“La arrogancia de la vida no proviene del Padre sino del mundo”
I Juan 2:16

Quiero seguir meditando en el tema de la arrogancia porque es una característica que puede pasar como virtud o rasgo sobresaliente de un líder, y de virtud no tiene nada.

¿Recuerdan a Moisés parado en la cima de la colina en Refidim? Parado con los brazos en alto apoyaba así espiritualmente a Israel. Cuando las fuerzas empezaban a abandonarlo el ejército enemigo prevalecía, pero cuando inmediatamente sus asistentes le levantaban sus miembros el ejército de Josué vencía.

Israel venció y el Señor decretó un dictamen que inmediatamente Moisés escribió en un rollo para que nadie olvidara esta disposición divina:
“Yo borraré por completo, bajo el cielo, todo el rastro de los amalecitas” Éxodo 17:14.

Pero Moisés añadió además a este juicio, un añadido personal que completaba el designio divino:
¡La mano del Señor contra Amalec será de generación en generación! Éxodo 17:16.

Dios no cambia, lo que él ha decretado se cumplirá, no hay nadie capaz de desviar su voluntad, no hay, ni puede haber, nadie más bueno que Dios o que se atreva a juzgar si su voluntad no es del todo imparcial.

Buscando en la Biblia la palabra arrogancia me encontré con la historia de Saúl, el primer rey de Israel, qué rápido fue ungido y que rápido lo destituyeron de su puesto, es que él peco de arrogante.

¿Cuál fue la arrogancia de Saúl?
El profeta Samuel le dio instrucciones bien claras al novato rey de la forma como llevaría la guerra contra este pueblo maldito desde sus antepasados, Dios cumpliría en esta batalla una palabra que había decretado hace mucho tiempo atrás y que Moisés había conservado en un rollo, Saúl sería el instrumento para llevar a cabo este decreto, pero el arrogante rey, tenía sus propios criterios y su exclusiva manera de ver las cosas, disparejas de Dios.
Samuel le dio instrucciones bien claras de lo que debía hacer:

• “Pon atención al mensaje del Señor…”

• “Ataca a los amalecitas ahora mismo…”

• “Destruye por completo todo lo que les pertenezca, no
les tengas compasión…”

• “Mátalos a todos, hombres y animales…”

¿Les parecen instrucciones bien claras y específicas?
Sólo un corazón arrogante se niega a obedecer a pie puntillas una orden dada por Dios, busca evadir buscando excusas con tal de hacer su voluntad y esto fue lo que llevó a Saúl a su debacle y fracaso como rey.

Dios iba a usar a Saúl para consumar con un acto que había profetizado desde hace mucho y Saúl el arrogante no quiso hacer lo que Dios le pidió, sino su voluntad.

“Además de perdonarle la vida al Rey Agag, Saúl y su ejército preservaron las mejores ovejas y vacas, los terneros más gordos y en fin todo lo que era de valor, nada de esto quisieron destruir, solo destruyeron lo que era inútil y lo que no servía” I Samuel 15:9.

La arrogancia de Saúl fue el detonante que lo separó de Dios:

“Me arrepiento de haber hecho rey a Saúl, pues se ha apartado de mí y no ha llevado a cabo mis instrucciones”

Y encima Saúl con la característica típica del arrogante que cree que sólo él tiene la razón insistió en su convicción que él era más bueno que Dios.

La mañana siguiente el profeta Samuel quien pasó la noche en vela clamando al Señor por el rey arrogante fue a buscarlo, pero le dijeron que se había ido a Carmel ha erigirse un monumento!!!! (Otra particularidad del arrogante cree que debe ser reconocido y valorado por sus acciones. Pero el colmo de la arrogancia de Saúl no quedó allí, cuando Samuel por fin lo encontró, le saludó diciendo:

¡Samuel, que el Señor te bendiga, he cumplido las instrucciones del Señor!

Su deshonestidad era tan clara como su arrogancia, Saúl insistió tercamente porque el arrogante no da su brazo a torcer:

¡Yo si he obedecido al Señor!

¡He cumplido la misión que él me encomendó!

¡Traje prisionero a Agag, destruí a los amalecitas y he traído las vacas para ofrecerlos al Señor tu Dios!

No Saúl tu pecado fue la arrogancia porque si antes te creíste poca cosa ahora el orgullo te dominó y fuiste incapaz de obedecer.

Saúl puso su voluntad por encima de la autoridad del Señor, su arrogancia lo llevó a la desobediencia y dejó de ser un instrumento de Dios. El Espíritu de Dios se retiró de Saúl y empezó el proceso de un gobierno sin Dios.
La arrogancia de este rey no está muy lejos de varias poses y actitudes nuestras, a la hora de evaluar si es correcto o no una orden clara, cuando es hora de reconocer una equivocación, la arrogancia brota a borbotones cuando se trata de levantar excusas para buscar culpables porque el arrogante nunca se equivoca…

Hay tanto que aprender, la arrogancia es igual que el pecado de rebeldía, querido hermano cuida tu actitud, todos podemos perder un liderazgo promisorio sólo por esta cualidad que no tiene nada de santa.

Dios te bendiga

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Decálogo de la serenidad

1.-Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2.-Sólo por hoy tendré el máximo de cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.

3.-Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste tambien.

4.-Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5.-Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6.-Sólo por hoy haré una buena acción y no se lo diré a nadie.

7.-Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

8.-Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizás no lo cumpliré cabalmente, pero lo intentaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9.-Sólo por hoy creeré firmemente -aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.

10.-Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Puedo hacer bien durante doce horas lo que me descorazonaría si pensase tener que hacerlo durante toda mi vida.

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“De la boca del necio brota arrogancia; los labios del sabio son su propia protección” Proverbios 14:3. NVI
“De la boca del necio brota la soberbia, los labios del sensato lo guardan” Proverbios 14:3 VS

Hoy me puse a meditar en los reyes de Israel y me encontré con Saúl y su reinado, que pena que el gran pecado que desbarató todo su gobierno fuera algo tan simple (en este tiempo parecería más una virtud digna) como un poquito de arrogancia.

He meditado en su obrar, pero antes de empezar con una interpretación espiritual quiero definir con el uso del diccionario el término arrogancia, quizá sea bueno refrescar nuestro concepto de esta característica tan usada por hombres, mujeres y todo el que quiera tener un liderazgo que deje huella.

La arrogancia es una cualidad negativa que se refiere al excesivo orgullo de una persona consigo misma. El adjetivo calificativo relativo a esta pasión es arrogante, una persona arrogante tiende a exagerar, a menudo su propia importancia.

Frecuentemente, las personas arrogantes no de se dan cuenta de su comportamiento y se niegan a reconocer que lo son, aunque la definición parece amarrada a las personas que tienden a remarcar su propia importancia de forma verbal, también se puede aplicar a alguien que no muestra externamente esta cualidad a través de sus comentarios, pero si parece afirmarla a través de sus hechos.

Una persona arrogante normalmente intentará echar por tierra los puntos de vista y opiniones de otras personas con el objetivo ingenuo de acomodarse por encima de éstas, esto hace que probablemente, las discusiones con estos angelitos no se puedan resolver de una forma argumentada e inteligente. Un conversador prudente no podrá encontrar argumentos lógicos con que cambiar la discusión irracional de este arrogante emocional pues la razón egocéntrica del arrogante lo obliga a no ceder su posición de prepotencia.

Unidos a la arrogancia aparecen la falta de capacidad para reconocer las propias limitaciones y el carácter competitivo. Todo lo que dice el diccionario sobre la persona arrogante nos indica que interactuar con una persona soberbia es una experiencia desagradable, el arrogante no es popular ni con su familia, su absoluta falta de consideración con los demás lo hace a pesar de sentirse sumamente importante un ser solitario y rechazado.

Del necio brota una soberbia vital y creciente que no se puede controlar, porque sencillamente no se quiere dominar y fatalmente provocará consecuencias graves, el sensato por su parte, controla los labios y por ello son estos lo que lo guardan y protegen. Algunos están a merced de su boca soberbia y otros tienen en los labios un custodio y protector, el proverbios que estamos meditando hoy dice que el necio arrogante esgrime en sus palabras una vara de arrogancia que hiere y perjudica al que se presenta o se enfrenta, el sensato cuando ve a un arrogante armado, no cae en la provocación, con su silencio y mesura se protegerá de los estragos de la soberbia necedad.

“En los labios del prudente hay sabiduría, en la espada del falto de juicio sólo garrotazos” Proverbios 10:13.

Si las palabras adornadas de un soberbio son como varas en la espada de su víctima, como garrotazos contra la sabiduría, toda vanidad, fanfarronería y petulancia, son sinónimos de arrogancia, pecado del que hay que tomar conciencia y huir.

“La rebeldía es tan grave como la adivinación y la arrogancia como el pecado de la idolatría” I Samuel 15:23.

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