Son muchos los que habitan la tierra que no están contentos con ellos mismos, no están contentos con su vida y menos estarán mañana con su muerte.

Quisieran ser de otra manera, parecerse a otro con más fortuna. Tienen hábitos, actitudes, costumbres, vicios, defectos en su vida que quisieran hacer desaparecer. Lo han intentado muchas veces, y es bueno porque quisieran ser mejores. Pero se olvidan que son MI MILAGRO, MI CRIATURA, MI CREACION MAS GRANDE, seres únicos e irrepetibles, los reyes de la creación.

TU eres uno de ellos, y espero te entusiasmes con la vida, con lo que has vivido y más aún con lo que te está reservado vivir. Pero por favor sin tantas quejas, no te olvides que eres UNICO, pero no EL UNICO. En lugar de reprocharme porque no te ayudé con esto o con aquello o porque no se te dio tal cosa o tal otra, en vez de canjearme oraciones por casas, buscá mejor descubrir tus dones, tus talentos, y tené en cuenta que no siempre sos la idea e imagen que tienes dentro, de ti mismo. eres distinto, mucho más de lo que creés…

Sí, y mucho mejor que esas tontas ideas que por ahí te surgen de necio orgullo, de ser más lindo, más fuerte, más inteligente y en realidad sólo puedes ser MAS PERSONA.

Mirate bien adentro, con los ojos del corazón, ahí está lo mejor de ti.

Reconocete, aceptate, animate. Si hay algo que no está bien o huele mal en tu conciencia, desde este momento puedes cambiar tu vida para bien, sólo hasta tu autenticidad. Y no te esfuerces; si te lo propones no es imposible. Y aprendé a CONFIAR EN TI MISMO y no sólo en MI. Pero no me olvides: llamame, buscame, encuentrame. No te lamentes, no te atormentes, no te deprimas, no temas comenzar de nuevo cada vez que las cosas no salgan como habías pensado.

NADIE es igual a ti. No temas. Eres MI CREACION. Busca y acepta el CAMINO de tu felicidad, enfrentalo, no es sencillo, no es camino de placer ni de gozo…

Pese a los escollos sigue adelante. Aceptalo, eso depende de ti, simplemente porque eres libre. En ti está el poder de no esclavizarte de las cosas, sí de servirte de ellas… Las cosas no hacen LA FELICIDAD.

Aprovechá tu capacidad, no la destruyas. Descubre y valorá tus poderes:

· PUEDES PENSAR

· PUEDES IMAGINAR

· PUEDES REIR

· PUEDES AMAR

· PUEDES CREAR

· PUEDES HABLAR

· PUEDES DETERMINAR

· PUEDES PLANEAR

También te di el poder de REZAR…, para comunicarnos, para entendernos mejor… Pero por sobre todo te di el poder de ELECCION, y SIEMPRE DEPENDE DE TI. ¡Usalo con sabiduría!

Yo sólo te sugiero:

· Elige AMAR en lugar de odiar.

· Elige CREAR en lugar de renunciar.

· Elige REIR en lugar de llorar.

· Elige DAR en lugar de robar.

· Elige CRECER en lugar de consumirte.

· Elige VIVIR EN LUGAR DE MORIR.

Te quiero feliz, pero no volando en las nubes, te necesito por el mundo, por los CAMINOS que transitar, para que otros vean en vos que… ¡¡¡EL AMOR ES POSIBLE!!!

Yo siempre contigo… DIOS.

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Querido amigo o amiga:

Soy Jesús de Nazaret. Estoy siempre contigo, lo mismo que el sol: Aun en una noche oscura está contigo, porque si no estuviera, tu hogar estaría más helado que el Polo Norte.

Como amigo, deseo ayudarte. Dime algo acerca de ese problema que te preocupa… si, Yo ya lo se, pero si me lo cuentas quiere decir que tienes fe en Mi, y la fe es la mejor base para que pueda ayudarte… además, contándolo muestras que tu también eres mi amigo. Los amigos siempre hablan de sus cosas.

Cuéntame con detalles ese problema en el hogar, en el trabajo, con tus amigos, con tus enemigos… tómate unos minutos, acompáñame…

Yo se que no me ves, como tampoco ves las ondas de la radio y televisión, pero ahí están. Basta que pongas un aparato de radio o televisión, y oirás y verás sus mensajes… pues el mejor aparato para conectar conmigo, con tu amigo Jesús, es la Oración.

Quiero ayudarte y gozarme contigo, ¡de verdad que quiero!… dime acerca de ese dolor, o de ese gozo… de esa enfermedad, del fracaso, del desaire que te han hecho, del problema que tienes de dinero, de soledad, de dudas… cuéntame tus sueños, ilusiones, desencantos… tómate unos minuticos…

… Y al final, quizás todavía no me vas a ver ni oir… pero, ¡alerta!, después de orar, ¡vas a ver los efectos!, como en la radio o televisión… Dios no suele amar de palabra, sino de obra: Dándote cosas, tus ojos, tu corazón, el aire, el sol, tus familiares, amigos… cuidando tanto de ti, que hasta los cabellos de tu cabeza están bien contados (Mat.10:30).

… Así es que, al final de tu oración, no te olvides de dar gracias a Dios, ¡y estate bien atento!, porque tus peticiones van a tener sus efectos…

Yo, Jesús, siempre contesto con un gran SI en las tormentas de tu vida. Y lo hago de una de estas dos formas: O calmo la tormenta, el dolor físico o del corazón, o te calmo a ti, de modo que vas a pasar la tormenta con paz y hasta con gozo y amor… quizás hasta puede ser que tus tormentos te ayuden a ir al Cielo…

Pídeme también algo para tus familiares y amigos… cuando haces eso, no solo crees en Mi, sino también en Mi Iglesia, ¡y eso me hace muy feliz!… y ahí me hago presente como el sol en un día de primavera (Mt.18:19-20)

Yo deseo ayudarlos, ¡de verdad que lo deseo!… pero ellos te necesitan a ti… me necesitan a Mi, a Jesús, pero también a ti, a tus oraciones por ellos…

… Así es que cuéntame las ilusiones o problemas de tu esposa o esposo, de tus hijos o padres, de tus amigos, de tus compañeros de trabajo, de tu ciudad, de la nación, del mundo… ¡cuéntamelo todo!…

… ¡Y recuerda!… no te olvides al final de dar muchas gracias a Dios, porque la Oración es maravillosa, es el hilo fino que mueve la mano de Dios… y después de tu Oración, muchas cosas van a cambiar, ¡pon atención a los resultados!.

Una palabra más: Cuando puedas, vete a visitarme y recibirme en la Eucaristía, en el Sagrario, en el Templo… ahí estoy presente de forma muy especial, como el sol a mediodía en un verano caluroso… ahí estoy con Mi Cuerpo, Mi Sangre, Mi Alma y Mi Divinidad… ¡como cuando estaba en Belén o Nazaret o Jerusalén!…

De verdad que estoy locamente enamorado de ti, es la locura de Dios de San Pablo (1Cor.1:25)… déjate querer… te espero a diario hecho nada más que pan y vino… quiero ser tu pan de cada día, llenarte de amor, de gozo, de paz, ¡aquí en la Tierra!… llenarte de vida… y, sobre todo, llevarte al Cielo eterno con los Santos y Mi Madre bendita (Jn.6:53-54, Mt. 6:11, 1Tim.2:4).

Tu amigo,

Jesús de Nazaret

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Era tarde, Fernando y Mónica platicaban dentro del coche, inquieto y preocupado tomó la palabra: “Sabes, mi amor, conviene que antes de formar nuestro matrimonio platiquemos sobre nuestro pasado para que no sea motivo de pleitos y reclamos en un futuro. Te pido que seas sincera, tú sabes que te amo y nada me va hacer cambiar de opinión, Yo por mi cuenta seré franco”. Ella no dudó y con mucha confianza accedió a la petición de su prometido. Hizo una profunda pausa y comenzó a hablar; “Primero quiero decirte que no soy virgen. Antes de conocerte tuve algunas experiencias sexuales con algunas personas, “ella guardó silencio”. Él escondió la cabeza en su decepción y dolor. ¡”Créeme que lo hacía porque necesitaba sentirme amada; Sentir que a alguien le importaba”! ¡No tengo mas pasado que éste y me da vergüenza! ¡Pero ahora que te tengo a ti me siento amada, segura, protegida, apreciada! Tú me has devuelto el valor y el sentido de las cosas. ¡Te amo tanto que no estoy dispuesta a renunciar a tu amor, a tus detalles, a tu paciencia!…Conforme continuaba hablando, el pensamiento de Fernando se perdía imaginando a su amada en brazos de otros. Su corazón comenzó a hacerse más humano: a transformar su sentimientos en algo que no lo iba de dejar descansar jamas. ¡Cállate! Interrumpió Fernando: “no quiero escuchar más”.

El despido fue frío. Su amor hacia ella comenzaba a transformarse. De regreso a casa la cabeza del joven era toda una confusión. El recuerdo de las palabras le martillaban el corazón. Lo atormentaban, le causaban un dolor que con el tiempo se llegaría a convertir en un odio profundo contra Mónica

Meses después, la vida de Fernando se hundió; la paz de su corazón se disipó: ya nada tenía sentido; la decepción había matado toda esperanza. El amor se había convertido en enemigo del corazón.

Para no volver a sufrir, su corazón amargado y endurecido se prometió no volver a amar. Por más que Fernando luchaba, por perdonar, su corazón permanecía frío, mudo, inaccesible. Por mas que expone su corazón, como una planta friolenta, a las caricias del sol; aunque lo riega con la suave ternura de la lluvia y lo alimenta con una presencia cálida, todo es imposible.

Como a un niño inquieto y corajudo, lo abraza, lo convierte, le cuenta historias de amores que han revivido a la felicidad, pero todo es inútil, su silencio es la respuesta.

Fernando ha luchado contra el odio. A veces siente que su corazón le cree, se abre tímido y temeroso, y asustado vacila entre el deseo de amar de nuevo y la necesidad de proteger su orgullo herido. Después se permite llorar. Aborda su decepción y humillación. El recuerdo es un aguijón que ataca y desaparece. Su corazón ha renunciado a perdonar.

¿Es posible el perdón en nuestro ambiente secularizado? Sí, basta acercarse a algunos hombres que lo han logrado.

El perdón es una necesidad en nuestro tiempo. La imperiosa necesidad que tenemos de él surge del hecho de que nadie está libre de heridas, como consecuencia de frustraciones, decepciones, penas de amor, traiciones… Las dificultadas de vivir en sociedad se encuentran por doquier. Conflictos en las parejas, entre familia, personas divorciadas, patrones y empleados, etc., y todos tienen algún día necesidad de perdonar para establecer la paz y seguridad viviendo juntos.

Para descubrir la plena importancia del perdón en las relaciones humanas, intentemos imaginar cómo sería un mundo sin él.Estaríamos condenados a perpetuar en nosotros mismos y en los demás el daño sufrido.

Cuando lesionan nuestra integridad física, moral o espiritual, algo sustancial que ocurre en nosotros. Una parte de nuestro ser se ve afectada, lastimada, incluso mancillada, como si la maldad del agresor hubiera alcanzado nuestro yo íntimo. Nos sentimos inclinados a imitar a nuestro agresor como si un virus contagioso nos hubiese infectado.

Quién ha sido maltratado determinará no dejarse maltratar más. Estará a la defensiva y todos serán de su desconfianza.

A vivir con el sentimiento.

Vivir irritado, incluso inconscientemente, exige mucha energía y mantiene en una tensión constante. El resentimiento y la hostilidad se instalan de manera estable como actitud defensiva siempre alerta contra cualquier ataque real o imaginario. El odio es una ocupación de tiempo completo.

A permanecer aferrados al pasado.

La persona que no quiere o no puede perdonar, como en el caso de Fernando, difícilmente logra vivir el momento presente. Aferrarse al pasado es la condena a malograr su presente, además de bloquear su futuro.

Ante la incapacidad de perdonar, la vida se paraliza. El recuerdo del pasado vuelve a su antiguo sufrimiento. El momento presente pasa inútilmente, sin felicidad; la posible alegría de las relaciones personales se desvanece. El futuro se cierra y es amenazador.

A desear la venganza.

Una vida sin perdón no ofrece nada gratificaste. La venganza ¿es la solución?.

Se trata, sin duda de la respuesta a la agresión recibida; sin embargo, intentar compensar el propio sufrimiento compartiéndoselo al agresor, a nadie ha hecho feliz. La obsesión revanchismo no contribuye a nada a sanar las heridas del ofendido, por el contrario, la agrava.

Por otra parte, el no vengarse es el primer paso importante y decisivo para emprender el camino del perdón, es el punto de partida de cualquier perdón verdadero.

¿Qué es el odio?

Es en principio una aversión; por lo tanto, es posible odiar cosas y personas. El odio es una cólera disfrazada que supura una herida mal curada; es un resentimiento; es un sinónimo de destruir, de no perdonar; es una pasión que consume a quien lo profesa.

Odiar es lo más sencillo, donde no se necesita maestro; es una ocupación de tiempo completo.

Esta aversión es generada comúnmente por el dolor, la impotencia, el rencor resultante de la violencia, injusticia, la ofensa, la agresión, la mentira, etc.

Toda ofensa provoca confusión y pánico. La apacible armonía de la persona herida se ve trastornada; su tranquilidad perturbada; su integridad interior amenazada. Sus deficiencias personales, hasta entonces escondidas, afloran de reprende; sus ideales, por no decir sus ilusiones de tolerancia y de generosidad se ponen a prueba. La sombra de su personalidad emerge; las emociones, que se creían bien controladas, enloquecen y se desencadenan. Ante esta confusión, la persona se siente impotente y humillada. Su mente es gobernada por el rencor, un verdugo ha entrado en su organismo; su fecilidad se aleja, las relaciones, afectuosas comienzan a agriarse, lo que se amó pasa a formar parte del ayer; Se desvirtúa la imagen de Dios; se reduce la escala de valores en las relaciones sociales; Nacen los deseos de destruir y las viejas heridas mal curadas suman sus voces a una sola voz.

Perdonar no es olvidar.

Cuantas veces hemos oído frases como éstas: “No puedo perdonarte, porque no puedo olvidar”, o también “olvidado todo”, esta manera de hablar y de actuar es un callejón sin salida para el corazón maltratado.

Si perdonar significa olvidar, ¿qué ocurriría con las personas dotas de una excelente memoria? El perdón les sería inaccesible. Por lo tanto, el proceso del perdón exige una memoria y una conciencia lúcida de las ofensa; si no, no es posible la cirugía del corazón.

La prueba del perdón no es el olvido; el perdón ayuda a la memoria a sanar; la herida poco a poco va cicatrizando; el recuerdo de la ofensa ya no inflige dolor. Una memoria curada se libera y puede emplearse en actividades distintas del recuerdo deprimente de la ofensa.

Las personas que afirman “Perdono pero no olvido”, han comprendido que el perdón no exige amnesia.

Perdonar no es sólo un acto de la voluntad.

Algunos ven el perdón como una fórmula mágica apta para corregir todas las ofensas. El perdón lo reducen a un simple acto de la voluntad capaz de resolver todos los conflictos de un modo instantáneo. Muchas personas dicen:

“Cuando me lo proponga lo voy a olvidar todo” “cuando yo lo quiera lo voy a perdonar”, “a mí nadie me roba la paz, basta que me lo proponga”, etc. Este tipo de perdón es muy superficial. Lo pronuncian los labios pero no el corazón, sirve para calmar la conciencia, la ansiedad, pero no cura de raíz.

Por supuesto que la voluntad representa un papel importante, pero no realiza el trabajo del perdón por sí solo. Para el perdón se movilizan todas las facultades; la sensibilidad, el corazón, la inteligencia, el juicio, la imaginación, la fe, etc.

Perdonar no puede ser una obligación.

El perdón o es libre o no existe,. Es un acto sublime de generosidad. Hay algunos que sienten la gran tentación de obligar a la gente a perdonar libremente: “hay que perdonar”, “se debe perdonar a los demás”, etc…Pensar así es crear un debate interior entre la voluntad de perdonar contra las reticencias de los sentimientos y las emociones, que también exigen ser escuchados.

Reducir el perdón, como cualquier otra práctica espiritual, a una obligación moral es contraproducente, porque, al hacerlo, el perdón pierde carácter gratuito y espontáneo. Es más eficaz convertir el corazón, hacerlo mas humano, ya que el corazón no miente y es lo más sincero que tenemos.

Las grandes paradojas del perdón .

-Es fácil, pero a menudo inaccesible;

-Disponible, pero con frecuencia olvidado; primero y a veces ultimo para resolver problemas;

-liberador para uno, humillante para el otro;

-esta en todos los labios y, sin embargo, mal comprendido;

-agregado en la razón, pero lejano del corazón;

-vital para los humanos, pero a menudo tímido;

-otorgado al alma y, sin embargo amenazador;

-misterioso y, no obstante, cotidiano;

-tan divino y a la vez tan humano, pero muy doloroso;

-siempre necesario, nunca opcional;

-un sí al amor y un no al odio;

-gloria para algunos, calvario para otros;

-cielo e infierno;

-es poder del humilde y debilidad del soberbio;

-es don de Dios que mendiga los corazones de los hombres.

Como perdonar.

El perdón se integra simultáneamente en dos universos: el humano y el divino; es importante respetar estos dos componentes para articularlos bien, pues, de no hacerlo así, se corre el riesgo de amputar el perdón en uno de sus elementos esenciales. El perdón constituye el único vínculo posible entre los hombres y Dios.

1.El universo divino.

Perdonar significa dar en plenitud; llevar el amor hasta el extremo a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Para dar este paso se requieren fuerzas espirituales que superen las fuerzas humanas. En el perdón todo es cuestión de amor. Así es, quien verdaderamente ama, ni siquiera tiene que perdonar porque el amor verdadero desconoce el resentimiento. No perdonar equivale a crear un universo sin Dios.

No cabe duda que Dios es el autor intelectual y práctico del perdón, el cual ha convertido este gusto en un don gratuito para todo hombre que quiere forjarse un futuro. Renunciar a la voluntad de perdonar es cerrar mente, corazón y cuerpo a la acción de Dios.

El perdón de Dios se hace discreto, humilde, incluso silencioso. No depende de la sensibilidad ni de la emotividad, sino que emerge desde el ser y del corazón animado por el espíritu. Goza de algo único que no tiene nada en común con el sentimiento.

El perdón es Dios mismo; es el Padre misericordioso del hijo pródigo; es el amor en su pura gratuidad; es el papá que allí donde los hijos engendran muerte, hace surgir la vida con el perdón.

Dios es y será la fuente primera y última del perdón autentico, pero el perdón no acontece sin la cooperación humana.

2.El universo humano.

El perdón se sitúa en el tiempo y tiene sus períodos largos y cortos; implica un antes, un durante y un después.

Perdonar requiere una multitud de condiciones; tiempo paciencia consigo mismo, moderación, prudencia y perseverancia en la decisión de llegar hasta el final.

El perdón comienza con la decisión de no vengarse; “si quieres ser feliz un instante: véngate. Si quieres ser feliz toda la vida: perdona”.

El perdón requiere una introspección; una conversión interior, una peregrinación al corazón; una iniciación al amor hacia los enemigos. Perdonar para liberar en uno la fuerza del amor.

El perdón requiere una búsqueda de una visión nueva de las relaciones humanas. El perdón no es el olvido del pasado, sino la posibilidad de un futuro distinto del impuesto por el pasado o por la memoria.

Para perdonar es indispensable seguir creyendo en la dignidad de aquél o aquélla que nos ha herido o traicionado. Las amistades renovadas exigen mas cuidado que las que nunca se han roto.

Perdonar no sólo supone liberarse del peso del dolor, sino también liberar al otro del juicio malintencionado y severo que de él nos hemos formado.

El perdón es liberación. Renueva devuelve la alegría y la libertad a quienes estaban oprimidos pon el peso de la culpabilidad.

Perdonar es un gesto de confianza hacia un ser humano; es un acto de amor hacia el pecador, al que no queremos cerrar definitivamente el futuro.

El perdón es un derecho del corazón herido y de la mente perturbada por el odio.

P. Joel Santos M.msp.

Cuando Pedro le pregunto a N.S. Jesucristo cuantas veces tengo que perdonar le contesto hasta setenta veces siete. (Lo que es lo mismo que siempre)

¡Perdona y serás feliz!.

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