El mito del 10%

Durante años se ha estimado que el 10% o más de la población es homosexual. Este porcentaje se basa en los fraudulentos e inmorales “estudios” del Dr. Alfred C. Kinsey. Kinsey, que no era psiquiatra ni psicólogo ni sexólogo, sino profesor de biología y experto en la clasificación de insectos de la Universidad de Indiana y que también era un pervertido sexual, se dedicó por su propia cuenta a “investigar” la sexualidad humana llegando a fraudulentos resultados como el de la tasa del 10%. Esta tasa se ha mencionado rutinariamente en trabajos académicos, materiales sobre educación sexual, informes gubernamentales y medios noticiosos. También ha sido citada extensamente como “evidencia” de la influencia política de los homosexuales, así como por activistas que cabildean a favor de programas en pro del homosexualismo, como por ejemplo la extensión de beneficios a las familias de empleados homosexuales en las grandes corporaciones.
Pero desde hace tiempo han existido muchas evidencias de que el índice del 10% es un porcentaje demasiado alto. Las encuestas hechas con grandes cantidades de personas en EE.UU., Canadá, Gran Bretaña, Francia, Noruega, Dinamarca y otras naciones, muestran un cuadro de experiencias homosexuales de un 6% o menos, y de una incidencia exclusivamente homosexual de un 1% o menos.

El ejemplo más completo es el de una encuesta llevada a cabo por el Buró del Censo de los EE.UU. desde 1988, para el Centro Nacional de Estadísticas sobre Salud del Centro para el Control de las Enfermedades. La encuesta, que interroga unos 10,000 sujetos trimestralmente, sobre “Conocimientos y Actitudes Acerca del SIDA”, pregunta confidencialmente si alguna de varias de estas afirmaciones son ciertas, incluyendo esta: “Usted es un hombre que ha tenido relaciones sexuales con otro hombre al menos una vez desde 1977″. No más de un 3% de los 50,000 hombres que participaron en la encuesta respondieron “sí” a por lo menos una de las afirmaciones. Puesto que algunas de las otras respuestas afirmativas correspondían a las otras cuestiones (transfusiones de sangre, uso de drogas intravenosas, etc.), los datos definitivamente sugieren que la prevalencia de un comportamiento homosexual esporádico es menos de un 3% entre los hombres.

La mayoría de los estudios reportan que las mujeres constituyen la mitad de esta prevalencia, de modo que el estimado de homosexualidad en la población femenina en general sería menor del 1.5%.

Una encuesta nacional mostró que 2.4% de los votantes en las elecciones presidenciales del 1992 se describieron como homosexuales.

Muchas otras encuestas revelan porcentajes similares. Los investigadores Paul y Kirk Cameron (padre e hijo) han recopilado un nuevo reporte, “The Prevalence of Homosexuality” (“La incidencia del homosexualismo”), que resume más de 30 encuestas hechas en cantidades grandes, de personas que no tenían prejuicios. He aquí algunas de ellas:

*Francia: Una encuesta del gobierno de 1991-92 de 20,055 adultos reportó que el 1.4% de los hombres y el 0.4% de las mujeres habían tenido relaciones homosexuales durante los 5 años que precedieron a este sondeo. Las proporciones de conducta exclusivamente homosexual a través de toda una vida fueron del 0.7% para los hombres y el 0.6% para las mujeres; y de experiencias homosexuales durante toda la vida fueron del 4.1% para los hombres y el 2.6% para las mujeres.

*Gran Bretaña: Una encuesta nacional de 1990-91 de 18,876 personas entre las edades de 10 a 59 años, arrojó que el 1.4% de los hombres habían tenido relaciones homosexuales durante los 5 años que precedieron a la encuesta. Solamente el 6.1% de los hombres había tenido experiencias homosexuales a través de toda su vida.

*Estados Unidos: Una encuesta nacional llevada a cabo por el National Opinion Research Center de 1,537 adultos, en la Universidad de Chicago, arrojó que de los adultos mayores de 18 años sexualmente activos, el 1.2% de los hombres y el 1.2% de las mujeres reportaron haber tenido relaciones homosexuales durante el año anterior a la encuesta; del 4.9% al 5.6% de las personas de ambos sexos reportaron que desde los 18 años habían tenido compañeros de ambos sexos, y del 0.6% al 0.7% compañeros exclusivamente homosexuales.
Otra encuesta que comprende 36,741 estudiantes de escuelas públicas desde séptimo a duodécimo grado del Minnesota Adolescent Health Survey (1986-87), mostró que un 0.6% de los varones y un 0.2% de las chicas se identificaron como “mayormente o el 100% homosexuales”; el 0.7% de los varones y el 0.8% de las chicas se identificaron como “bisexuales”; y el 10.1% de los varones y el 11.3% de las chicas “no estaban seguros”.

*Canadá: En un grupo de 5,514 estudiantes universitarios de primer año menores de 25 años de edad escogidos a través de la nación se halló que el 98% era heterosexual, el 1% bisexual, y otro 1% era homosexual.

*Dinamarca: En 1989 una encuesta de 3,178 adultos de las edades de 18 a 59 años hecha al azar, arrojó relaciones homosexuales en un 2.7% de los varones. Menos de un 1% de los hombres eran exclusivamente homosexuales.

Muchos otros estudios también varían grandemente del que llevó a cabo el Kinsey, que en retrospectiva, tiene poca validez. El nuevo reporte muy diseminado “Janus Report”, arrojó el dato de que el 9% de los hombres y el 5% de las mujeres pueden ser considerados homosexuales y se basó en un grupo específico de personas previamente seleccionadas, este es uno de los problemas. Los fallos en la metodología también contribuyeron a estos resultados tan fuera de proporción.

Entre las mayores fallas en el reporte de Kinsey se encuentran las siguientes:

1. Cerca de un 25% de los sujetos que Kinsey entrevistó (5,300 hombres) eran o habían sido prisioneros; un alto porcentaje de ellos estaban acusados de abusos sexuales (él tenía las historias de unos 1,400 de ellos). Muchos de los que respondieron fueron reclutados de seminarios sobre sexualidad, a los que habían asistido para obtener respuestas a sus problemas sexuales; otros fueron reclutados por criminales o por líderes de grupos homosexuales. Por lo menos 200 hombres que practicaban la prostitución figuraban entre las personas entrevistadas, lo cual puede haber aumentado hasta en un 4% los resultados. Otros grupos no estaban bien representados, tales como las personas que van a la iglesia; otros estaban ausentes por completo. Kinsey presentó esto como una “encuesta de la población, cuidadosamente planeada”. Su falsa imagen de lo que la población estaba haciendo sexualmente, fue lo que inició la revolución sexual.

2. Ni siquiera el mismo Kinsey dijo jamás que el 10% de la población era homosexual, sólo que el 10% de los hombres mayores de 16 años eran más o menos exclusivamente homosexuales por períodos de hasta tres años. (Al definir como adulto a un muchacho de 16 años o más, Kinsey representó como comportamiento adulto los juegos homosexuales entre adolescentes heterosexuales que pueden haber ocurrido solo una vez.) En el caso de las mujeres, la cifra fue de casi la mitad de la prevalencia masculina. La cifra que dio Kinsey de personas exclusivamente homosexuales durante toda la vida, fue de un 4%, y de cualquier otra experiencia homosexual, el 37%.

3. Las estadísticas de Kinsey nunca se pueden considerar como algo definitivo porque los voluntarios estaban prejuiciados. Muchas personas no quieren discutir su sexualidad con una persona extraña que está tomando notas o con personas anónimas que les hacen preguntas por teléfono.

Se estima que con respecto a las encuestas que se hacen sobre el tema de la sexualidad, existe un rechazo por parte de personas que se niegan a participar de más de un 50%.

Aunque los homosexuales mantienen que el estigma social les impide estar completamente representados en las encuestas, los investigadores han encontrado que los que están “sexualmente liberados” están más ansiosos de discutir el tema de su sexualidad que la mayoría de las otras personas.

Aunque Kinsey ha sido criticado anteriormente por otros científicos, incluyendo el psicólogo Abraham Maslow (cuyos consejos él ignoró), el mito del 10% fue revelado a mitad de la década de los 80, cuando los estadistas comenzaron a seguirle la pista a los casos de SIDA. Adaptando el estimado del 10% y los casos de infección con HIV entre los hombres homosexuales, el Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York sobreestimó el número de casos de la población homosexual infectada de HIV en 250,000 (indicando así indirectamente que el número total de hombres homosexuales/bisexuales era entre 400,000 y 500,000).

En 1988 estos números fueron revisados y se llegó a las cifras de 50,000 y 100,000 respectivamente. Los Centros para el Control de las Enfermedades también dejaron de usar las cifras de Kinsey para las proyecciones nacionales.
La cifra del 10% no quedó grabada en piedra accidentalmente. En su libro publicado en 1989 titulado After the Ball, que es un programa de acción en favor de los homosexuales, Marshall Kirk y Hunter Madsen, se jactan de que “cuando a los heterosexuales se les pide un estimado formal, la cifra que con más frecuencia se usa es la del 10% de homosexuales”, estadísticas que nuestros propagandistas han estado inculcándole al público durante años.

Fuentes: “Kinsey Was Secret Homosexual, Masochist,” Lambda Report on Homosexuality (enero-febrero de 1998): 2. J. Gordon Muir, M.D., Wall Street Journal, 31 de marzo de 1993. El Dr. Muir es doctor en medicina general y ex-investigador médico. También es co-editor del libro Kinsey, Sex and Fraud (Lafayette, Louisiana: Huntington House Publishers, 1990), que denuncia los experimentos fraudulentos e inmorales de Kinsey y sus colegas.

Sólo el 1% de los hombres admiten ser homosexuales
La afirmación de que el 10% de los hombres son “gay” (homosexuales) que proviene de los estudios de Alfred Kinsey y ha sido diseminada por activistas homosexuales, se está desvaneciendo debido al peso de nuevos estudios.

En los últimos estudios que se han llevado a cabo, sólo el 2.3% de los hombres en EE.UU. entre las edades de 20 a 39 dicen que han tenido una experiencia homosexual en la última década. Sólo el 1.1% de ellos dicen que han sido exclusivamente homosexuales. La encuesta aparece publicada en el Alan Guttmacher Institute Journal. “En términos de lo que se cree generalmente, tenemos que admitir que es sorprendente”, dice el investigador John O.G. Billy, del Battelle Human Affairs Research Center en Seattle, EE.UU.

Los datos son similares a los de otros estudios recientes:

*Una encuesta de 1989 arrojó que no más del 6% de los adultos han tenido experiencias sexuales con personas del mismo sexo y menos del 1% de ellas son exclusivamente homosexuales.

*El estudio de 1992 en Francia arrojó que el 4% de los hombres y el 3% de las mujeres reportaron haber tenido contactos sexuales con personas del mismo sexo; el 1.4% de los hombres y el 0.4% de las mujeres dijeron que habían tenido dicho contacto cinco años antes.

Fuente: Diario USA Today (EE.UU.), 15 de abril de 1993.
Otros mitos sobre la homosexualidad
Las investigaciones de Kinsey contienen la única fuente de información de apoyo para alegar falsamente que los niños desde muy temprana edad tienen “necesidades” sexuales. Esta “sabiduría” es parte de los fundamentos “científicos” de la actual “educación” sexual, e hizo posible que Lester Kirkendall, pionero de la “educación sexual” y colega de Kinsey, predijera en una revista profesional en 1985, que una vez que nuestro sentido de culpabilidad disminuya, las relaciones sexuales entre niños y adultos y otras formas de expresión sexual “llegarán a ser legítimas.”

Pero los “descubrimientos” de Kinsey están basados en experimentos criminales, llevados a cabo con pederastas quienes estimularon sexualmente a niños de sólo 2 meses de nacidos, a niños en contra de su voluntad y sin consentimiento de sus padres (obviamente), durante un período de hasta 24 horas cada vez. Kinsey recopiló estos datos en una serie de tablas, para ilustrar el estímulo sexual infantil y la capacidad de éstos para reaccionar sexualmente.

Un escritor de la revista Lancet ha pedido una explicación a los colegas que sobrevivieron a Kinsey. (No se le ha dado ninguna.) El especialista en fraudes del Instituto Nacional de Salud, Walter Stewart, ha solicitado que se lleve a cabo una investigación. Ya era hora.

Fuente: J. Gordon Muir, M.D., Wall Street Journal, 31 de marzo de 1993. El Dr. Muir es doctor en medicina general y ex-investigador médico. Es autor, editor y co-publicador del libro Kinsey, Sex and Fraud (Lafayette, Louisiana: Huntington House Publishers, 1990).

Mitos acerca de la homosexualidad en la historia del mundo

1. Mito: La homosexualidad siempre ha sido parte aceptada de la historia del mundo.
Eso es una ficción. La práctica de la homosexualidad ha ocurrido en varias épocas de la historia del mundo y ha sido condenada como un tabú social y moral en todos los casos, excepto en unos pocos. Los antropólogos declaran que solamente durante un período del Japón antiguo y en unos pocos casos de grupos especiales de tribus primitivas, es que la práctica de la homosexualidad ha sido aprobada. Esta es la verdad: El 2% de los individuos de una sociedad que practican la homosexualidad observan una conducta pervertida que — hasta últimamente — raras veces ha sido permitida, y mucho menos promovida como un estilo de vida deseable.

2. Mito: Los antiguos griegos practicaban la homosexualidad libremente, al igual que sus grandes filósofos.
Eso es incorrecto. Durante la Edad de Oro de Atenas, la práctica de la homosexualidad fue declarada contra la ley y se la castigaba severamente. A pesar de lo que eruditos con prejuicios políticos puedan decir, los escritos de Sócrates y Platón demuestran claramente que no sólo no eran homosexuales, ¡sino que se oponían vehementemente a la conducta homosexual! Platón mismo fue víctima de sodomía por parte de un regente homosexual, una experiencia que él condenó como la más degradante y humillante de su vida. Más tarde escribió con respecto a la homosexualidad: “¿Quién en su sano juicio podría promulgar una ley que protegiera tal conducta?” ¡Ese era Platón!

3. Mito: La oposición al homosexualismo es una idea nueva inventada por los derechistas religiosos.
La oposición a la homosexualidad y su desaprobación no es nada nuevo. En realidad, precisamente lo contrario es cierto. Esa ha sido la respuesta de la humanidad a través de la historia. Cuando algunos segmentos de la sociedad de la Grecia antigua comenzaron a practicarla, el gran legislador persa Hamurabi declaró con desprecio que era “una mancha de la que ningún hombre podía limpiarse.”
La tradición judeo-cristiana, cuyos principios fueron la base sobre la que se fundaron los Estados Unidos, ha condenado el homosexualismo como una abominación ante Dios. Esto no quiere decir que los homosexuales deban ser maltratados o privados de sus derechos civiles (algunos de los cuales pueden ser limitados por desórdenes de conducta que dañen la integridad física o moral de otras personas, como los niños); pero significa que nuestra cultura está de acuerdo con la tradición de todas las sociedades civilizadas cuando desaprueba la conducta homosexual o se opone a ella. Lo que es realmente nuevo es el poder sin precedentes, político y cultural, del movimiento homosexual militante. Los que desaprueban el homosexualismo nunca habían sido amenazados antes con la pérdida de su libertad de palabra y creencias, simplemente por razón de sus convicciones.

4. Mito: Las grandes obras de la civilización occidental se deben a genios homosexuales.
Eso no es cierto. En realidad, esa afirmación fue hecha por primera vez por David Thorstad, un homosexual militante y miembro de la Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Niños o NAMBLA (North American Man-Boy Love Association), grupo de pederastas (adultos que tienen relaciones sexuales con menores). Como puede verse, estaba defendiendo a los pederastas cuando hizo esa declaración.
La mayoría de los homosexuales militantes se refieren a Grecia y sus grandes filósofos cuando hacen esta declaración, pasando por alto el hecho de que Sócrates y Platón hicieron constar que no sólo eran heterosexuales, sino que se oponían vehementemente a la práctica de la homosexualidad. No, lo mejor de la civilización occidental viene de la herencia de la fe que ha surgido de la tradición judeo-cristiana, que enseña todos somos creados iguales, a imagen del Creador, y como hijos de Dios, tenemos derechos inalienables.

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The REAL Reasons For Vaccine Mandates – Money of Course
by Phyllis Schlafly

A recent issue of JAMA (Journal of the American Medical Association, 12-27-00) reports on a Centers for Disease Control (CDC) study that supports the widespread policy of forcing all children to be vaccinated in order to enter daycare or school. It makes the unsurprising claim that unvaccinated children are more likely to get measles and pertussis than those who are vaccinated.

The study used Colorado data because that is one of 15 states that allow parents a so-called philosophical exemption in addition to the religious and medical exemptions that other states allow.
Only 1.4 percent claimed this exemption and more than 98 percent of Colorado children were vaccinated in the year cited by the study.

The CDC has declared that the United States has been free from indigenous measles since 1998 and the only cases come in with immigrants. Vaccination is not effective in about 5 percent of children, so when there is a measles outbreak, most of the cases are among vaccinated children.
The researchers had to go back more than ten years to find sufficient cases for the Colorado study and include a measles epidemic. If the researchers wanted to discuss current risks accurately, they should have focused on immigrants and ineffective vaccinations rather than on children whom they disdainfully call “exemptors.”

It appears that the “experts” and the “authorities” won’t be happy until there is 100 percent compliance with vaccine mandates. The real purpose of the report in JAMA seems to be to shame or scare the 1 to 2 percent of parents into not using a philosophical exemption and to induce states to repeal this exemption.

The same issue of JAMA includes an editorial commenting on the study. It, too, is based on the premise that vaccine mandates are good, and it deplores criticisms of vaccines by parents, implying that their objections must be based on ignorance or misinformation.

But buried in the JAMA editorial are some startling comments and revelations.

Vaccine mandates go into effect in America in a procedure that evades accountability.

The Food and Drug Administration (FDA) first licenses the vaccine as safe; then the CDC’s Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP) recommends that the vaccine be given to all children; then state legislatures specify which vaccines and how many doses are required (or authorize a state health agency to do this).

JAMA absolves ACIP, CDC and FDA from any accountability for the mandating of vaccines. The editorial says, “It is not the responsibility of these advisory bodies to determine which vaccines are mandated; that decision resides with the state.”

In other words, state legislators take note. You should not mandate a vaccine just because FDA licenses it or ACIP recommends it; you are responsible to make your own decisions and you cannot pass the buck to FDA, ACIP or CDC.
So why do ACIP and FDA so gratuitously recommend so many vaccines for all children?

JAMA’s editorial reveals the answer:
These recommendations are monetary decisions masquerading as medical decisions.

Here are JAMA’s words: “Since federal funding for vaccines is determined by the ACIP through the Vaccines for Children (VFC) program, whenever possible the ACIP should endorse funding for vaccines that physicians and parents wish to administer.”

In other words, the real purpose of ACIP and FDA recommendations is to release federal funds to buy the vaccines from the manufacturers.
Rep. Dan Burton’s (R-IN) investigation last year revealed many conflicts of interest among those who sit on federal panels where they can vote the recommendations that trigger the federal funds.

Many panelists receive financial benefits from the vaccine manufacturers.

JAMA issues a stern caveat to the states: “All vaccines that are licensed and recommended for use in children should not necessarily be legally mandated for day care or school entry. Each state needs to assess each vaccine individually.”

JAMA’s warning continues: “States should determine whether the disease to be prevented by the vaccines is highly contagious, results in significant morbidity and mortality, and poses a major health problem to both the individual and the community.” It’s obvious that these are not the criteria used by the ACIP and FDA in their pronouncements about vaccines.

Many states are now amending their compulsory vaccination laws to add hepatitis B and chicken pox. An independent assessment of these vaccines by a state is unlikely to conclude that they meet the criteria set forth by JAMA.
Rep. Dan Burton should have more hearings to expose the government’s vaccine licensing/recommendation/mandate process. Meanwhile, since the government’s decision-making procedure is not only defective but suspect, we need a philosophical exemption in every state so that decisions can be made by parents whose motive is the health of their children, not promoting government purchases of vaccines.
Independent judgments by states and consumers might have helped to avoid past blunders like the rotavirus vaccine embarrassment last year that caused injuries and death to so many babies. At a minimum, a philosophical exemption in every state would create a market demand for improvement of vaccines.

Eagle Forum Jan. 24, 2001 and JAMA December 27, 2000

DR. MERCOLA’S COMMENT:
Hats off to Phyllis Schlafly for tearing apart the JAMA articles that appeared to justify the need for these vaccines.

Of course, as in most areas of the traditional paradigm, once you break it down, you find that MONEY is the primary motivating influence.

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In addition to the viral and bacterial RNA or DNA that is part of the vaccines, here are the fillers:

aluminum hydroxide
aluminum phosphate
ammonium sulfate
amphotericin B
animal tissues: pig blood, horse blood, rabbit brain,
dog kidney, monkey kidney,
chick embryo, chicken egg, duck egg
calf (bovine) serum
betapropiolactone
fetal bovine serum
formaldehyde
formalin
gelatin
glycerol
human diploid cells (originating from human aborted fetal tissue)
hydrolized gelatin
monosodium glutamate (MSG)
neomycin
neomycin sulfate
phenol red indicator
phenoxyethanol (antifreeze)
potassium diphosphate
potassium monophosphate
polymyxin B
polysorbate 20
polysorbate 80
porcine (pig) pancreatic hydrolysate of casein
residual MRC5 proteins
sorbitol
sucrose
thimerosal (mercury)
tri(n)butylphosphate,
VERO cells, a continuous line of monkey kidney cells
washed sheep red blood cells

DR. MERCOLA’S COMMENT:
And you thought you were just getting a viral vaccine. In many cases the vaccine additives are far more toxic than the viral component. This is particularly true for thimerosal which is mercury.

Many will say that thimerosol is not in the vaccines any more. Well last summer Congress “strongly recommended” that the Pharmaceutical Company take the thimerosol out of vaccines….it was not mandated; simply recommended. The drug companies were not told to take the existing lots off the market. The recommendations only applies to new product line manufacture. An unknown amount of vaccine was/is still on the shelves.

Now the twist:
Yes, the new vaccines are supposed to be thimerasol-free, but I’m not sure that they are. In addition, it is unknown when you get a vaccination if you are getting a “new lot” or an “old lot.” It is unknown exactly when the new
thimerasol-free vaccines went into effect and were available in the market.

In addition, if you were vaccinated with an old lot, or vaccinated previous to last summer, you got a dose of the mercury.

NOW the ‘big marketing push” for vaccines, in 6 color glossy is “this vaccine is THIMEROSAL-FREE!!!!”….as if they had no idea before last summer that mercury was a problem. And, in response to “YOUR CONCERNS (even tho unfounded), oh faithful followers, we are making a new, and safe vaccine.”

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