El buen samaritano

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Haz contestado bien; si haces eso, vivirás”. El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?”

Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más te lo pagaré a mi regreso’.

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?” El doctor de la ley le respondió: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo.

Palabra del Señor. …Gloria a ti, Señor Jesús.
La Caridad es una virtud, o sea, una costumbre o un hábito de característica espiritual, que es infundida por Dios en nuestra alma. Y, por medio de esta virtud, podemos amar a Dios sobre todas las cosas -por lo que Dios es- y también podemos amar a nuestros semejantes, porque Dios ha infundido su Amor en nuestros corazones (cf. Rom.5,5), para que seamos capaces de amar con el Amor con que El nos ama.

Esto significa que nosotros no podemos amar por nosotros mismos, sino que Dios nos ama y con ese Amor con que Dios nos ama, podemos nosotros amar: amarle a El y amar también a los demás. Si Dios no nos amara, los seres humanos seríamos incapaces de amar.
Esto significa también que ambos Mandamientos -el Amor a Dios y el amor al prójimo- están unidos. Uno es consecuencia del otro. No podemos amar a nuestros semejantes sin amar a Dios. Y no podemos decir que amamos a Dios si no amamos a nuestros semejantes.
Y esta obligación de amar a los demás está basada en que todos los seres humanos, sin excepción, somos “imagen de Dios”. He ahí nuestra dignidad: la imagen de Dios está impresa en nuestra alma. Allí se basa la Ley del Amor: en el reconocimiento del valor que tiene cada ser humano, en quienes reconocemos y estimamos la imagen de Dios.
Por eso la Caridad no puede depender del deseo, del afecto o de los lazos de sangre. La Caridad Cristiana está por encima de todo eso. Puede incluir esos lazos de afecto o de sangre, pero no depende de éstos.

Jesucristo mismo nos recuerda eso: “ ¿Si amas a los que te aman ¿qué mérito tienes? Hasta los malos aman a los que los aman” (Lc. 6, 32-34).

Por eso la Caridad es independiente del sentimiento. La Caridad es más bien una disposición de la voluntad. Es un deseo de hacer el bien porque Dios nos ama y desea que nosotros amemos como El nos ama. Por eso la Caridad no es egoísta; es decir, no busca la propia satisfacción, sino el servir al otro y complacer a Dios. Además la Caridad incluye a todos: buenos y malos, amigos y enemigos, familiares y extraños, ricos y pobres, cercanos y lejanos, como bien nos lo explica Jesucristo en la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc. 10, 25-37).

Caridad es estar atentos a las necesidades de los demás, necesidades que pueden ser espirituales o corporales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás, rogar a Dios por vivos y difuntos, dar de comer al hambriento, dar techo al que no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y presos, enterrar a los muertos, redimir al cautivo, dar limosna a los pobres.

Caridad significa también hacer éstas y otras obras de caridad por amor a Dios, no por quedar bien o por sentirnos bien nosotros mismos. Hacerlas porque la imagen de Dios está en quien necesita nuestro servicio.

La Madre Teresa de Calcuta decía tener la gracia de ver el rostro de Cristo en los miserables que ella atendía. Es una gracia que podríamos pedir: ver la imagen de Dios, ver el rostro de Cristo en el prójimo necesitado. Así se podrá cumplir en nosotros la promesa del Señor para el momento del Juicio Final, cuando dirá a los salvados: “Vengan benditos de mi Padre a tomar posesión del Reino que les he preparado desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber … estuve enfermo y me visitaste … etc.” Y los salvados dirán: “Señor ¿cuándo te vimos hambriento y sediento y enfermo, etc? Y el responderá: Cada vez que lo hicieron con alguno de éstos mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt. 25, 34-40).

(fuente: www.homilia.org)

 

Cuando la palabra hiere

Comparto una experiencia gratificante que tuve al escuchar la conferencia del Dr. Ricardo Castañón Gómez. El Doctor Castañón era ateo y seguidor de Sartre, y, en 1992 se convirtió al catolicismo a través de sus estudios científicos, en Bolivia. Acostumbra reflexionar sobre el poder la palabra en la familia y en la sociedad. En su libro Hábitos y actitudes, cuando la palabra hiere, afirma que la palabra afecta al cerebro, tiene un efecto físico, de allí la importancia de que la palabra sea constructiva. Cuando la experiencia ha sido grata se produce dopamina, y hay cambios neuroquímicos. Cuando hay descontento y pelea hay una reacción de adrenalina. Por eso, cuando la gente es peleonera lo mejor es hablar en corto.

Hay que educar en el momento en que la persona produce reacciones bioquímicas positivas. Lo que se asimila deja huella. Si un padre de familia les dice a sus hijos que lo que importa es el dinero, eso les deja huella. Hay que darles información siempre valiosa. El hombre ha nacido para ser feliz, para cultivar su inteligencia y su voluntad; pero hay quienes afirman que “el hombre es un mamífero para el placer y la comodidad” porque olvidan su dimensión espiritual. El espíritu es la parte divina que el ser humano posee.
Actualmente, todo tiene que ser “hoy, ahora”. La gente vive el instantaneísmo. Hay un predominio de la imagen y de la seducción: vale más lo que aparece que lo que se es. Destaca el valor a utilidad: lo que vale es lo útil, lo funcional. Hoy, se busca la calidad material en vez de la espiritual. Se piensa que una vida sin calidad no vale la pena. La calidad se mide por criterios utilitarios y hedonistas. No hay cabida para entender el sentido del dolor y del sufrimiento.

El doctor nos ayuda a reflexionar sobre las distorsiones que hemos recibido y que dejan huella, por eso hay que hablar de estos temas para que las personas busquen nuevas huellas. Cuando hemos herido, dejamos huella. Un principio maravilloso es perdonar.
El centro de la riqueza intelectual del ser humano está en el lóbulo frontal; éste interviene al decidir. Tenemos diez mil millones de neuronas. Hay que ser gente inteligente, prefrontal. Necesitamos cerebros inteligentes, que aman con un cerebro bioaxiopráxico volicional.
El libro del doctor Castañón contiene el resultado de más de 17 años de investigación sobre el tema y de un recorrido a través de los cinco continentes en los últimos seis años.

“Cuando la palabra hiere”; ofrece datos originales, respaldados por tecnología moderna de neuroimagen, sobre aquellos mecanismos que a través de la palabra, conforman huellas y programas neuropsicológicos, que luego se reconocen a través de la observación de los hábitos y actitudes del hombre. En este novedoso itinerario nos revela por qué, con mucha razón, se afirma que “el hombre es aquello que dice…”

El autor explica con acierto los distintos mecanismos que se registran cuando el hombre habla y escucha. Se puede así comprender por qué muchos hablan de una manera y por qué otros hacen del noble recurso verbal, un instrumento tan doloroso como un bisturí mal maniobrado. Presenta perfiles realizados por primera vez, sobre las características de aquellas personas que edifican o destruyen por medio de la palabra. Por eso propone al lector la “eufonía”, o sea, un modo positivo y constructivo del uso de la palabra, particularmente en un periodo de tanta confusión e incomprensión psicosocial como el de hoy.
Y precisamente, por las consecuencias de la palabra que hiere, invita a reconsiderar la importancia del “silencio” como “medio oportuno y necesario” de comunicación. Y no puede evitarse una profunda reflexión al detenernos en un pensamiento: “si aquello que vas a decir, no es más importante que el silencio…, calla”. Nos recuerda lo que escribió Tomás de Kempis: Pon los ojos en ti mismo y guárdate de juzgar las obras ajenas. En juzgar a otros se ocupa uno en vano, yerra muchas veces y peca fácilmente; mas juzgando y examinándose a sí mismo se emplea siempre con fruto (Cap. XIV).

El doctor Castañón dice: “Si vas a hablar de una persona, habla bien”. Hay que cuidar el prestigio de los demás por principio, por ética. San Agustín dice que la perfección consiste en luchar cada día contra la imperfección.
Su perspectiva es “Biopsicológica integral”, en cuanto, contrariamente a la opinión de un razonamiento exclusivamente materialista, propone la importancia de redescubrir los valores interiores y espirituales.
Un observador internacional, luego de la presentación del libro, comentó: “Después de leer este libro, nadie podrá hablar igual que antes…”.
El Doctor Ricardo Castañón ha hecho estudios en Italia, Alemania, Estados Unidos y Francia. Es presidente del Grupo internacional para la Paz, y viaja constantemente para proseguir sus investigaciones científicas.

Comparto una experiencia gratificante que tuve al escuchar la conferencia del Dr. Ricardo Castañón Gómez. El Doctor Castañón era ateo y seguidor de Sartre, y, en 1992 se convirtió al catolicismo a través de sus estudios científicos, en Bolivia. Acostumbra reflexionar sobre el poder la palabra en la familia y en la sociedad. En su libro Hábitos y actitudes, cuando la palabra hiere, afirma que la palabra afecta al cerebro, tiene un efecto físico, de allí la importancia de que la palabra sea constructiva. Cuando la experiencia ha sido grata se produce dopamina, y hay cambios neuroquímicos. Cuando hay descontento y pelea hay una reacción de adrenalina. Por eso, cuando la gente es peleonera lo mejor es hablar en corto.

Hay que educar en el momento en que la persona produce reacciones bioquímicas positivas. Lo que se asimila deja huella. Si un padre de familia les dice a sus hijos que lo que importa es el dinero, eso les deja huella. Hay que darles información siempre valiosa. El hombre ha nacido para ser feliz, para cultivar su inteligencia y su voluntad; pero hay quienes afirman que “el hombre es un mamífero para el placer y la comodidad” porque olvidan su dimensión espiritual. El espíritu es la parte divina que el ser humano posee.

Actualmente, todo tiene que ser “hoy, ahora”. La gente vive el instantaneísmo. Hay un predominio de la imagen y de la seducción: vale más lo que aparece que lo que se es. Destaca el valor a utilidad: lo que vale es lo útil, lo funcional. Hoy, se busca la calidad material en vez de la espiritual. Se piensa que una vida sin calidad no vale la pena. La calidad se mide por criterios utilitarios y hedonistas. No hay cabida para entender el sentido del dolor y del sufrimiento.

El doctor nos ayuda a reflexionar sobre las distorsiones que hemos recibido y que dejan huella, por eso hay que hablar de estos temas para que las personas busquen nuevas huellas. Cuando hemos herido, dejamos huella. Un principio maravilloso es perdonar.

El centro de la riqueza intelectual del ser humano está en el lóbulo frontal; éste interviene al decidir. Tenemos diez mil millones de neuronas. Hay que ser gente inteligente, prefrontal. Necesitamos cerebros inteligentes, que aman con un cerebro bioaxiopráxico volicional.

El libro del doctor Castañón contiene el resultado de más de 17 años de investigación sobre el tema y de un recorrido a través de los cinco continentes en los últimos seis años.

“Cuando la palabra hiere”; ofrece datos originales, respaldados por tecnología moderna de neuroimagen, sobre aquellos mecanismos que a través de la palabra, conforman huellas y programas neuropsicológicos, que luego se reconocen a través de la observación de los hábitos y actitudes del hombre. En este novedoso itinerario nos revela por qué, con mucha razón, se afirma que “el hombre es aquello que dice…”

El autor explica con acierto los distintos mecanismos que se registran cuando el hombre habla y escucha. Se puede así comprender por qué muchos hablan de una manera y por qué otros hacen del noble recurso verbal, un instrumento tan doloroso como un bisturí mal maniobrado. Presenta perfiles realizados por primera vez, sobre las características de aquellas personas que edifican o destruyen por medio de la palabra. Por eso propone al lector la “eufonía”, o sea, un modo positivo y constructivo del uso de la palabra, particularmente en un periodo de tanta confusión e incomprensión psicosocial como el de hoy.

Y precisamente, por las consecuencias de la palabra que hiere, invita a reconsiderar la importancia del “silencio” como “medio oportuno y necesario” de comunicación. Y no puede evitarse una profunda reflexión al detenernos en un pensamiento: “si aquello que vas a decir, no es más importante que el silencio…, calla”. Nos recuerda lo que escribió Tomás de Kempis: Pon los ojos en ti mismo y guárdate de juzgar las obras ajenas. En juzgar a otros se ocupa uno en vano, yerra muchas veces y peca fácilmente; mas juzgando y examinándose a sí mismo se emplea siempre con fruto (Cap. XIV).

El doctor Castañón dice: “Si vas a hablar de una persona, habla bien”. Hay que cuidar el prestigio de los demás por principio, por ética. San Agustín dice que la perfección consiste en luchar cada día contra la imperfección.

Su perspectiva es “Biopsicológica integral”, en cuanto, contrariamente a la opinión de un razonamiento exclusivamente materialista, propone la importancia de redescubrir los valores interiores y espirituales.

Un observador internacional, luego de la presentación del libro, comentó: “Después de leer este libro, nadie podrá hablar igual que antes…”.

El Doctor Ricardo Castañón ha hecho estudios en Italia, Alemania, Estados Unidos y Francia. Es presidente del Grupo internacional para la Paz, y viaja constantemente para proseguir sus investigaciones científicas.

CUANDO LA PALABRA HIERE – REFLEXIONES

Un buen día una mujer de 24 años se acercó a un psicólogo en busca de consejo y ayuda. Muy acongojoda relató su experiencia de esta forma:

“Yo tenía 16 años cuando fuí a una fiesta bailable. Mi padre me había ordenado que regresara no más tarde de la media noche. Pero como ocurre en tales circunstancias, con el entusiasmo de la reunión no me dí cuenta que había traspasado mi horario en media hora. Abandoné la reunión apresuradamente y al llegar a casa encontré la autoritaria figura de mi padre que empezó a vociferar:’¿Crees tú, que por permanecer hasta más tarde en una fiesta, vas encontrar alguien que se interese por ti?¡Con el aspecto que tienes, ni siquiera un borracho será capaz de enamorarse de ti!’

Fue muy duro lo que me dijo, mi entusiasmo se apagó. Esa noche apenas dormí, al otro día no podía levantarme, estaba totalmente desanimada, no tenía ganas de ir al colegio. Mi padre me obligó a levantarme aprovechando la ocasión para recordarme mis deberes de estudiante. Mi madre escuchaba con miedo, estaba muy sometida a mi padre y su voz no era considerada para nada. Salí de casa pero no volví más al colegio; cuando mi padre se enteró de ello semana mas tarde, no insistió y me puso a trabajar de cajera de un negocio. Tiempo más tarde conocí a un señor mucho mayor que yo, era amable conmigo, y yo me apegué a él. Me dijo que me quería. Fuí donde mi padre y le dije;’Papá, me voy de la casa…he encontrado un hombre que se ha enamorado de mí, tiene 58 años y es alcohólico, tú has dicho que ni un borracho se enamoraría de mí…estabas equivocado’…”

Para cuando fue atendida por el psicólogo, ya había transcurrido 8 años. Esa relación no duró más de un año, pero el tiempo fue suficiente para convertirla en alcohólica. Cambió muchas parejas, siempre del ámbito de los toxicodependientes hasta que decidió iniciar un programa de rehabilitación para alcohólicos.

Esta experiencia marca definitivamente que cómo las “palabras” pueden influir en la vida de una persona, incluso puede ser determinante las decisiones en la vida. Algunas palabras pueden tener un impacto negativo y con consecuencias tristes.

cuántas veces hemos sido testigo cómo algunas personas lanzan ametralladoras de palabras sin son ni ton y cargadas de negativismo que afectan la dignidad, el autoestima de la persona. Esas palabras pueden de alguna manera causar grandes emociones tristes en la persona. No es raro encontrarnos con personas muy lastimadas en la vida no por enfermedad sino que emocionalmente se hallan muy enfermas porque alguien uso de mala manera la palabra y les dejó marcada la vida.

Una palabra mal dirigida puede convetirse en un BISTURÍ que puede crear sendas heridas y profundas huellas emocionales, marcando la vida de las personas.

Haz que tus palabras sean positivas, que lleve vida y cura, así darás vida a otros en tiempo de enfermedad y sequía.

UNA PALABRA AL TIEMPO APROPIADO ES VIDA PARA EL ALMA.

 

EL SECRETO DE LA FELICIDAD.

Hace muchisimos años, vivía en la India un sabio, de quien se decía que

guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacia ser un

triunfador en todos los aspectos de su vida y que, por eso, se

consideraba el hombre más feliz del mundo. Muchos reyes, envidiosos, le ofrecían poder y dinero, y hasta intentaron robarlo para obtener el

cofre, pero todo era en vano. Mientras más lo intentaban, más infelices

eran, pues la envidia no los dejaba vivir. Así pasaban los años y el

sabio era cada día más feliz. Un día llego ante el un niño y le dijo:

“Señor, al igual que tú, también quiero ser inmensamente feliz. “Por que no me enseñas que debo hacer para conseguirlo”? El sabio, al ver la

sencillez y la pureza del niño, le dijo: “A ti te enseñare el secreto

para ser feliz. Ven conmigo y presta mucha atención. En realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y estos son mi mente y mi corazón, y el gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida”.

El primer paso, es saber que existe la presencia de Dios en todas las

cosas de la vida, y por lo tanto, debes amarlo y darle gracias por

todas las cosas que tienes.

El segundo paso, es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al

levantarte y al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo,

soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay

obstáculo que no pueda vencer: Este paso se llama autoestima alta.

El tercer paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que

eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa

inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si

piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño; si piensas que no hay

obstáculos que no puedas vencer, entonces propónte metas en tu vida y

lucha por ellas hasta lograrlas. Este paso se llama motivación.

El cuarto paso, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por

lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tú las tuyas.

El quinto paso, es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia

nadie; ese sentimiento no te dejara ser feliz; deja que las leyes de

Dios hagan justicia, y te perdona y olvida.

El sexto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen,

recuerda que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te

quitaran algo de más valor.

El séptimo paso, es que no debes maltratar a nadie; todos los seres del

mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera.

Y por último, levántate siempre con una sonrisa en los labios, observa

a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito;

piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; ayuda a

los demás, sin pensar que vas a recibir nada a cambio; mira a las

personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el

secreto para ser triunfador y que de esta manera, puedan ser felices”…

Aplica estos pasos y veras que fácil es Ser Feliz…

ANONIMO.