ánimo para pedir y ofrecer perdón. Dios nos llama a profundizar dentro de nuestros corazones, y a ser generosos en nuestro perdonar, tal como Cristo nos enseñó. Debemos de tratar de imitar a Dios en su compasión y perdón. El vino a nosotros primero, sin que nosotros mereciéramos su amor.

Nosotros Católicos creemos que el don de la Eucaristía es para la Iglesia y en ella se encuentra la presencia de Cristo entre nosotros, y en la Iglesia se hace aún más real.

Sabemos que la presencia de Cristo en la Eucaristía es un misterio inexplicable, que, nutre, levanta, humaniza y diviniza, construyendo la Iglesia y desafiándola para que siga adelante para el cumplimiento del Reino. Cristo es un don único y especial para nosotros-su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Creemos que Cristo está real y verdaderamente presente en la Eucaristía.

Nosotros Católicos creemos que el don de la Eucaristía existe para ser compartido, de manera que todos puedan ser uno; creemos en la Eucaristía sin murallas.
Anhelamos que venga el día cuando todos sean uno en la
Eucaristía del Señor, cuando eso suceda ya estaremos ungidos por la confirmación para dar los frutos de la Eucaristía al mundo de nuestro alderredor, compartiendo la presencia real de Cristo a los demás. Estos frutos son palpables en nuestro servicio amoroso para los demás, compartiendo la sanación de Cristo y alimentando esa presencia a través de nuestro amor y generosidad hacia los demás. Más que todo, la Eucaristía exige que nosotros llevemos a Cristo a nuestras familias y a lugares de trabajo. El desafío para nuestra generación, es la de reflexionar más y más en como los Cristianos, quienes viven en la presencia Eucarística de Cristo, lleven esa presencia a su trabajo. Nuestras vidas deben de estar integradas en Cristo.

Nosotros Católicos creemos que algún día todo será consumado en las bondades de Dios, todos serán restaurados por Cristo para ir a su Padre.
Con esperanza vemos hacia adelante, para ese cumplimento del Reino conocido solamente por el Padre. Creemos que la Eucaristía, prepara ese banquete celestial. Tenemos ahora únicamente una vislumbre de ese esplendor.

Al acercarse el año de Jubileo, esperamos que todos los bautizados en la Iglesia del Sudeste de Wisconsin vivan hoy como si fuese el día del cumplimiento, y no hay que estar engañados pensando que esto o esa persona tiene el conocimiento que pertenece a Dios solamente.

En resumidas cuentas, lo que creemos nosotros los Católicos que es importante para nosotros al acercarse el año 2000, diríamos, es:

Que nosotros los Católicos creemos en el amor de Dios, que nos ha sido compartido de una manera única en Jesucristo. Creemos que Jesucristo está con nosotros en su Iglesia y especialmente en la Eucaristía. Sabemos que deben compartise los efectos de la Eucaristía. Puesto que creemos en la Eucaristía sin murallas.

Los Desafíos
Al resumir esta visión de Iglesia, nosotros obispos nos damos cuenta muy bien del dilema que nosotros como Católicos, enfrentamos. Por otra parte, estamos atónitos por la escasés de sacerdotes, pero a la vez, estamos muy convencidos de que somos un pueblo Eucarístico, construído dentro de una comunidad de creyentes bautizados a través de la Misa, del sacrificio Eucarístico.

Así mismo buscamos la presencia sanadora de Cristo cuando pedimos a la Iglesia el perdón y la reconciliación o cuando pedimos con súplica el aceite de sanación a la Iglesia, la unción de los enfermos. Así mismo deseamos la presencia de Cristo salvadora y animadora en el sacramento del matrimonio. Deseamos que haya manos extendidas de manera que el ministerio santificante sacerdotal de Cristo pueda continuar en la Iglesia.

Estas no son palabras vacías o deseos nuestros. Son expresiones de nuestra fe hacia un Padre amoroso, a un Redentor de salvación, y a un Espíritu que da vida.
Ahora vemos que el número de sacerdotes disminuye rápidamente. Tenemos temor de que habrá pocas posibilidades de participar plenamente en la misa cada Domingo. Decimos plenitud de la Eucaristía porque la Eucaristía contiene tres momentos esenciales dentro de ella:

1. cuando se escucha la Palabra de Dios y se hace viva en nuestro mundo contemporaneo;

2. cuando se ofrece a través del ministerio del sacerdote, el sacrificio del Calvario así como Jesús nos dijo para hacerlo hasta que el venga de nuevo en gloria;

3. al recibir el Cuerpo y Sangre de Cristo.
Tenemos temor de no poder recibir otros sacramentos a la vez. Oramos de rodillas por las vocaciones al sacerdocio, pero no queremos disminuír nuestra posición en este llamado desafiante. Como miembros de la Iglesia Universal sabemos que debemos aceptar la decisión del Papa en contra de la aceptación del Clérigo casado y la ordenación de mujeres, como posibles soluciones inmediatas.
Sabemos que es difícil para algunos el aceptar esta realidad. Algunas veces la fe puede ser demandante y nos forza en maneras inesperadas.

Sabemos que existen muchas necesidades tanto dentro de la comunidad Católica como también dentro de la sociedad en que vivimos, a las cuales, se espera que nosotros Católicos respondamos generosamente.Deseamos hacerlo así como un Pueblo de fe, individualmente y juntamente con los demás. Nos damos cuenta que para que nuestras parroquias asuman esa tarea, necesitamos unir nuestros materiales y recursos humanos en un fondo común, ya sean recursos humanos o dinero. Esta es la única manera de ser más efectivos en nuestros ministerios.

Al enfrentarnos a tal dilema debemos usar sabiamente y efectivamente todos nuestros recursos, muy en especial los dones sacerdotales. No podemos tener sacerdotes celebrando misas todos los Domingos para solamente un pequeño grupo de feligreses, mientras otros esten privados de la misa.
La misa, creemos, no es una devoción privada sino que es el don que Cristo da a toda la comunidad de fe – para edificar la Iglesia. Pero solamente el proveer la misa en una parroquia en Domingo, no es suficiente para poder ser Iglesia; debemos también ofrecer todo lo que incluye vida Cristiana, educación y atención a los demás. La experiencia también, nos ha enseñado que cuando los números de los presentes son más grandes para celebrar juntos la Eucaristía, no solamente es posible tener una liturgia más llena de vida, sino que también crece en el sentido de comunidad. La experiencia nos ha enseñado que cuando está presente un gran número de personas para celebrar la Eucaristía juntos, no tan solo es posible tener una liturgia más llena de vida, sino que también crece el sentido de comunidad.

Nuestra Primera Respuesta: Participación en la Misa
La primera resolución para todos en este momento en el cual nos preparamos para el año 2000 y más allá, debe ser, trabajar para aumentar la participación en la Misa Dominical.

En años recientes esa asistencia ha decaído. Debemos de estar convencidos de que la Eucaristía es necesarea para ser la Iglesia que Jesús intentó.

Primero, los feligreses de cada parroquia deben de juntarse para escuchar la Palabra de Dios proclamada en su medio. Esa Palabra debe ser digerida, interpretada, y actualizada para que pueda ser aplicada a sus vidas diarias desafiándoles, animándoles, y alimentándoles espiritualmente. Esa Palabra y su aplicación para nuestro tiempo de hoy, también nos recuerda a muchos santos que ya partieron de este mundo y quienes estan presentes con nosotros en la misa. Escuchamos sobre sus vidas históricas, e imitamos sus virtudes. Nos ofrecemos nosotros mismos en el altar con los dones, anhelando cumplir la Voluntad de Dios en nuestras vidas. Por lo tanto debemos reunirnos alrededor del altar y hacernos uno solo en Cristo y entre nosotros. También recordamos a todos los vivos y a los difuntos quienes se han ido antes de nosotros. Cada Domingo nos unimos a los demás miembros bautizados de la comunidad en acción de gracias a Dios por el don de la fe, por Su amor, por el poder de la redención de Cristo, por la fuerza del Espíritu Santo en nuestras vidas, por la misión de la Iglesia para el mundo.
La misa Dominical es un privilegio que no debe tomarse a la ligera. Debe ser una prioridad en nuestras vidas personales, tal, que esté por encima de lo demás. Debemos hacer a un lado todas las excusas. Mientras que la escasés de sacerdotes existe entre nosotros, no podemos permitir que nuestra asistencia disminuya; debemos de aumentarla.
Al mantenter esta visión de una Iglesia Eucarística, también debemos conocer que Dios nos está llamando hoy para hacer más sacrificios que antes, de manera que todos en la arquidiócesis puedan tener la oportunidad de participar los Domingos en la misa. Todo bautizado necesita alimentarse con la Eucaristía para llever a Cristo al mundo.

La asistencia regular a la misa Dominical es un desafío especial para nuestra generación al acercarnos al nuevo siglo, al nuevo milenio.

Nuestra segunda respuesta: Viviendo la Eucaristía
En segundo lugar, debemos hacer de cada parroquia una verdadera Eucaristía sin murallas.

Si solamente permitiéramos la presencia de Cristo en nuestras vidas, como fuerza electrisante de vida, nos extenderíamos a cubrir toda la tierra de bondades. Cristo no misionó en su Iglesia para que fuera un cuerpo de gente perfecta, sino que ayudó a todos los necesitados -perdonando a los pecadores, amando a los abandonados, fortaleciendo y animando a los débiles, dando comida y abrigo a los necesitados, y esperanza a los desanimados. La Eucaristía no tan solo alimenta al pueblo peregrino, sin hacer distinción entre grupos particulares, sino que alimenta a todo mundo en general.

La Eucaristía sin murallas significa que luchemos para llevar a Cristo en cada acción de nuestro día, a cada duda, deseo, y a cada intento en contra del egoísmo. También reconocemos que no tenemos monopolio en la acción del Espíritu y muchas veces estamos animados, no tan solo por el alimento que tomamos, sino también por el Espíritu que va adelante de nosotros. Nos regocijamos en la presencia de Dios en el mundo y en los demás, y decimos que eso es bueno.

Nuestra Tercera Respuesta: El Año de Jubileo
¿Cómo vamos a celebrar nosotros miembros de la Arquidiócesis de Milwaukee, como un Pueblo Eucarístico para el año 2000?

1. Nosotros los obispos esperamos que toda la noche del 31 de diciembre de 1999 y la del primero de enero del 2000 estemos en Vigilia toda la noche, y enseguida para terminar, celebremos la Misa como preparación para empezar el nuevo milenio siendo como un pueblo Eucarístico.

2. Se está planeando un congreso Eucarístico Arquidiocesano para la primavera del año 2000, a través del cual podamos afirmar nosotros los Católicos, la naturaleza Eucarística de la Iglesia.

3. Así mismo estamos considerando el tener una asamblea Arquidiocesana, similar a la que terminó en nuestro Sínodo en el año 1987, para que nos ayude a enfrentarnos al futuro con esperanza.

4. Se le pedirá a cada parroquia hacer algo especial para los pobres y para los menos afortunados, para manifestar que tomamos muy en serio el hecho de ser Eucaristía sin murallas.

Mensajes

A los Mayores
Su desafío especial, es el de ayudarnos a todos a ser agradecidos por el don de la vida y de la fe, al acercarnos al año 2000.
No tengan miedo de hablar sobre lo que es ser Católico, sobre en como la fé les condujo en tiempos difíciles. Dénos a saber, el que ustedes ven el futuro con alegría y confianza. Lo que la Iglesia de Milwaukee les pide es el ser testimonios de confianza y seguridad en la misericordia y bondad de Dios. No se quejen. Sean pilares fuertes de esperanza para todos para que logren la bondad de Dios. Enséñenos a orar.

Nosotros obispos decimos a todos ustedes: prepárense para el año de Jubileo para un encuentro espiritual profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

Para los de Edad Media
Sean positivos en su fe y en la Iglesia. Den importancia a las formas en que ven a Dios en sus vidas y en los acontecimientos presentes, de manera que puedan celebrar el año 2000 espiritualmente.
¿Qué cosa les está pidiendo la Iglesia? Que resistan a toda tentación de cinísmo y escepticísmo. No se conviertan en rudos y amargados. Utilicen el milenio como una manera de aceptar el futuro con entusiasmo, pidiendo las gracias para crecer espiritualmente entre nosotros y entre todos los problemas de la vida. Aprendan a perdonar. Si han estado ausentes de la Iglesia, o no atienden regularmente, ahora es el momento de regresar a participar de lleno.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes: prepárense para el año de Jubileo para un encuentro profundo personal con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

Para los Jóvenes Adultos
Vean el año de Jubileo como un acontecimiento especial que Dios les da para empezar y continuar su vida temprana en un estilo de vida más espiritual. No se estanquen entre las distracciones. Cuando lleguen y pasen los acontecimientos de la vida encuentren tiempo para reflexionar en ellos y en lo que significan para ustedes.

El futuro es de ustedes. Ustedes creen en Dios pero recuerden que Dios necesita muchas manos. Manténganse cerca de la Iglesia y de su potencial espiritual y verán la diferencia en sus vidas. Aprendan a disfrutar estando cerca de Dios y atendiendo a Misa todos los domingos. En seguida tengan buenos proyectos de servicio para ayudar a los demás. Hagan presente a Cristo en el mundo.

Usen estos años de preparación para el nuevo milenio como una manera más de prepararse mejor para la misma vida. Usen el Año de Jubileo como una preparación para toda la vida venidera. La mejor preparación es el tratar de ser buenos y hacer el bien. El ayudar a los demás debe ser una parte de cada plan para nuestro futuro. Consideren cuales son los talentos que tienen, como desean usarlos para el mejoramiento de los demás. No se olviden de reflexionar sobre el sacerdocio y vida religiosa, como medio para de servir a los demás.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro espiritual y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

Al acercarnos al año 2000, traten de pensar más en Dios y en lo que Dios quiere de sus vidas. Usen estos acontecimientos para tener una imágen más amplia del mundo y de la Iglesia y del Reino de Dios. Participen en la Eucaristía regularmente; y extiéndanse a ayudar a los demás.

No tengan miedo, tengan calma. El mundo cambiará rápidamente entre ustedes, pero la presencia amorosa de Dios siempre estará presente. Manténganse unidos a la Iglesia y a la Eucaristía. Tengan confianza en que el amor de Dios para ustedes nunca se terminará. Permitan que el Espíritu Santo les guíe y les cuide. Estén conscientes de la presencia de Dios en sus vidas. Oren mucho.

Usen el Año de Jubileo como una preparación para toda la vida venidera. La mejor preparación es el tratar de ser buenos y hacer el bien. El ayudar a los demás debe ser una parte de cada plan para nuestro futuro. Consideren cuales son los talentos que tienen, como desean usarlos para el mejoramiento de los demás. No se oliven de reflexionar sobre el sacerdocio y vida religiosa, como medio para de servir a los demás.

Nosotros los obispos les decimos a cada uno de ustedes: prepárense para el año del Jubileo para un encuentro profundo espiritual con Dios quien les ama y vivan ese amor en sus vidas.

A los Niños
Piensa en el gran amor que Dios tiene para ti. El te ama tanto que desea estar contigo, es por todo esto por lo que se hizo niño como tu. La oración es el hablar con El. Habla con el como si hablaras con uno de tus compañeros del salón de clases.

Jesús era una persona como tu, pero el era también Dios. Vino para estar con nosotros de manera que pudiera ayudarnos a ser mejores personas. El curó a los que estaban enfermos o que sufrían. El quiere que nosotros ayudemos a otros también. El desea estar con nosotros. El encontró la manera de hacerlo a través de la Eucaristía o de la misa. Allí se encuentra el real y verdaderamente presente. Jesucristo desea estar contigo. Habla con el; date cuenta de su presencia en tí y en los demás.

Nosotros los obispos les decimos a cada uno de ustedes: prepárense para el año del Jubileo para un encuentro profundo espiritual con Dios quien les ama y vivan ese amor en sus vidas.

A todos los Ministros de la Iglesia- Sacerdotes, Diáconos y a todos los Ministros Seglares

Manténganse fuertes en la fe; ayuden a los demás en sus luchas en la fe.

Mantengan la dimensión Eucarística presente a los ojos de todos los bautizados. Ayúdenles a darse cuenta de la necesidad de estar presentes en la comunidad durante el Sacrificio de la Misa todos los Domingos, y en cómo hacer presente la Eucaristía en el mundo. Manténganse ustedes y demás personas, enfocados en lo que en realidad cuenta. Sean personas positivas y de fé. Solamente de esa manera podremos reafirmar a los demás en la fé.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro personal y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

A todos Nosotros, al Enfrentarnos al Mundo en que Vivimos:
Los desafíos que enfrentamos hoy en día se encuentran en como debemos hacer presente a Cristo en la cultura existente entre nosotros-en nuestras familias, en el lugar de trabajo, en nuestros tiempos libres.

Todos estamos incluídos de una manera u otra en esta categoría, al tratar de ser Cristianos en el mundo. El Año de Jubileo debe traer un desafío especial para nosotros en como debemos reflexionar en nuestras vidas de fe que profesamos. La Misa Dominical debe cambiar nuestra manera de actuar para el Lunes.

Al prepararnos todos para el año 2000, debemos pedir a Dios la gracia de estar atentos para hacer presente a Cristo a todos los que estan a nuestro alderredor. Debemos asegurar que todas nuestras acciones esten motivadas por los Evangelios, con un compromiso profundo de nuestra fe en Jesucristo. Debemos hacer algo más que solo hablar de nuestra fe; debemos vivirla.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro personal y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

A las Familias
Tomen los siguientes años de preparación para el milenio como una oportunidad para solidificar todas las relaciones en la familia. Hagan de la familia un hogar donde la presencia de Dios esté siempre reconocida.

La preparación para el milenio, ante todo, debe vigorizar la relación existente, en la familia, esto significa, el vivir en la presencia de Dios. Haciendo del hogar una extensión de la Eucaristía. Este ambiente puede ser creado de una manera especial al compartir los alimentos. Tomen tales ocasiones para tener un entendimiento más profundo de como hacer llegar la presencia de Cristo a los demás, especialmente a aquellos con quienes compartimos con más frecuencia en la vida.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro personal y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas junto a su familia.

A los Religiosos
Ayudémonos a mantenernos llenos de vida durante estos años de preparación para el año del Jubileo desde la perspectiva de Dios. Mantengámonos enfocados en Dios, y ayudémonos a ver qué es lo que sucede en cuanto a la Providencia de Dios.

La vida Religiosa siempre tiene una conección con el final de los tiempos, un recuerdo de que, lo que tiene valor para el mundo, no es lo que vale ante Dios. Al mismo tiempo que mantengan esa dimensión transcendental viva en sus vidas, ayúdenos a todos a buscar a Dios en primer lugar, para quienes ya estan pensionados, les enviamos un mensaje especial: continuen orando por todos los miembros de la arquidiócesis, para que nos mantengamos fuertes en la fe y en el amor.

Nosotros obispos, decimos a cada uno de ustedes. Prepárense para el año del Jubileo para un encuentro personal y profundo con Dios que les ama y vivan ese amor en sus vidas.

Listos para el Futuro
El tema que hemos escogido, al adentrarnos al futuro y para prepararnos para el nuevo milenio es “Eucaristía Sin Murallas”. Puesto que somos un pueblo sacramental, sabemos que la Eucaristía es esencial en nuestras vidas, ya sea individualmente o como parroquia. Asi mismo sabemos que la Eucaristía no es solamente una acción solitaria que sucede únicamente en la Iglesia. Hacemos presente la Eucaristía en el mercado, en donde vivimos, trabajamos, y en nuestros tiempos libres.

En muchas maneras la Eucaristía resume lo que somos como Católicos, creemos en Dios de una manera especial a través de las Escrituras. Escuchamos en la Misa esa Palabra proclamada a nosotros en todas las formas nuevas. Estamos orgullosos de ser un Pueblo bíblico, con la esperanza de poder crecer en un entendimiento completo de la Palabra de Dios. Reconocemos que la Eucaristía también debe animarnos a atender a los necesitados, a quienes estan sufriendo en nuestra sociedad en cualquier forma.

Sabemos que el compartir en la Eucaristía también debe impulsarnos a desear compartir la plenitud de nuestra fe con los demás. A este deseo le llamamos evangelización. Así como Jesucristo envió a sus discípulos a anunciar que el Reino de Dios estaba entre nosotros, de manera que nosotros sabamos que, a través del bautismo y de la confirmación, el nos envía a todos a proclamar la buena nueva a nuestra propia generación. Al responder positivamente a su encomienda requiere entusiasmo. Debemos de estar entusiasmados sobre el regalo de fe que hemos recibido. Tal entusiasmo debe ser contagioso. El ser personas Eucarísticas significa ser personas que comparten y evangelizan.

Al prepararnos para el año 2000 y más allá, nosotros obispos no podríamos pensar en mejor manera para prepararnos nosotros mismos como Católicos, que manteniendo vivas todas estas dimensiones de la Eucaristía-Eucaristía como culto, Eucaristía como servicio, Eucaristía como compartimiento, Eucaristía como verdaderamente debe decirse que sobre esos pilares, Dios pueda usarnos para construír Su Iglesia del futuro..

¡Deseamos a todas ustedes paz en abundancia!

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¿Por qué los evangélicos no la alaban?
Autor: Martin Zavala M.P.

Pregunta:
¿Por qué los católicos alaban a maría? Ella fue una mujer como cualquier otra y no hay ninguna cita bíblica donde se diga que haya que alabarla o venerarla. Eso es idolatría y esta en contra de la Biblia. Dios es un Dios celoso y quiere que lo alabemos solo a él. Quiero una respuesta pero que sea con la Biblia, no con tradiciones de hombres, ni inventos del Papa. ¿Dónde en la Sagrada Escritura se habla de venerar a la Virgen? Me conformo con una sola cita bíblica que me envíen.

Respuesta:
Es un placer el poder escribirte en este mes de mayo dedicado a la Virgen Santísima, pues por tus comentarios y preguntas seguramente que no eres católico. En realidad lo que dices es el fiel reflejo de lo que piensan muchos protestantes y evangélicos. Así que te envío la respuesta y que Dios siga bendiciendo tu vida y la Virgen interceda ante Jesucristo para fortalecer tu salud espiritual.
Con mucha alegría te comparto cinco razones bíblicas del porque amamos a la Virgen. A nuestro alrededor tenemos familiares, amigos y desconocidos que nos atacan diciendo lo mismo, que nosotros estamos mal por amar y venerar a la Virgen. Afirman incluso que la Biblia no dice nada de eso. Es por ese motivo que te comparto este tema, pues debemos ‘dar razones en base a la Escritura’ (1 Pe 3,15) del porque de nuestro amor a María. Así nazca en ti el amor y veneración hacia ella para ser un auténtico y pleno cristiano. Vayamos a la Sagrada Escritura:

1.- Como católicos tenemos un regalo especial de parte de Jesucristo que quiso dejarnos a su Madre santísima como Madre Nuestra.

El evangelio de Juan nos dice sobre eso lo siguiente:
“Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Jn 19,26-27

Si lees atentamente el pasaje anterior notarás que Jesucristo dice a su discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. No es a cualquier persona sino al “discípulo” al que le dijo esas palabras. Es el auténtico discípulo de Cristo quien al igual que el apóstol Juan hoy acepta a María como “Madre”. En ‘Juan’ encontramos el modelo de todo discípulo que acepta este regalo de Jesús. En la Cruz, en esos últimos momentos, cuando Él sabe que va a partir, es cuando Nuestro Señor delante de todos deja como testamento espiritual para todo discípulo cristiano un regalo especial: “Ahí tienes a tu madre”. Bendita seas María, Madre de la Iglesia, Madre mía y Madre nuestra.
Un momento después notamos la actitud del discípulo. Juan, sin vacilar, escribe lo que ese día él mismo había hecho: “El discípulo se la llevó a su casa”. Como no recordarlo y ponerlo dentro de la Buena Nueva que estaba escribiendo en su Evangelio. El mismo lo dijo: “Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero”. Jn 21,24

Juan era el mas joven de todos los apóstoles y lo escribe porque para él, eso era un motivo de alegría y gozo que no podía callar. Que fácil hubiera sido para el no escribir eso años después. Si él hubiera tenido las ideas de algunos evangélicos actuales seguramente que nunca hubiera escrito eso. Pero no, para Juan el tener a María como madre no era motivo de vergüenza ni de quitar méritos a Jesucristo. Para él eso fue algo tan grande y valioso que no olvido ponerlo en su Evangelio.

Juan había escrito: “Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran”. Jn 21,25

Si al terminar su Evangelio él claramente afirmó que muchas cosas que Jesucristo había hecho no las había escrito, eso quería decir que solamente escribió lo que realmente era importante. No iba a desperdiciar su mensaje con cosas sin importancia. Solamente puso aquello que merecía ser mencionado, aunque tendría que dejar sin escribir muchas cosas que el mismo Jesús había hecho. Pues bien, unas de esas palabras tan valiosas fueron:

“Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Jn 19,26-27

Es por eso que hoy, igual que ese día, el verdadero discípulo de Cristo hace lo mismo que Juan, se “lleva a María a su casa”. Bendita seas madre santa, porque podemos tener la misma alegría de Juan de poder llevarte y tenerte en nuestra casa.

Además, si la Biblia enseña que hay que “honra a tu Padre y a tu Madre” Lc 18,20 Eso es lo que seguramente hizo Juan y nos puso con ello el ejemplo de Honrar a María. Con esa actitud Juan fue un buen católico.

Al parecer muchos hermanos separados ya olvidaron lo que dice el libro de Levítico:
“Moisés y los ancianos de Israel dieron al pueblo esta orden: «Guardad todos los mandamientos que yo os prescribo hoy. Maldito quien desprecie a su padre o a su madre. – Y todo el pueblo dirá: Amén”.
Dt 27, 1.16

De nuestra parte como católicos y como hijos suyos, también le honramos y amamos(Lc 18,20).
Gracias Apóstol Juan por darnos el ejemplo de amor a la Virgen como una madre espiritual del verdadero discípulo de Jesucristo. Esta es la primera razón bíblica por la cual nosotros también lo hacemos así.

2.- El Ángel, enviado por Dios, le dice: “Alégrate, llena de Gracia, el Señor esta contigo. Bendita tu entre las mujeres”.
“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tu entre las mujeres» Lc 1,26-28.

Que maravillosa es la Palabra de Dios al mostrarnos esto con tanta claridad. La Biblia nos dice que el Ángel es enviado por Dios para reafirmarlo, pues la palabra ‘Ángel’ significa mensajero. Si era enviado por Dios no podía equivocarse de ninguna manera y sus palabras a la Virgen María son tal y como hoy nosotros le llamamos:
“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tu entre las mujeres”

En las Biblias de versiones protestantes dice exactamente lo mismo. Bendito seas “Ángel” de Dios que no tuviste ningún problema en decir estas palabras y reconocer la grandeza de Dios en esta santa mujer. Cuando hoy en día hay muchos que dicen ser cristianos y le preguntan al católico que porque alabamos a la Virgen hacen eso porque al parecer no están leyendo atentamente la Biblia o no la quieren aceptar. Bendecir a la Virgen María es algo que nos puso como ejemplo el mensajero de Dios.
Imagine lo siguiente por unos segundos: Si Dios hubiera enviado ese día a una católico a darle el anuncio a la Virgen, esta persona hubiera hecho lo mismo que el Ángel, hubiera saludado a María y la hubiera alabado diciéndole “Bendita tu entre las mujeres”. En cambio si en ese día hubiera enviado a una persona con ideas protestantes ni hubiera hecho lo mismo ni siquiera algo parecido. Hubiera dicho algo así como: “hola mujer como cualquier otra, no te alegres pues tu necesitas ser salvada, eres solamente un objeto, como un vaso que Dios quiere usar; Adiós mujer”. Gracias a Dios que no escogió a una persona con esas ideas, sino que envió a uno de sus mensajeros=angeles y por él conocemos la buena noticia que dio: “”Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tu entre las mujeres”

Esta es la segunda razón bíblica de nuestro amor a la Virgen, simplemente seguimos el ejemplo que nos dio el Ángel enviado por Dios. “Bendita tu entre las mujeres” María santísima.

3.- El niño, quien será Juan el Bautista, salta de gozo y al mismo tiempo, su prima Isabel queda llena del Espíritu Santo.
Que detalles tan hermosos y tan fuertes nos dice la Sagrada Escritura al describir la reacción de quien recibe a la Virgen en su casa:
“Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo”
Lc 1,41

Digámoslo actualizado. Si hoy en día viniera la Virgen María y se parará en la puerta de la casa de un evangélico ¿Qué es lo que este haría? Si permanece firme en sus creencias diría a sus hijos: “Niños sigan jugando, es una persona cualquiera la que esta allá afuera; Es una mujer que no merece ningún a alabanza ni honor especial, simplemente es la madre de Jesús a la que la Biblia le llama ‘mujer’. El mismo seguiría en sus quehaceres ordinarios y nada mas.

Verdad que es bastante diferente es lo que paso en Isabel e incluso en un bebe que ni conciencia tenía todavía.

Ese bebe, al que pondrían el nombre de Juan, no solo salto de gozo, sino que también quedó lleno del Espíritu Santo. Eso lo había profetizado el Ángel:

“Porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre”
Lc 1,15

¿Qué fue lo que paso ese día para que Isabel y el mas grande de los profetas(Lc 7,28;Mt 11,9) quedaran llenos del Espíritu Santo? ¿Cuál fue la razón para tan grande manifestación de Dios? Leamos de nuevo la Biblia:

“Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo”
Lc 1,41

Todo fue por la presencia y el “saludo de María”. Por eso como católicos recibimos con gozo esa misma bendición. María nos lleva hacia una vida mas llena del Espíritu Santo. Lo que pasó fue que “El bebe salta de gozo y su prima Isabel se llenó del Espíritu de Dios”. Que increíble que muchos hermanos separados no alcancen a descubrir esto que está tan claro en todas las Biblias del mundo.

Cierre sus ojos e Imagíneselo unos segundos en su mente. Va entrando María y con su sola presencia provoca, que Isabel se llene del Espíritu Santo. Al mismo tiempo ese gozo es tal en Isabel que no solamente ella se llena de Dios sino que el bebe que lleva en su vientre “Salta de gozo”. Se imagina a Juan lleno de gozo y del Espíritu Santo por la presencia de María en casa de su mama Isabel.

Más expresivo ya no podía ser el evangelista San Lucas al narrarnos que fue lo que ese día sucedió: “Gozo y presencia del Espíritu Santo es lo que provoca la santísima Virgen María”.

Esta es la tercera razón bíblica del porque amamos y veneramos a la Virgen. Simplemente, que como católicos y cristianos verdaderos, aceptamos la Palabra de Dios tal cual es. Por eso al igual que ese bebe, saltamos de gozo y al aceptar a María en nuestras vidas entra Jesucristo y derrama su Espíritu sobre nosotros para llenarnos de su presencia. Sin duda que el bebe Juan e Isabel son como el católico de hoy que se goza ante la presencia de María. Ah, y eso que el bebe todavía no había nacido eh…

4.- Isabel, llena del Espíritu Santo, alaba y bendice a la Virgen María.
“… e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno” Lc 1,42 Ni explicación hace falta pero solamente reforcemos que fue Isabel, llena del Espíritu de Dios, quien fue la primera que uso las palabras con las que los católicos alabamos a la Virgen.

Si hoy alguien dice que estamos mal al bendecir a la Virgen en realidad esta atacando al mismo Espíritu Santo, pues fue Él quien impulsó a Isabel a bendecir a la santísima Madre de Jesús y madre Nuestra. Igualmente si hoy alguien dice: ¿Dónde en la Biblia se habla de alabar a la Virgen? Lo respetamos y le sugerimos que lea un poco mas la Biblia pues eso esta escrito en Lc 1,42 desde hace mas de dos mil años y es increíble que hoy haya personas que dicen ser cristianos y que desconocen este pasaje de la Sagrada Escritura.

Hoy con gozo, con el Espíritu de Dios impulsándonos y con la Biblia en la mano decimos igual que Isabel cuando se llenó del Espíritu Santo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre Jesús”.

Ah… y eso que nosotros no lo hacemos como Isabel lo hizo, pues ella lo hizo gritando: “y exclamando con gran voz” Lc 1,42

Esta es la cuarta razón bíblica por la que nosotros como auténticos cristianos, alabamos a la Virgen siguiendo el ejemplo de esta mujer llena de Dios: Isabel.

5.- Santa María profetizó que todas las generaciones le llamarían “Bienaventurada”.

Eso es lo que dice en todas las Biblias incluyendo las que usan los protestantes: “Por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada”. Lc 1,48
Los católicos al alabarla y llamarle así cumplimos esta profecía bíblica. Hay otros, que no son católicos, que no la cumplen. Los respetamos, pero respetamos y amamos mas a la Palabra de Dios. Si en la Escritura dice: “Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” Entonces preguntémonos: ¿Qué Iglesia en el transcurso de la historia ha venerado a María? ¿Quién en estos dos mil años ha cumplido esta profecía bíblica? La respuesta es: ¿Los Mormones? ¿Los Testigos de Jehová? ¿Los evangélicos? Ninguno de ellos, pues ni siquiera existían y cuando aparecieron en vez e cumplir esta profecía se pusieron a contradecirla.

La respuesta correcta sobre quien cumple esta profecía bíblica es la Iglesia Católica. Somos nosotros quienes por gracia de Dios siempre la hemos llamado “Bienaventurada” sabiendo que de esta manera glorificamos el nombre de Dios pues es Dios mismo quien llamó a la santísima Virgen María y la llenó de su gracia(Lc 1,28).

Por estas cinco razones bíblicas te amamos, alabamos y bendecimos Santa Madre de Dios María santísima.

Dios te siga bendiciendo y te ilumine para aceptar la enseñanza de la Palabra de Dios y el amor de María como madre espiritual.

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