Vivimos en una época de extremismos. Si se desea algo o se rechaza algo lo hacemos hasta el extremo. Con la crianza de nuestros hijos pasa igual. Con mucha frecuencia caemos en los extremos del castigo destructivo que marca para siempre al hijo, o nos vamos al extremo permisivo donde la criatura se cría sin ninguna regla y permitiéndole ser amo y señor de la casa. Pero sin duda alguna existe el lugar intermedio donde el balance, la prudencia y la sabiduría hacen su aparición para darles a nuestros hijos una crianza sana y robusta, sin abusar del niño pero dándole disciplina que es tan necesaria para poder tener éxito en la vida y en las relaciones interpersonales. Creo que ese punto medio es el amor. Tenemos que amar entrañable e incondicionalmente a nuestros hijos, pero igual debemos disciplinarlos, justo por que les amamos. Para amarlos debemos respetarlos, y no destruir su autoestima.
Debemos disciplinar pero no castigar. La diferencia no es que uno es físico y la otra no. Porque la disciplina, en mi opinión, puede ser física sin ser castigo. Esta clase de disciplina es dañina justo cuando se convierte en castigo, dejando de ser disciplina. Pero como abunda el tratado físico, el cual repudiamos con todas nuestras fuerzas, caemos en el extremo de pensar que toda disciplina física es castigo; y que si es disciplina no puede ser física. Pero las diferencias entre estas dos acciones son más profundas y serias. Veamos algunas diferencias entre disciplina y castigo.
El castigo le dice al hijo que se le rechaza por considerarlo malo o socialmente inadaptado. Pero la disciplina le dice al hijo, que es amado por sus padres y que éstos hacen un esfuerzo por formarlo debidamente. El castigo va contra el muchacho, mientras que la disciplina va contra la acción. El castigo es motivado por la venganza; la disciplina tiene como meta la corrección y la enseñanza. El castigo mayormente es fruto del coraje y la ira del momento; la disciplina es fruto del amor. El castigo es extremo y brutal; la disciplina es equilibrada y limitada. El castigo es injusto e inesperado. La disciplina es justa y esperada. El castigo es degradante y desmoralizador. La disciplina sustenta la dignidad y fortalece la autoestima. El castigo crea terror y daño emocional; la disciplina conduce a un sano respeto por la autoridad. El castigo puede aplicarse arbitrariamente; la disciplina siempre se razona.
Castigar a los hijos, les produce un deseo de “castigar” a los padres y con frecuencia lo logran. Castigan a los padres haciendo con sus vidas lo que tanto se les ha dicho que no hagan. Esos hijos están llenos de coraje y rencor contra sus padres. Y lo peor es que en muchos casos los padres sólo querían disciplinarlos y no sabían cómo. Ellos sólo desean mostrarles su amor pero erraron en la forma de hacerlo. Nadie nos enseñó a ser padres y aprendimos o estamos aprendieron en medio de la tarea. Hoy es un excelente día para hacer cambios positivos en casa.
El Manejo de los Celos
¿Es usted una persona celosa? ¿Con frecuencia se deja dominar por ese sentimiento? ¿Ha tenido problemas con su pareja por los celos?
En cierto sentido, todos hemos experimentado en alguna forma y en algún momento ese molestoso sentimiento llamado celos.
Los celos pueden definirse como “una actitud de envidia o resentimiento respecto a un rival que logra mayor éxito.” El diccionario, El Pequeño Larousse, define celos como: “Envidia que causa el que otra persona disfrute de algo que uno quería para sí. Temor a que otra persona pueda ser preferida a uno: tener celos de alguien.” Como podemos apreciar, los celos son el resultado de la frustración que sentimos al no lograr el objetivo que deseamos, sea este: atención, amor, una posición o algún objeto. La persona celosa suele sentirse irritable, tensa y nerviosa. Se siente incapaz de satisfacer las normas y expectativas de los demás. También tienden a imaginar cosas que no existen. En algunos casos la persona celosa recurre a la mentira y difamación de quienes muestran más capacidad, intentando así elevar su propia estima. Los celos y la rivalidad entre los niños son casi universales. Los hermanos tienden a competir por los halagos de los padres. Es de esperar cierto grado de conducta competitiva entre los hermanos, pero hay que poner atención a que esta no sea una actitud enfermiza. Los padres necesitamos ayudar a nuestros hijos a que desarrollen relaciones interpersonales sanas y de respeto a los derechos del prójimo.
Fuertes sentimiento s de inseguridad e incompetencia podrían ser las principales causas de los celos. Personas con baja autoestima experimentan el celo más frecuentemente. Un deficiente desarrollo espiritual podría también influir en los celos. Existen además trastornos emocionales mayores que bien podrían ser las causas de los celos. Algunas ideas para manejar los celos.
1. El favoritismo paterno fomenta los celos y puede marcar negativamente a los que no resultan los favoritos. Los padres debemos mostrar el mismo amor a nuestros hijos, pero no tratarlos igual, porque son diferentes.
2. Si le han dicho que usted es una persona celosa, pero usted no lo admite, trate de examinarse sin prejuicio alguno, porque el inicio del cambio de actitud es admitir el problema.
3. Si usted reconoce que es una persona celosa y que no puede controlarse, comience admitiéndolo delante de su familia y discúlpese por sus excesos. Cuando no hay causas reales que provoquen los celos, debe comprender que sus sentimientos presentes no se fundan en datos objetivos sino que posiblemente son distorsiones que provienen de pasadas experiencias negativas o de inseguridad.
4. Desarrollar su vida espiritual y su dependencia en el Señor Jesús sería una excelente ayuda para tener fuerzas y poder manejar esos sentimientos negativos.
5. La ayuda de un profesional en el área o un líder religioso preparado, podría a yudarle a entender de donde provienen sus sentimientos de inseguridad e incompetencia y cómo trabajar con ellos. ¿Se siente inseguro en su matrimonio? ¿Qué podría hacer para que su cónyuge se sienta seguro/a? ¿Puede usted identificar algo en su pasado que contribuyó a tener una autoestima pobre? Una vez usted pueda reconocer estas señales en su vida, con la ayuda de Dios, el proceso de recuperación puede empezar. Obra consultada: Enciclopedia de problemas sicológicos. Clyde Narramore.
por el Dr. Daniel Villa