Cierta vez, escuche a alguien que se refería a los problemas que se suscitan en los matrimonios, y esa persona, hacia hincapié en que los mismos se generaban, porque los cónyuges no terminaban de conocerse bien el uno al otro. Y es cierto, si no aprendemos a conocer bien a quien esta al lado nuestro, la relación se hará mas difícil, día a día, quizá conozcamos los errores de la otra persona, pero no conoceremos todas sus virtudes, eso hará que nuestro corazón se aleje paulatinamente de esa persona.

Ahora bien, si por el desconocimiento que tenemos de los demás, nos alejamos y además también peleamos, lo cual produce que andemos desconfiando de todos y atando relaciones solo por conveniencia, nos lleva a una pregunta vital para los que nos llamamos Cristianos; ¿Conocemos realmente a nuestro Señor Jesucristo? ¿Conocemos en realidad sus deseos para con nosotros? ¿Sabemos fehacientemente como vivió y como es su amor para con nosotros?. Yo diría que en algunos casos, no lo sabemos, en otros no nos importa o simulamos ignorancia.

“…El que me ama, mi palabra guardara, y mi Padre le amara, y vendremos a él, y haremos con él morada” Juan 14:23. Dice el hijo de Dios: “el que me ama, mi palabra guardara”, esta cita nos ayuda a responder por lo menos, las dos primeras preguntas. Si le amamos, cumpliremos con lo que su palabra nos enseño; pero a la vez, también le amamos, porque hemos aprendido de su palabra, y de que nos habla su palabra?. Sencillo como El, su palabra nos enseña sobre el amor de Dios para con nosotros, del amor entre nosotros, del amor medido hacia nosotros mismos.

Del saber dar, recibir, pedir, tolerar, perdonar, en suma, vivir realmente en santidad y en forma sencilla. Como primera medida, debemos leer los evangelios en forma concienzuda y a corazón abierto, de esta forma aprenderemos de su palabra y de sus hechos, y si por la gracia del Espíritu Santo, tanto nuestros ojos como el corazón fueron abiertos, veremos, que siendo Jesús el Hijo Unigénito de Dios, hecho hombre, fue sencillo de corazón y de espíritu, siendo pecadores nos busco y nos perdono, demostró su poder al sanar nuestras enfermedades al revivir muertos y de muchas y milagrosas maneras, nada quiso para si, solo que creyésemos en El; tomo su vida por nosotros, no reclamo la de nadie, nos mostró la grandiosidad del Padre resucitando y enviándonos “el Santo Espíritu de Dios”, solo nos reclamo y nos reclama que creamos en El, en una palabra, que tengamos FE.

El Perdonar

Dos de las palabritas mas usadas en los Evangelios, son perdón y perdonar, por la primera el diccionario nos dice: “Acción y efecto de perdonar – Indulgencia, remisión de pecados”, y por la segunda: “Renunciar a obtener satisfacción o venganza de una ofensa recibida, o dejar de exigir una deuda – Excusar de una obligación”. Ellas son mencionadas constantemente por los Evangelios, y son un resultado del inmenso amor de Dios para con nosotros. El envió a su Hijo Santo, a fin de que mediante su predica y su sacrificio, fuésemos perdonados en nuestros pecados, pero, a fin de recibir la bendición del perdón, que acción diaria debemos los cristianos ejecutar? Nada menos y nada mas que perdonar. “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados” Lucas 6:37. “Entonces se le acerco Pedro y le dijo: Señor, ¿cuantas veces perdonare a mi hermano que peque contra mi? Hasta siete?. Jesús le dijo: no digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete. Mateo 18:21-22.

Cuantos de nosotros cuando alguien nos ofende, o nos dice y/o hace algo que nos perjudica o no nos gusta o que creemos que será perjudicial para esa misma persona, no enojamos mucho y lo peor es que luego no lo perdonamos, lo peor es ese resentimiento a veces dura para toda la vida. En cuantas circunstancias tenemos algún tropiezo ocasional con alguien y de lejos o de cerca lo insultamos y si lo tenemos a mano, puede la cosa llegar hasta la agresión.

Esto no debe ser así, hermanos, el tener el perdón siempre a mano, significa que tenemos AMOR CRISTIANO, y si pretendemos ser Cristianos de verdad, no puede faltar el amor total y si él no falta, tampoco faltará una rama de éste, el perdón. ¿Cuantas veces en forma pública o privada tú le pides perdón a DIOS? y si le pides y pretendes que DIOS te perdone ¿Porqué tú no perdonas las faltas de los demás por pequeñas que estas sean?

Algunas personas no tienen el suficiente amor como para perdonar ¿Y sabes porqué? porque no aman lo suficiente a DIOS, porque si cualquier persona cumple con el primer mandamiento que dice “Ama a DIOS con toda tu mente, con toda tu alma y con todo tu corazón, ama a DIOS por sobre todas las cosas” el solo y gran hecho de amar a DIOS, te posibilitará el tener ese amor amplio y divino que hará que tú también perdones, porque serás parte de EL, y si tienes el amor de DIOS, tienes su unción, y aquel que se llame Cristiano o siervo de DIOS tiene que amar todas la cosas que puso el Creador sobre la tierra, y entre ellas y principalmente a los hombres a quienes hizo a su imagen y semejanza.

¿No sabes que el no perdonar engendra veneno en nuestro corazón? Porque a partir de un enojo crece la semilla del odio dentro de ti, y envenenará tu alma de tal manera, que ya nunca tendrás paz, vivirás amargado, esperando el momento de la venganza y si esta llega en algún momento, no creas que ahí acabará todo, las consecuencias de la venganza que tú tomes pueden traer resultados funestos para ti, de parte de DIOS y/o de los hombres, además tendrás como contrapartida el odio de tu oponente o de sus familiares.

Si alguien piensa distinto a ti o hace algo que tú crees que está mal o te insulta, primero persuádelo con palabras cristianas y perdónalo y si persiste en su error perdónalo.

“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A este como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo. El Señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debí cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Más el no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su Señor lo que había pasado. Entonces llamándole su Señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste, ¿No deberías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?. Entonces su Señor, enojado, le entregó a los verdugos, para que pagase todo lo que debía. Así también mi Padre Celestial, hará con vosotros, sino perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”Mt. 18:23-35.

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