El Infierno

Según los testigos de Jehová, el infierno como tal no existe. Para ellos el infierno es la tumba o la sepultura común de la humanidad. Veamos lo que enseña la Biblia y, por tanto, lo que enseña la Iglesia Católica.
Por Jorge Luis Zarazúa Campa.
+ Guadalupe, católica preparada.
• Alfonsina, católica confundida.
•Alfonsina: Buenos tardes, Guadalupe. ¡Qué bueno que te veo! Fíjate que estoy muy confundida.
+Guadalupe: ¿Y eso a qué se debe?
•Alfonsina: Pues fíjate que vino a visitarme una tía, que se salió de la Iglesia católica, y estuvimos platicando largo y tendido sobre la Biblia y la religión.
+Guadalupe: Oye, ya te he dicho muchas veces que te prepares primero, para que puedas dialogar con los que ya no son católicos. ¿Qué no ves que estas personas están entrenadas para enredar al católico que no está preparado? Por eso ahora andas con tus dudas. Pero dime antes, ¿de qué hablaron?
•Alfonsina: Pues de muchas cosas, pero lo que me dejó confundida es el problema del infierno.
+Guadalupe: Y eso ¿por qué?
•Alfonsina: Pues porque mi tía me dijo que el infierno no es cómo nos han enseñado en la Iglesia católica. Es decir, que no es un lugar de tormento ardiente, con fuego y todas esas cosas que tú ya bien sabes. Es más, me dijo que tuviera en cuenta lo que decimos en el Credo sobre Jesucristo.
¿Te acuerdas que en el Credo chiquito decimos que Jesús «descendió a los infiernos» y que luego resucitó y subió a los cielos? La mera verdad no supe qué responderle.
+Guadalupe: Eso te pasa por no haber ido al curso de Apologética. Siempre que pasaba por ti, me decías que no tenías tiempo. Ahora ves las consecuencias.
Mira, antes que nada, hay que distinguir entre «infiernos» e «infierno».
•Alfonsina: ¿Qué no es lo mismo?
+Guadalupe: Por supuesto que no. Cuando la Biblia y el Credo hablan de infiernos, se refieren a las regiones inferiores de la tierra. Según los antiguos, en este lugar habitaban los muertos. Acuérdate que en el pueblo todavía se tiene la creencia de que los muertos van a un lugar especial bajo la tierra y tienen que cruzar un río.
•Alfonsina: Oh, sí, me acuerdo. Hasta dicen que por eso hay muchos perros en el pueblo, porque ellos ayudan a los muertos a cruzar el río.
+Guadalupe: Pues esa idea también la encontramos en la Biblia y a estas regiones inferiores se les llama Seol.
•Alfonsina: Sí, es cierto. Mi tía mencionó mucho esa palabra. Y la mera verdad, no le entendí.
+Guadalupe: Fíjate lo que dice el Libro de Job, capítulo catorce, versículo trece:
¡Ojalá en el Seol (=abismo) me escondieras, me ocultaras mientras pasa tu cólera» (Job 14,13).
•Alfonsina: Ese texto me lo mencionó mi tía y me dijo: «Si el Seol o el infierno fuera un tormento ardiente, ¿cómo es que Job pidió ir ahí y cómo pudo Jesús «descender a los infiernos»?
+Guadalupe: Precisamente basándose en estas citas bíblicas y razonamientos, ellos concluyen que el infierno o el Seol es la tumba o sepultura común de la humanidad.
•Alfonsina: Sí, es cierto. Eso fue lo que me dijo mi tía. Y me dijo que la palabra Seol aparece 66 veces en la Biblia y siempre asociada con los muertos o con el lugar de los muertos, por lo que ellos enseñan que se refiere a la sepultura común de la humanidad.
+Guadalupe: Aquí está el error de ellos: quedarse con algunos significados de la palabra Seol, sin profundizar en el tema. Aquí está otro de los trucos de estos amigos. Hablan de cuántas veces aparece una palabra, la pronuncian en otros idiomas, para dar la idea de que ellos saben mucho y los demás son unos tontos ignorantes.=
•Alfonsina: Pero, ¿entonces qué es el Infierno?
+Guadalupe: Vamos para allá. Quiero que te quede muy claro que no basta leer estos 66 versículos donde se habla del Seol. Hay que ver, más bien, lo que dice la Biblia sobre un castigo definitivo y eterno.
Fíjate que la Biblia presenta distintas imágenes, tomadas de la vida diaria, para expresar que habrá un castigo que no se termina nunca, para los que son enemigos de Dios. No hay que fijarse en las imágenes, sino en el contenido. Y, ¿cuál es el contenido? Un sufrimiento que durará para siempre. No se trata, por lo tanto, de un lugar físico, sino de una situación de sufrimiento. Veamos algunas de estas imágenes.
•Alfonsina: Adelante, por favor.
+Guadalupe: Fíjate en este texto bíblico: Isaías, capítulo sesenta y seis, versículo veinticuatro, primera parte, que se refiere al gusano que nunca morirá:
El gusano que los devora NO MORIRÁ (Is 66,24a).
+Guadalupe: Veamos ahora la segunda parte, que habla del fuego que no se apaga nunca.
El fuego que los quema NO SE APAGARÁ (Is 66,24b).
+Guadalupe: Veamos, también, una cita bíblica del Nuevo Testamento. Se trata de Mateo, capítulo tres, versículo doce:
Él tiene en sus manos el harnero y limpiará su trigo, que guardará en sus bodegas, quemando la paja en un FUEGO QUE NO SE APAGA (Mt 3,12).
+Guadalupe: Y ahora echemos un vistazo a una cita bíblica, que habla del fuego eterno: Mateo, capítulo dieciocho, versículo ocho.
Si, pues, tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida manco o cojo que, con las dos manos o los dos pies, ser arrojado en el FUEGO ETERNO (Mt 18,8).
+Guadalupe: Un pasaje sumamente significativo es el Juicio Final, que nos presenta el capítulo 25 de San Mateo. Fíjate, especialmente, en el versículo cuarenta y uno:
Entonces dirá también a los de su izquierda: «Apártense de mí, malditos, vayan al FUEGO ETERNO preparado para el Diablo y sus ángeles (Mt 25,41).
+Guadalupe: Son textos que no necesitan mucha explicación, pues son clarísimos.
•Alfonsina: Así es. Se trata de un castigo definitivo y eterno, para los que no hagan la voluntad de Dios y permanezcan sin convertirse.
+Guadalupe: Así es. Y de esta clase de personas, dice el apóstol San Pablo:
Serán condenados a la PERDICIÓN ETERNA, lejos del rostro del Señor y de su poderosa gloria (2Tes 1,9).
•Alfonsina: Pues a mí me queda muy claro que la palabra «eterna» significa algo que no tiene fin.
+Guadalupe: Efectivamente. Aunque está demasiado claro, déjame concluir esta explicación con esta cita bíblica. Se trata de Apocalipsis, capítulo veinte, versículo diez:
Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y SERÁN ATORMENTADOS DÍA Y NOCHE POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS (Ap 20,10).
•Alfonsina: Pues sí, sigue expresando la misma idea. Se trata de un castigo que no tendrá fin jamás.
+Guadalupe: ¡Qué bueno que hayas venido conmigo para aclarar esta duda! Ojalá esto te ayude a tomar la decisión de prepararte para que tú puedas ayudar a otras personas. Ahora sí, como dice Jesús en Lc 10,37: «Ve tú y haz lo mismo».
•Alfonsina: Ahora sí quiero prepararme. Te prometo que en cuanto haya un curso de Apologética, voy a ser la primera en inscribirme.
+Guadalupe: Eso espero.

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Algunos mitos protestantes

Autores varios La obra Sección I del Griego del Nuevo Testamento, que facilita en sus cursos de lenguas bíblicas la entidad protestante s.e.u.t. (Seminario Evangélico Unido de Teología, ligado a la Iglesia Evangélica Española y a la Iglesia Española Reformada Episcopal), no se centra en la lengua griega, como sería de esperar, sino que incursiona en el terreno de la exégesis y de la historia al exponer algunos de los principios “exegéticos” de la pseudo-reforma protestante, así como al enseñar sin rubor los mitos de la historiografía “reformada”. Vamos a ver cómo esta obra maestra de manipulación ideológica carece de base científica y bíblica.

Mito primero

Se trata de la supuesta ignorancia de los pueblos de Europa en materia bíblica antes de la pseudo-reforma protestante, tal y como se afirma en la lección 34 de la Sección I (pág. 5.8), donde se dice a propósito de la Edad Media, la “Edad de las tinieblas”, que dicha ignorancia se debía a estar escrita la Biblia “sólo en idiomas antiguos, como el latín y el griego. La Biblia estaba sólo disponible, mayormente, en latín, y el hombre corriente de entonces no estaba más versado en latín que el operario de una fábrica de Ford en la actualidad”; y “un poco antes de la Reforma, algunos comenzaron a traducir la Biblia a lenguas europeas (…) a pesar de la terrible oposición y persecución”.

Parece imposible mayor número de falsedades en tan pocas líneas.

Vamos por partes:

1) La Edad Media comienza en el siglo V d.C., a contar desde el año de la caída de Roma. En dicha época la mitad occidental del antiguo imperio romano, dominada por los bárbaros, hablaba latín y disponía de una excelente versión de la Biblia: la Vulgata de San Jerónimo; la mitad oriental del imperio, que sobrevivió hasta que los turcos conquistaron Constantinopla en el siglo XV, hablaba griego y podía leer en esa lengua tanto en Nuevo Testamento como el Viejo (este último en varias versiones, como la de los LXX); de suerte que en la Edad Media el pueblo tenía un conocimiento amplísimo de las Escrituras.

2) La Biblia se traducía a las lenguas vernáculas muchos siglos antes de la pseudo-reforma de Lutero, Calvino y compañía, pues:

a) Los santos católicos Cirilio y Metodio tradujeron la Biblia al búlgaro antiguo en el siglo IX, ¡en plena Edad Media, la “Edad de las tinieblas”! (cf. Lengua y Literatura Latinas I, autores varios, UNED, Madrid, 1986, pág. 32, e Iniciación a la fonética, fonología y morfología latinas, José Molina Yébenes, Publicacions Universitat de Barcelona: Barcelona 1993, pág. 4); así, los búlgaros podían leer la Biblia en su lengua.

b) El obispo Ulfilas (arriano, no católico), evangelizador de los godos de Dacia y Tracia, tradujo la Biblia al gótico pocos años antes de que San Jerónimo acabara la Vulgata, de suerte que cuando llegaron las “tinieblas” medievales ¡los godos podían leer la Biblia en su lengua materna! (cf. José Molina Yévenes, op. cit., pág. 5; Esteban Torre, Teoría de la traducción literaria, Ed. Síntesis, 1994, pág. 24, y UNED, op. cit., pág. 32).

c) El monje católico Beda el Venerable tradujo al anglosajón o inglés antiguo el Evangelio de San Juan poco antes de su muerte, acaecida en el año 735, o sea: ¡en plena Edad Media, “la Edad de las tinieblas”! (cf. Esteban Torre, op. cit., pág. 24).

d) El gran historiador Giuseppe Riciotti, autor de obras meritísimas como Vida de Jesucristo (Ed. Luis Miracle, Barcelona 1978) e Historia de Israel (Ed. Luis Miracle, Barcelona 1949), nos informa en su introducción a la Sagrada Biblia de que, en Italia, “la Biblia en lengua vulgar era popularísima en los siglos XV y XVI”, y de que “desde el siglo XIII se poseen” traducciones italianas de la Biblia, aunque “se trata de traducciones parciales”, es decir, aunque se trata de traducciones de los libros sagrados más memorables y accesibles, pues a nadie, excepción hecha de unos cuantos eruditos, le interesaba, p. ej., el elenco interminable y fastidiosísimo de las genealogías del libro de los Números (tomado de sì sì no no, n. 70, abril 1998, pág. 7).

e) La obra Historia de la Literatura I (Antigua y Medieval) (autores varios, UNED, Madrid, 1991, pág. 103) nos informa de lo siguiente tocante a las versiones castellanas de la Biblia: “hallamos en el siglo XIII otro grupo de obras formado por las traducciones de la Biblia que se realizaron en este periodo. Ya en la primera mitad del siglo nos encontramos con el primer texto conservado que se incluye en este grupo: la Fazienda de Ultramar. Pese a que algunos han querido retrasar su redacción hasta mediados del siglo XII, no parece, por su lengua, que fuere escrita en fecha tan temprana. No es una simple versión de la Biblia. Contiene, junto a la propia traducción (realizada, al parecer, no directamente de la Vulgata sino de una traducción latina del siglo XII efectuada sobre los textos hebreos), otra serie de materiales: descripciones geográficas, relatos tomados de la antigüedad clásica… Parece que pretende ser una especie de guía para los peregrinos que viajaban a Tierra Santa. Mediante estas traducciones de la Biblia se consiguió que personas que sabían leer en su propia lengua pudiesen recibir más directamente las enseñanzas religiosas. Las versiones eran también aprovechadas para lectura en voz alta realizada en grupos reducidos. La Iglesia española de la época no era muy partidaria de las Biblias romances, y de hecho en el Concilio de Tarragona de 1233 llegó a prohibir su lectura. Pese a ello la traducción de las Escrituras no fue abandonada, se desarrolló ampliamente a lo largo del siglo XIII y las Biblias romanceadas fueron leídas incluso por los reyes de la época”.

Está claro: mucho antes de Calvino y Lutero, el pueblo castellano leía la Biblia en su lengua. La enorme extensión de las traducciones castellanas muestran que el derecho prohibitivo del Concilio Tarraconense o no se aplicó o enseguida cayó en desuso. Dicha decisión conciliar tenía su explicación: antes de autorizar la lectura de una versión había que mirar si acaso estaba bien hecha, sin falseamientos del texto sagrado. La escasa calidad literaria de las versiones junto con el aditamento de otros materiales no era de lo más a propósito para alejar toda sospecha; pero no se persiguió a nadie por traducir la Biblia al castellano, lo cual es muy significativo.

f) “La Edad Media presenció el florecimiento en Francia de un gran número de traducciones de la Sagrada Escritura a todas las lenguas y dialectos de Oc y de Oil [para todas las antiguas versiones francesas nos remitimos a: P. C. Chauvin, La Bible depuis ses origines jusqu''à nos jours]. Se poseen algunas que se remontan al siglo XII e incluso a finales del XI. En el siglo XIII, la Universidad de París presentó una traducción de ambos Testamentos que hizo ley durante mucho tiempo. Con todo, aparecieron otras versiones francesas, particularmente en el siglo XIV. Una de ellas, la de Guyart Desmoulins, de finales del siglo XIII pero actualizada tocante al estilo, se imprimió desde 1478 en cuanto al Nuevo Testamento, y en su totalidad en 1487″ (Daniel Raffard de Brienne, Traductor, Traditor. Les nouvelles traductions de l”Écriture Sainte, en la revista Lecture et Tradition, julio-agosto de 1986).

Lutero se jactaba de haber sido el primero en traducir la Biblia al alemán, pero ya el heresiarca Calvino le recordó que dicho honor no le pertenecía; en efecto, sabemos que el fraile editó en 1522 el Nuevo Testamento, y en 1532 lo restante, y que “se ha dicho de esta versión, con gran falta de verdad histórica, que era la primera versión alemana en lengua vernácula, cuando para entonces sólo en Alemania había catorce versiones en lengua erudita y cinco en lengua corriente. Además había muchas versiones parciales, como del Nuevo Testamento, de los Salmos… (cf. Janssen: Geschichte des deutschen Volkes seit dem Ausgang des Mittelalters, 8 vv., Friburgo, 1883-1893, tomo I, pág. 51)” (Francisco J. Montalbán, S.I., Los Orígenes de la Reforma Protestante, Razón y Fe, Madrid 1942, pág. 129).

g) El gran historiador Ricardo García-Villoslada nos informa también de las versiones germánicas de la Biblia antes de Lutero: “Muchos opinan que la obra principal de Martín Lutero en su vida fue la traducción de la Sagrada Escritura al idioma de su pueblo. No cabe duda que la versión vernácula de la Biblia y la divulgación de la misma, ofreciéndola como única norma de fe, jugó un papel importantísimo en la fundación y establecimiento de la Iglesia luterana. Exagerando sus méritos, por otra parte innegables, solía repetir que en la Iglesia, antes de él, nadie conocía ni leía la Biblia (Tischr. 3795 III 690; ibid., 6044 V 457 y otros muchos lugares). Hoy el lector se ríe de tan injustas aseveraciones, dictadas por la pasión. Recuérdese lo que dijimos de la lectura de la Biblia cuando Fr. Martín era novicio en Erfurt. Francisco Falk ha contado no menos de 156 ediciones desde la invención de la imprenta hasta 1520 (F. Falk, Die Bibel am Ausgange des Mittelalters [Maguncia 1905] 24). Sebastián Brant comienza su conocido poema Nave de los locos (1494) con estos versos: `Todos los países están hoy llenos de Sagrada Escritura -y de cuanto atañe a la salud de las almas-, de la Biblia”, etc. Traducciones alemanas de toda la Sagrada Escritura existían no pocas antes de Lutero, por lo menos catorce en alto alemán y cuatro en bajo alemán, sin contar las versiones parciales, salterios, evangeliarios, etc. En el siglo XIV se hizo en Baviera una traducción total, que el impresor alsaciano Juan Mentelin hizo estampar en Estrasburgo en 1466, y que con algunas modificaciones fue reimpresa trece veces antes de que apareciese la de Lutero, llegando a ser como una Vulgata alemana, según Grisar. (Puede consultarse la gran edición de W. Kurrelmeyer, Die erste deutsche Bibel [Tubinga 1903-15], 10 tomos con el texto primigenio y las correcciones de las 13 ediciones posteriores. Véase también W. Kurrelmeyer, The Genealogy of the Prelutheran Bibles, en The Journal of Germanic Philology, 3,2 [1900] 238-47; W. Walter, Die Deutsche Bibel: übersetzung des Mittelalters, Braunschweig 1889-92)” (García-Villoslada, Martín Lutero, BAC, Madrid 1976, t. II, pág. 399).

h) También se puede mencionar la traducción de la Biblia, en la Edad Media, a otras lenguas indoeuropeas, como el armenio (cf. UNED, op. cit., pág. 30 y Molina Yébenes, op. cit., pág. 4), hecha en el siglo V, ¡el siglo en que comienza la “Edad de las tinieblas”!

Con lo dicho hasta ahora es suficiente para demoler uno de los mitos de la historiografía protestante: la tremenda ignorancia en punto a la Biblia en que la malvada Iglesia Católica mantenía a los pueblos cristianos medievales.

Mito segundo

En la Edad Media “la mayoría de las personas no sabían leer ni escribir. Así que estaban `a oscuras” por lo que respecta a toda clase de conocimiento, ya que no podía ser comunicado” (Lección 34 de la Sección I, pág. 5.8).

¡Esto es genial! ¿Dónde debió estudiar historia el autor? ¿En un cursillo televisivo de la BBC?

Veamos lo que nos dice sobre este asunto esa ciencia llamada Historia: “En la Edad Media, como en todas las épocas, el niño va a la escuela. Por lo general, es la escuela de su parroquia o del monasterio más cercano. En efecto, todas las iglesias tienen una escuela: a ello obliga el Concilio de Letrán de 1179, y en Inglaterra, país más conservador que el nuestro, todavía puede verse la iglesia junto a la escuela y el cementerio. Muchas veces son fundaciones señoriales las que garantizan la instrucción de los niños; Rosny, una pequeña aldea a orillas del Sena, tenía desde comienzos del siglo XVIII una escuela que había fundado hacia el año 1200 su señor Gui V Mauvoisin. Otras veces se trata de escuelas exclusivamente privadas; los habitantes de un poblado se asocian para mantener a un maestro que toma a su cargo la enseñanza de los niños. (…)También los capítulos de las catedrales estaban sometidos a la obligación de enseñar dictada por el Concilio de Letrán (Nota 1: En cada diócesis, dice Luchaire, aparte de las escuelas rurales o parroquiales que ya existían… los capítulos y los principales monasterios tenían sus escuelas, su personal de profesores y alumnos. La societé française au temps de Philippe Auguste, pág. 68). El niño entraba en ellas [en las escuelas] a los siete u ocho años de edad, y la enseñanza que preparaba para los estudios universitarios se extendía a lo largo de una década, lo mismo que hoy, de acuerdo con los datos que proporciona el abad Gilles el Muisit. Varones y niñas estaban separados; para las niñas había establecimientos particulares, tal vez menos numerosos, pero donde los estudios alcanzaban a veces niveles muy altos. La abadía de Argenteuil, donde se educó Eloísa, proporcionaba el aprendizaje de la Sagrada Escritura, letras, medicina y hasta cirugía, aparte del griego y el hebreo, que introdujo Abelardo. En general, las escuelas daban a sus alumnos nociones de gramática, aritmética, geometría, música y teología, que les permitían acceder a las ciencias que se estudiaban en la Universidad; algunas incluían alguna enseñanza técnica. La Histoire Littéraire menciona como ejemplo la escuela de Vassor en la diócesis de Metz, donde al mismo tiempo que aprendían la Sagrada Escritura y las letras, los alumnos trabajaban el oro, la plata y el cobre (Nota 2: L. VII, c. 29; registrado por J. Guiraud, Histoire partiale, histoire vraie, pág. 348). (…) En esta época los niños de las diferentes clases sociales se educaban juntos, como lo atestigua la conocida anécdota que presenta a Carlomagno irritado contra los hijos de los barones, que eran perezosos, contrariamente a los hijos de los siervos y los pobres. La única distinción que se hacía era la de la retribución, dado que la enseñanza era gratuita para los pobres y de pago para los ricos. Veremos que esa gratuidad podía prolongarse mientras duraran los estudios y también extenderse al acceso al título, puesto que el ya mencionado Concilio de Letrán prohíbe a las personas cuya función era dirigir y controlar las escuelas `que exijan a los candidatos al profesorado una remuneración para que se les otorgue el título”. Por otra parte, en la Edad Media había poca diferencia en la educación que recibían los niños de diferente condición; los hijos de los vasallos más humildes se educaban en la mansión señorial junto a los del señor, los hijos de los burgueses ricos estaban sometidos al mismo aprendizaje que el del más humilde artesano si querían atender a su vez el comercio paterno. Ésta es sin duda la razón por la cual hay tantos grandes de origen humilde: Suger, que gobernó Francia durante la cruzada de Luis VII, era hijo de siervos; Maurice de Sully, el obispo de París que hizo construir la iglesia de Nôtre-Dame, nació de un mendigo; San Pedro Damián fue porquero en su infancia, y Gerbert d”Audrillac, una de las luces más fulgurantes de la ciencia medieval, fue también pastor; el papa Urbano VI era hijo de un zapatero de Troyes, y Gregorio VII, el gran Papa de la Edad Media, de un pobre cabrero. A la inversa, muchos grandes señores son letrados cuya educación no debió diferir en mucho de la de los clérigos: Roberto el Piadoso componía himnos y secuencias latinas; Guillermo IX, príncipe de Aquitania, fue el primero de los trovadores; Ricardo Corazón de León nos dejó poemas, lo mismo que los señores de Ussel, de Baux y muchos otros; para no hablar de casos más excepcionales como el del rey de España Alfonso X” (Régine Pernoud, A la luz de la Edad Media, Ed. Juan Granica, Barcelona 1988, págs. 115-118).

Todo lo anterior, pura historia, nos presenta un cuadro de la Edad Media muy distinto del dibujado por la mitología protestante: la instrucción era vastísima, todo el mundo tenía acceso al conocimiento de las Escrituras, y la cultura era gratuita para los pobres (lo contrario de lo que ocurre en nuestro mundo protestantizado). ¿Dónde están, pues, las “tinieblas” medievales? Tan sólo en la mente de los mitógrafos protestantes.

Luis Fernando Pérez
luisfdo@civitasdei.org

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Why Women Cry…

A little boy asked his mother, “Why are you crying?”

“Because I’m a woman,” she told him.

“I don’t understand,” he said.

His mom just hugged him and said, “And you never will.”

Later the little boy asked his father, “Why does mother seem to cry for no reason?”

“All women cry for no reason,” was all his dad could say.

The little boy grew up and became a man, still wondering why women cry.

Finally he put in a call to God. When God got on the phone, he asked, “God, why do women cry so easily?”

God said: “When I made the woman she had to be special. I made her shoulders strong enough to carry the weight of the world, yet gentle enough to give comfort. I gave her an inner strength to endure childbirth and the rejection that many times comes from her children. I gave her a hardness that allows her to keep going when everyone else gives up, and take care of her family through sickness and fatigue without complaining. I gave her the sensitivity to love her children under any and all
circumstances, even when her child has hurt her very badly. I gave her strength to carry her husband through his faults and fashioned her from his rib to protect his heart. I gave her wisdom to know that a good husband never hurts his wife, but sometimes tests her strengths and her resolve to stand beside him unfalteringly. And finally, I gave her a tear to shed. This is hers exclusively to use whenever it is needed.”

“You see my son,” said God, “the beauty of a woman is not in the clothes she wears, the figure that she carries, or the way she combs her hair. The beauty of a woman must be seen in her eyes, because that is the doorway to her heart – the place where love resides.”

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