La Iglesia es verdadera sociedad porque tiene los tres elementos indispensables en ella: a) multiplicidad de individuos que la integran; b) fin y medios de acción que los unen; c) autoridad que los dirige.

Todas las sociedades: a) constan de varios individuos; b) tienen un fin que las distingue: unas son literarias, otras científicas, comerciales, etc; y buscan los medios apropiados para alcanzar su fin; c) Reconocen una autoridad directiva.

En la Iglesia: a) los individuos son los bautizados; b) el fin, es la salvación eterna; y los medios para alcanzarla, la fe, mandamientos, sacramentos,etc; c) La autoridad, es el Papa y los Obispos.

El Pueblo de Dios. Los fieles cristianos:

Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el Pueblo de Dios, y cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo.

Hay dos principios básicos en la constitución del Pueblo de Dios:

1) Principio de igualdad: todos los bautizados están igualmente llamados a la plenitud de la santidad, que es la misma para todos, y todos están igualmente llamados al apostolado común.

2) Principio de variedad: aunque la santidad y el apostolado son, en cuanto a su sustancia y fin, iguales para todos, sin embargo, hay diversidad en los modos y formas de alcanzarlos, dependiendo de las condiciones de vida y de las vocaciones particulares específicas (Juan 3,8).

En virtud del principio de igualdad, todos los que pertenecen al pueblo de Dios reciben el mismo nombre; el de fieles, y todos gozan igualmente de una condición común, que se llama estatuto jurídico del fiel, es decir, conjunto de derechos y deberes que nacen de la condición de fiel.

De acuerdo con el principio de variedad, podemos distinguir en el Pueblo de Dios:

a) Ministros sagrados o clérigos: son los fieles destinados mediante el sacramento del Orden, al ejercicio ministerial del sacerdocio.

b) Fieles comprometidos por medio de votos u otros vínculos sagrados, a seguir la vida consagrada, y que pueden recibir o no el sacramento del Orden.

c) Laicos o fieles no cualificados ni por el sacramento del Orden ni por una consagración de vida, y cuyo deber peculiar es el impregnar y perfeccionar el orden temporal con el espíritu del Evangelio, y dar testimonio de Cristo en la realización de las tareas seculares.

LA IGLESIA, SOCIEDAD JERARQUICA

Se entiende por jerarquía los diversos grados que hay en la autoridad eclesiástica, para poder cumplir el fin que tiene la Iglesia, de acuerdo a esos encargos que Cristo le dejó: santificar, gobernar y enseñar.

En la estructura jerárquica de la Iglesia podemos distinguir dos poderes y potestades: la de orden y la de régimen.

Potestad de orden se refiere al poder de santificar, es decir, de administrar los sacramentos, y encierra tres grados: el episcopado, el presbíterado y el diaconado.

Potestad de régimen se refiere al poder de gobernar y enseñar.

Por derecho divino la potestad de régimen recae sobre:

–El Romano Pontífice (el Papa)
–El Colegio Episcopal (los Obispos).

En cambio, por derecho eclesiástico la potestad de régimen, se ha organizado de diversos modos, buscando la mejor manera de alcanzar el fin de la Iglesia: la salvación de las almas. Actualmente se ejercita por diversos cauces: Sínodo de Obispos; Colegio de Cardenales; Curia Romana; Legados Pontificios; Las Iglesias Particulares y Prelaturas personales.

–El Sínodo de Obispos es una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los Obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo.

–Colegio de Cardenales al que compete proveer a la elección del Romano Pontífice y asistirlo colegialmente cuando son convocados para tratar juntos cuestiones de más importancia, o prestarle al Papa una asistencia personal, mediante los distintos oficios que desempeñan, en el gobierno cotidiano de la Iglesia universal.

–Curia Romana es aquella mediante la cual el Papa puede tramitar los asuntos de la Iglesia universal (Secretaría de Estado, Consejos para asuntos públicos de la Iglesia, Sagradas Congregaciones, Tribunales,etc).

–Legados Pontificios son aquellos que envía el Papa en su nombre tanto a las Iglesias particulares como ante los Estados y Autoridades públicas.

–Iglesias Particulares. Entran aquí la prelatura territorial, el vicariato apostólico y la diócesis personal.

–Prelaturas personales es una de esas formas de organización jerárquica de la Iglesia, de carácter netamente personal (quiere decir que de ordinario, no se rigen por el criterio de la territorialidad) y secular, erigidas por la Santa Sede, para la realización de actividades pastorales peculiares en el ámbito de una región, de una nación o del mundo entero.

Las Prelaturas personales no tienen parecido alguno con las Instituciones asociativas, entre otras cosas porque éstas no son parte de la organización jerárquica de la Iglesia.

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Autor: P. JUAN RIVAS LLC

“Escudriñad las Escrituras porque a vosotros os parece que en ellas tenéis vida eterna y ellas son las que dan testimonio de mí”.Juan 5,39.

¿CONOCES TU LA BIBLIA?

“La Biblia revela al alma la verdadera sabiduría. Transporta el espíritu al cielo. Vivifica en el corazón la alabanza. Aparta al hombre de los deseos del mundo. Deja en la mente un £nico pensamiento: el de la otra vida.

La lectura frecuente de la Biblia nos hace obrar por amor a Dios. nos mueve a la ardua labor de la virtud. Nos pone de manifiesto el auxilio providencial de Dios, la fortaleza de los justos, la bondad divina, la excelencia de su recompensa.

Nos excita a imitar a los siervos de Dios. Nos da fuerzas para la batalla de la santidad. Renueva nuestra fe en las promesas divinas.

La Biblia es la consoladora de los tristes, puerto seguro y tranquilo, fortaleza inexpugnable, torre inconmovible, impenetrable armadura, serenidad de espíritu, verdad indestructible, alegr¡a perdurable”.

“Es preciso, pues, que leamos con la máxima atención la Biblia. Si lo hacemos obtendremos la verdadera ciencia”.

Al que con piedad y fe recorra los Santos Libros… el Señor que baja a nuestros corazones, iluminar su espíritu. Expandir sobre su alma rayos de luz, descubriéndole cosas ocultas y enseñándole todo cuanto ignora. El quiere ser nuestro Maestro: ‘A nadie llamáis Maestro vuestro’ “. (S. Juan Crisóstomo, “La asidua lectura de la Biblia”).

¿OBEDECES TU A CRISTO?

Es útil el saber citas de memoria, pero si no pones en pr ctica las enseñanzas que contienen de nada te sirve. Jesucristo dijo: “Escudriñad las Escrituras”. (Juan 5,39.) ¨Y qué significa esto sino que es necesario llegar, mediante un estudio profundo, a comprender su verdadero sentido?

Pero hoy hay muchos pastores que engañan a la gente haciéndole creer que “escudriñar” significa “interpretar”, y ‚sto según el parecer de cada quien. (Principio protestante del juicio privado).

¿COMO DEBEMOS LEER LAS SAGRADAS ESCRITURAS?

La misma Biblia nos dice cómo. Recuerda el pasaje del eunuco de la reina de Etiopía. “Mientras viajaba en coche, iba ocupado en la santa lectura”. Lee: Hechos 8, 26-39.

1. La leía con celo y ardor.
Considera su mérito de no dejar la lectura ni siquiera en el camino, ni siquiera en el coche con ruedas de madera, por un camino de piedras.

2. Tenía muchas excusas para no hacerlo.
El eunuco no era cristiano, ni judio, y además era rico; todo esto le daba justificación para ser negligente. sin embargo, no se excusó como nosotros: “no tengo tiempo”, “no entiendo”.

3. Dios le ayuda.
Antes de concederle su gracia, Dios espera a que el eunuco haya hecho todo cuanto de él depende.

Dios te ayuda a ti tambien, pero tu tienes que hacer primero lo que te corresponde: adquirir la Biblia, leerla, estudiarla.

4. Le manda un apóstol.
Con la sola Biblia no pudo entender todo. Dios pod¡a haberle enviado su Espíritu. ¡Claro que sí! Pero el hecho es que no lo hizo, para enseñarnos a nosotros que es necesario un maestro autorizado. Dios le ayuda a penetrar las Escrituras mediante un maestro de la Iglesia: el diácono Felipe. Lee: Lucas 10,16.

La misma Escritura nos enseña que la Iglesia primitiva no era la Iglesia de la sola Biblia sino la Iglesia de los maestros: “acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles”. Lee: Hechos 2,42. Si hay enseñanza, tiene que haber maestros; y si hay maestros, debemos aceptar su magisterio.

Por el contrario, si no hay Magisterio, como algunos afirman, no debería haber maestros y nadie debería enseñar la Biblia. Para salvarnos, bastaría traer “la sola Biblia” bajo el brazo y leerla.

Lo que no podemos aceptar, es que por un lado nos digan que no son necesarios los maestros ni el Magisterio y despu‚s, ellos mismos, se nos presenten como únicos maestros infalibles de la Biblia.

¿QUE DICE LA IGLESIA DE LA BIBLIA?

La Iglesia considera como suprema norma de su fe la Escritura unida a la Tradición, ya que, inspirada por Dios y escrita de una vez para siempre, nos transmite inmutablemente la palabra del mismo Dios.

Es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye el sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente l¡mpida y perenne de vida espiritual. Lee: Documentos del Concilio: “Dei Verbum” No. 21.

La Iglesia no añade nada a la Escritura, sino que crece en la comprensión de las palabras. Estudia: “Dei Verbum” No. 8. Pero tampoco saca de la Escritura todo lo revelado, porque lo revelado abarca tanto lo transmitido por carta, la Biblia, como lo de viva voz, la Tradición. Lee: 1 Corintios 11,23 y 2 Tesalonicenses 2,15.

“Los libros inspirados enseñan la verdad. Sin embargo, la fe cristiana no es una ‘religión del Libro’. El Cristianismo es la religi¢n de la “Palabra” de Dios, ‘no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo”. CIC = Catecismo de la Iglesia Católica n.108.

El Concilio recomienda insistentemente a todos los fieles la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la suprema ciencia de Jesucristo. Lee: Filipenses 3,8.

LA RESPUESTA CATOLICA.

1. Es necesario un Magisterio que nos explique como Felipe al eunuco.

Todos los cristianos creemos que la Biblia dice la verdad. Nadie niega eso, pero esa verdad no es clara y evidente para todos.

La Biblia lo dice. El eunuco no era ningun ignorante, tenia la Biblia en la mano y la escudriñaba como Jesus lo hab¡a mandado. Sin embargo, cuando Felipe le pregunta: “¨Comprendes lo que lees?” El responde: “¿Cómo voy a entender si nadie me lo explica?”

La experiencia lo demuestra. Los fundamentalistas bíblicos afirman: la Biblia dice la verdad. Pero el caso es que ellos mismos no se pueden poner de acuerdo en cu l es esa verdad. Si la conocieran no estarían divididos en multitud de iglesias.

2. Es necesaria la luz de Cristo.

Para comprender lo escrito en un libro no basta saber leer, es necesaria la luz. De la misma manera, para entender la Biblia se necesita que Cristo por medio de su Esp¡ritu nos ilumine. Lee: CIC 108.

Esto se ve claro en el pasaje de los disc¡pulos de Emaús. Cuando ellos quisieron interpretar las Escrituras segun su propio entender se fueron alejando desilusionados, pero cuando Cristo les abrió la inteligencia, regresaron con gozo a la comunidad, a la Iglesia de Cristo. Lee: Lucas 24, 33 y 45.

Cristo no nos dejo la Biblia para inventar o discutir la fe, por el contrario, nos dió la fe de la Iglesia para entender la Biblia. CIC 113-114.

3. La Biblia no estuvo muda 2,000 años.

Todos los cristianos creemos que Dios nos habla por medio de la Biblia. Si esto es verdad, y no estuvo muda y silenciosa durante 2,000 años, algo debió de haber dicho a los que la tuvieron en la mano antes que nosotros y, por tanto, antes de dar nuestra interpretación, deberíamos de consultar lo que la Biblia dijo a los que la estudiaron antes que nosotros.

La Biblia no se escribió la semana pasada, y citarla como si tú fueras el primero que la entiende es arrogancia. Más aún, si lo que te dice la Biblia hoy a ti, contradice o niega lo que la Biblia dijo ayer, una de dos, o la Biblia dice mentiras o tú estás equivocado.

Precisamente por eso los que predican opiniones que cambian, y no verdades que permanecen, rechazan el Magisterio que est para conservar, exponer y custodiar esas verdades, v lidas para todos los hombres de todos los tiempos. Lee: CIC 86.

Pero entonces, como es que hay muchas enseñanzas catolicas que no están en la Biblia?

La primera razón es que no basta saber leer para entender. ¿Cómo quieres entender en una semana lo que a la Iglesia le costó 2,000 años de meditación y estudio? Dei Verbum n. 8.

La segunda razón es que nosotros aceptamos todo lo que la Tradición Apostólica nos ha transmitido, no sólo por escrito sino también de palabra. Lee: 1 Tesalonicences 2,5. Estudia: CIC 80 ss.

Lutero tenía razón al subrayar que la Escritura habla en un lenguaje que cada hombre puede entender. Hasta los niños y los iletrados entienden el Sermón de la Montaña, el mandamiento del amor al prójimo,
la parábola del hijo pródigo. La Biblia para aplicarla a mi vida y para hablar con Dios esta al alcance de todos. Lee: CIC 104. Pero “el oficio de interpretar ha sido encomendado únicamente al Magisterio” CIC 85 ss.

Poca Biblia aleja de la Iglesia, mucha Biblia acerca a ella.

Scott Hann era un pastor presbiteriano, profesor de Sagradas Escrituras. Su amor a la Biblia era tan grande como su antipatía por la Iglesia Católica. Un día, uno de sus estudiantes le preguntó:
“¿Dónde enseña la Biblia el principio protestante de la sola Biblia?”
Scott dió las conocidas citas de 2 Timoteo 3, 15 y 1 Tesalonicences 2,13.

A la primera cita el estudiante replicó que lo que ahí se dice es que la Biblia tiene autoridad, pero no que es la única autoridad; y a la segunda, que S. Pablo se refiere a lo que ‚é ha predicado y no a lo escrito. Aunque el maestro no aceptó en ese momento la réplica del alumno, su amor a la verdad le hizo reflexionar y estudiar más a fondo la Escritura. Tiempo después se convirtió a la fe Católica.

ORACION:

“Señor Jesús, haz que la lectura de la Biblia sea luz para mis pasos, pan para mi alma, sal que dá sazón a mi vida y me lleve a ser fermento de vida cristiana y apóstol intrépido de tu palabra.”

Se prohibe la reproduccion total o parcial de estos folletos en cualquier medio impreso o electronico HOMBRENUEVO ® MMIII

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EL APOSTOLADO DEL EJEMPLO

Recibí un escrito de una joven que me decía:

“Se burlan de mí porque voy a misa”. “Pareciera que en mi barrio los jóvenes ya no creen en Dios”.

EL APOSTOLADO DEL EJEMPLO

No sé por qué, pero me nació del alma responderle:

“Pues ya tienes un apostolado”. “Ser luz en ese barrio”.

“Iluminar con tu vida los caminos que llevan a Dios”.

“¿Pero, qué debo hacer?”, me preguntó inquieta.

“Nada”. Respondí. “Dios lo hará todo”. “Solamente vive el Evangelio”. “Sé santa”.

“Tu ejemplo bastará para tocar sus vidas e iluminarlas”.

“Pide al buen Dios que te haga instrumento suyo”.

Señor, hazme un instrumento de tu paz;
donde haya odio, ponga amor;
donde hay ofensa, perdón;
donde hay duda, fe;
donde hay desesperanza, esperanza;
donde hay tinieblas, luz;
donde hay tristeza, alegría.

Oh divino Maestro, que no busque yo tanto.
Ser consolado como consolar.
Ser comprendido como comprender.
Ser amado como amar.

Porque dando se recibe.
Perdonando se es perdonado.
Y muriendo a si mismo se nace a la vida eterna.

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